El primer día de mi estancia en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, tras haber visitado por la mañana el Bosque de la Pardina del Señor, decidí acercarme hasta Broto, población a unos 10 minutos de Torla, y ver la Cascada de Sorrosal. Desde el pueblo apenas se tardan 5 minutos en llegar a la cascada. Es más, desde el puente que cruza el río Ara se ve. El caudal que llevaba era brutal. Las lluvias caídas durante la semana hizo que se recuperara. Al llegar hasta sus inmediaciones, sinceramente, acojonaba el enorme estruendo que hacía el agua al caer.
Cascada de SorrosalCascada de SorrosalCascada de SorrosalCascada de Sorrosal
Días después me enteré que el río se desbordó y cortó la pequeña senda que llevaba hasta la cascada, por lo que el ayuntamiento de Broto decidió impedir el acceso hasta ella.
Ese mismo día, por la tarde, me acerqué hasta la pequeña población de Oto, a escasos 10 minutos en coche desde Broto. Me pareció un pueblo muy pequeño y tranquilo. Es más, al día siguiente conocí a una persona que vivía en Oto y le dije que me había encontrado por la calle a dos personas, tres gatos y dos perros.
Vistas desde OtoOtoOtoOtoOtoOtoOtoVistas desde Oto hacia BrotoVistas desde Oto hacia BrotoOtoIglesia de OtoVistas desde OtoOto
A la vuelta hacia Torla, paré el coche en distintos apartaderos para captar el tímido otoño que empezaba a asomarse en el monte.
De camino a TorlaMonte otoñal desde Torla
Por cierto, la última foto está tirada desde la terraza de la habitación del hotel en el que me alojé en Torla: Hotel Edelweiss. Repetí la misma estancia que en 2021 debido a que quedé maravillado con el trato que me dieron.
Y estas fueron mis primeras aventuras en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. En días posteriores vendrían las emociones fuertes con otras cosas que visité y que permanecerán conmigo siempre en el recuerdo.
El pasado 19 de octubre fue el día de mi reencuentro con el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Cuando en noviembre de 2021 me despedí de esta zona lo hice diciéndome a mí mismo que, tarde o temprano, volvería al parque nacional para disfrutar de su otoño. Ya en 2022 estuve a punto de hacerlo, aunque, finalmente, decidí visitar Asturias. En 2023 tenía claro que mis pies volverían a caminar por el Valle de Ordesa, el Valle de Pineta, etc.
El primer día de salidas, el 20 de octubre, estaba programado para realizar la ruta grande, la más espectacular y grandiosa, pero las lluvias caídas durante toda la semana y las que iban a caer ese mismo día provocó un cambio de planes.
Nada más desayunar, cogí el coche y me acerqué hasta mi bosque favorito de todos los que he visitado en España: el Bosque de la Pardina del Señor. Aquí hice las fotos más bonitas y espectaculares dos años atrás y quería ver cómo se encontraba en esos momentos. Nada más llegar a sus inmediaciones supe que esta vez no iba a ser tan bello como en 2021, pues el largo verano que hemos tenido también ha afectado al Pirineo Aragonés y estaba todo aún muy verde. No obstante, a pesar de la lluvia que caía en esos momentos, disfruté del momento.
Bosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del Señor
Este día me pasó la primera anécdota. Quise acercarme hasta el Mirador de Añisclo tomando la carretera que baja desde la población de Fanlo. Sin embargo, llegó un momento donde la carretera se cortaba: un enorme tronco de un árbol estaba cruzado en la mitad impidiendo el paso. Abajo, varias máquinas excavadoras estaban de obras. Pensé «¿y ahora cómo demonios doy la vuelta en esta carretera tan estrecha?» Haciendo varias maniobras conseguí dar la vuelta y al llegar a un cruce, donde había un enorme tráiler aparcado, vi un cartel que indicaba que la carretera estaba cortada por obras. Gracias, señor del tráiler, por tapar el puñetero cartel.
Pasada la anécdota y los agobios del principio, volví de nuevo hacia Torla. Tres días después, el lunes, también caía agua a cántaros y decidí acercarme de nuevo a este bosque para ver la evolución del otoño. Aunque no había avanzado mucho, sí se notaban los árboles más amarillos.
Tres días después
Tomé fotos parecidas a las de 2021 (donde el bosque lucía un impresionante colorido), pero esta vez, como podréis comprobar, estaba todo aún muy verde. Bueno, no pasa nada. Si hiciera las mismas fotos no tendría sentido. Ahora tengo fotos de este bosque empezando a tomar color (2023) y también fotos con el otoño en su punto álgido (2021).
Bosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del Señor
En esta ocasión, Mery y Pepe se llevaron de acompañante a su amigo Chewi, que el pobre solo había visto paredes en sus años de vida.
Mery, Pepe y Chewi en el Bosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del Señor
Y en el año 2023 no solo ha habido cambios respecto al color otoñal. Ha habido otros cambios más significativos. El primer viaje largo de mi nuevo juguete 🙂
Bosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del SeñorBosque de la Pardina del Señor
Y esto es todo lo relativo a este gran bosque. A pesar del desánimo por ver el otoño aún asomándose tímidamente, disfrutar de la lluvia en este bosque es una de las mejores sensaciones que uno puede tener en contacto con la naturaleza. Como ya dije en 2021, animo a todo amante de la naturaleza a visitar el Bosque de la Pardina del Señor en otoño. Simplemente, es espectacular.
Lo que son las cosas. En el verano de 2022 fue el 27 de julio cuando me acerqué por primera vez a la charca para fotografiar a las aves. Y, casualidades de la vida, en este verano (2023) ha coincidido que el pasado jueves (día 27 de julio) me acerqué a la misma charca para seguir disfrutando de la fotografía de aves.
Dicho esto, sobre las 19:00 me metía de lleno en el agua e iba en busca de las garzas y espátulas, que se las veía al fondo de la misma. Por el camino esperaba poder captar a otras pequeñas aves, tal y como he hecho en ocasiones anteriores. Sin embargo, según iba caminando por el agua, mi desánimo y extrañeza se empezaron a apoderar de mí porque no había rastro de nada.
No obstante, mi objetivo seguía en marcha y cada vez estaba más cerca de las garzas y espátulas. La cosa se empezó a poner emocionante con la presencia de un pequeño zorro, que buscaba la sombra de unas rocas.
Zorro en las inmediaciones de la charcaZorro buscando la sombra
No quitaba la vista del hidro hide y, pronto, se levantó ante la desconfianza de lo que se acercaba hacia él. El siguiente objetivo serían unos ánades reales, que descansaban en otra roca.
Ánades realesÁnades reales
Un andarríos chico también merodeaba por la zona. Pasé de la inexistencia de aves durante los primeros minutos a ponerse la cosa bastante interesante en cuanto a especies encontradas.
Andarríos chicoAndarríos chico
Y también unos gansos del Nilo se unieron a la fiesta.
Gansos del Nilo
Los mejores momentos de la tarde me los brindaron un par de espátulas. Cuando la mayoría echó a volar buscando un sitio más tranquilo, hubo dos que permanecieron impasibles. Aunque, finalmente, se quedó una sola buscando comida por el agua.
La tarde fotográfica la cerré con una foto a una garza que vigilaba desde lo alto de una roca.
Garza vigilando su entorno
Sin más, espero volver en otra ocasión antes de que termine el verano. Yo sigo en mi empeño de intentar conseguir fotos de las cigüeñas negras, que sé que de vez en cuando hacen parada en esta charca. A ver si hay suerte en futuras ocasiones.
El pasado sábado, día 24 de junio, estaba planificado para hacer una visita a la bella comarca de la Sierra de Gata y así volver a Robledillo de Gata 11 años después de mi anterior visita. El viaje a uno de los pueblos más bonitos de Extremadura lo tenía en mente desde principios de año, pero no ha sido hasta ahora, en plena ola de calor, cuando he ido.
La llegada al pueblo fue sobre las 10:15. Aún no hacía calor agobiante y quería pasear entre sus calles antes de que el termómetro diera una subida importante. Dejé el coche en la parte alta de Robledillo y comencé a bajar.
Robledillo de Gata desde la parte altaCalle de Robledillo de GataCasas de Robledillo de GataCasas de Robledillo de GataCasa de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataIglesia de Robledillo de Gata
El ayuntamiento luce bonito en mitad del pueblo.
Ayuntamiento de Robledillo de GataAyuntamiento de Robledillo de Gata
Las estrechas calles del pueblo apenas dejan entrar el sol, cosa que se agradece bastante en verano (en invierno, quizás, no tanto).
Calle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataBarrica en una calle de Robledillo de Gata
La parte baja de la población, lugar por donde discurre un pequeño riachuelo, es la parte más bonita. Aquí, encontré tres patos nadando alegremente.
Riachuelo en Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataPato en Robledillo de GataPato en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataParte baja de Robledillo de Gata
Tras estar entretenido un buen rato con los patitos, seguí paseando por el pueblo. Incluso, tomé un refresco en uno de los bares y compré aceite elaborado allí mismo.
Calle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataPerrito encontradoCasa en Robledillo de GataCasa en Robledillo de GataErmita de Robledillo de Gata
Cuando el sol empezaba a picar, decidí volver al coche y así visitar el Mirador del Chorro de los Ángeles, ya perteneciente a Las Hurdes. Por el camino, hice alguna parada para fotografiar Robledillo de Gata desde lo alto.
Mery y Pepe despidiéndose de Robledillo de GataRobledillo de Gata desde las alturasRobledillo de Gata desde las alturasRobledillo de Gata desde las alturas
Según me iba acercando al Mirador del Chorro de los Ángeles a través del camino de tierra, el paisaje era desolador. Todo aparecía quemado. Hectáreas y hectáreas de monte calcinado. Mis presagios me decían que a donde me dirigía, el paisaje iba a ser igual. Desafortunadamente, se cumplieron y se me encogió el alma al ver que la plataforma del mirador estaba quemada al completo, quedando únicamente los hierros de la estructura.
Plataforma del mirador calcinadaPaisaje desoladorMirador del Chorro de los ÁngelesChorro de los ÁngelesChorro de los ÁngelesMery y Pepe en el Mirador del Chorro de los Ángeles
Sobre las 13:15 di por finalizada mis visitas a las comarcas de la Sierra de Gata y Las Hurdes. Fue una mañana un poco descafeinada. Sentí mucha alegría por volver a pasear por uno de los pueblos más bonitos de nuestra región; y sentí mucha, muchísima tristeza al ver el paisaje desolador desde el Mirador del Chorro de los Ángeles. Como siempre, a Las Hurdes le toca la peor parte de los incendios dentro de Extremadura.
Sin más que contar, hasta otra aventura, turistas.
El pasado fin de semana fue uno de esos momentos del año, algo que llevaba esperando desde el mes de julio de 2022. Y es que desde el verano pasado tenía comprada una entrada para asistir al concierto que Bruce Springsteen iba a dar en Roma el 21 de mayo de 2023.
El vuelo desde Madrid partía el sábado y aterrizaba en la capital italiana sobre las 14:30 entre una buena lluvia. Después de dejar las maletas en el hotel decidimos aprovechar la tarde visitando algunos monumentos que nos caían cerca.
Fontana di Trevi
Nuestra primera parada fue en la fuente por excelencia de Roma. Son muchas las fotos que había visto antes de tener ante mí semejante monumento, pero, por mucho que intentes hacerte la idea, en las fotos jamás se puede apreciar la belleza y grandeza de la Fontana di Trevi. Le hice fotos desde todos los ángulos.
Fontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di TreviFontana di Trevi
Panteón
Lo siguiente en visitar fue el Panteón, a escasos 10 minutos andando de la Fontana di Trevi.
Panteón
Aquí me entretuve haciendo fotos a la Fuente del Delfín de la propia plaza.
Fuente del DelfínFuente del DelfínFuente del Delfín
Plaza de España
Con mucha lluvia cayendo en nuestras cabezas nos fuimos en la búsqueda de la Plaza de España. Me sorprendió gratamente, la verdad. No me la imaginaba tan bonita y también me entretuve haciendo muchas fotos.
Plaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaPlaza de España, en RomaMery y Pepe en la Plaza de España, en Roma
A la vuelta al hotel terminamos bastante cansados. Y aún quedaba el premio gordo al día siguiente asistiendo al concierto del Boss. Esa noche cenamos en una pizzería: SumUp Pizzeria del s Roma. El camarero nos levantó unas risas al decirnos que solo podíamos pedir comida para llevar si costaba más de 100 euros. Y luego al cobrarme me dijo que no me admitía la tarjeta, pero que no pasaba nada y me regalaba la comida. Lógicamente, todo era mentira.
El domingo, antes del concierto, fuimos hasta el Colisseo y nos dimos una vuelta por los alrededores (teníamos reservada una visita para el lunes). Y también inspeccionamos la zona del foro romano y del Monumento a Vittorio Emmanuel. Como nos gustó tanto, decidimos volver el lunes.
Foro romano
La parada de metro te deja en la misma entrada al Colisseo, aunque nosotros pasamos de largo y dimos una vuelta por los alrededores del foro. Salvando las distancias, por supuesto, me recordó a algunas ruinas romanas de Mérida.
Foro di AugustoEstatua a AugustoForo di AugustoMonumento de Vittorio Emmanuel desde el foroForo di AugustoForo di AugustoForo di AugustoForo di AugustoForo di AugustoSigue leyendo →
Hoy, festivo nacional por ser el Día del Trabajador, lo he aprovechado para ir en busca de los abejarucos. Sobre las 10:15 me presentaba en el lugar al que he acudido otros años y, todo hay que decirlo, lo hacía sin tener mucha esperanza de conseguir alguna foto. Enseguida, me he dado cuenta de que, aunque se escuchara por los alrededores el canto de estas bellas aves, no los veía bajar hasta el lugar donde había puesto el coche. Apenas he estado allí 15 minutos, pues la experiencia de los últimos dos años me decía que allí ya no anidaban, a pesar de que los agujeros en la tierra siguen estando.
Me he guiado por el canto de los abejarucos y, sobre todo, por un coche que estaba aparcado cerca de donde estaba yo. Allí también había alguien con su cámara y objetivo; los nidos de los abejarucos no estaban muy lejos. He aparcado justo detrás y se veía volar a los pájaros cerca, pero aún así quedaban algo lejos de mi objetivo. Ha sido al irse el coche que tenía delante cuando he aprovechado y he acercado el mío hasta una roca que servía de posadero. Aquí es donde ha comenzado el festival de tirar fotos a las aves.
Pareja de abejarucos europeosAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeo
La foto que más me ha gustado de toda la sesión ha sido una donde he podido captar a un abejaruco en vuelo. Según la he visto en la cámara ya sabía que apuntaba a ser la foto estrella de la mañana.
Abejaruco europeo en vuelo
Están siempre pendientes a su alrededor para cazar su presa favorita: las abejas.
Más fotos en vuelo, aunque no tan bonitas como la anterior.
Abejaruco europeo en vueloAbejaruco europeo llegando al posadero
La pareja vigila los alrededores del nido y se turnan para entrar. Es escaso el tiempo que permanece junta en la roca.
Pareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosAbejaruco europeo llegando la posadero
Brevemente, ha pasado un milano negro por encima. La foto no es que sea de muy buena calidad, pero me ha hecho ilusión hacerla.
Milano negro en vuelo
Casi al tiempo de volver a casa un abejaruco me ha dado algunas poses bonitas.
Tendría una última sorpresa antes de venirme a casa. Una cigüeña blanca volaba muy bajo y creo que su intención era posarse por allí cerca, pero al ver el coche se ha marchado lejos. Me ha dado tiempo a hacerle algunas fotos chulas.
Cigüeña blanca en vueloCigüeña blanca en vueloCigüeña blanca en vuelo
Sin más que contar, me despido hasta otra aventura. No es nada descartable que vuelva a acercarme próximamente para seguir haciendo fotos a los abejarucos. La siguiente visita será por la tarde, que la luz seguramente sea mejor.
El pasado domingo, Día del Libro, no lo dediqué a la lectura. En su lugar disfruté de otra de mis aficiones: la fotografía de aves.
Desde hacía tiempo quería acercarme hasta la Sierra de la Mosca y entrar al bebedero que gestiona Rubén Cebrián en su parcela. Quise haber ido a principios de año, pero, finalmente, me dije de ir en primavera cuando hubiera más variedad de aves. Y la verdad es que me volví a casa con un recopilatorio de 16 aves distintas.
Ordenándolas alfabéticamente estas fueron las que entraron al bebedero, algunas más asiduas que otras.
Abubilla
Aunque por la zona se encuentra esta especie no es común que entre al bebedero. Su paso fue de tan solo un minuto y no llegó a beber. Tan solo estuvo andando por debajo.
Abubilla
Carbonero común
Antes de meterme en el hide sabía que entraría, pues es bastante habitual. De hecho, en mi mente no tenía pensado hacer fotos a esta especie porque son muchísimas las que tengo ya. Cambié de opinión cuando un individuo se posó y me dio bastante juego con las luces y reflejos.
Carbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero común
Escribano soteño
De esta especie tan solo me entró la hembra, más apagada que el macho. Cuando entré a este mismo bebedero en agosto de 2021 sí entraron a beber tanto el macho como la hembra.
Recuerdo que la primera vez que fotografíe paseriformes en un hide en Monfragüe, al ver un grupo de estorninos, creí que se trataban de mirlos. Me dijeron la diferencia entre uno u otro y el domingo al ver ambos en el bebedero pude distinguirlos perfectamente. Decir que uno de los estorninos me brindó las fotos que más me gustan de toda la sesión, con increíbles baños.
Junto al carbonero común, el herrerillo común era otra especie que sabía al 100% que me iba a entrar. De hecho, apenas le hice fotos debido a que, igualmente, tengo muchísimas de esta especie. De la sesión tan solo me he quedado con tres.
Herrerillo comúnHerrerillo comúnHerrerillo común
Jilguero
¡Qué bonitos son los jilgueros! Sin duda, se encuentra entre mis pájaros favoritos. Cuando era adolescente tuvimos cinco en un voladero y no paraban de cantar. Me podía pasar tranquilamente dos horas sentado en una silla viendo cómo cantaban.
JilgueroJilgueroJilgueroJilgueroJilguero
Mirlo
El mirlo es uno de esos pájaros que a mucha gente le da muy mal rollo. Al ser todo negro lo relacionan con algo malo, con la muerte (igual que a los cuervos). Sin embargo, a mí los mirlos me encantan y siempre que he podido fotografiarlos me han dado muy buenas poses. El domingo no iba a ser menos.
El pasado fin de semana, los días 14, 15 y 16, fueron días para pasarlos en una de las ciudades más bonitas de Europa. Se trata de Oporto.
Fue a mediados de febrero cuando unos amigos me propusieron la idea de viajar hasta esta ciudad justo el fin de semana siguiente de Semana Santa. Aunque económicamente no me venía muy bien, acepté sin dudar. Como dice el dicho: carpe diem.
El viernes poníamos rumbo desde Cáceres hacia tierras portuguesas. Por delante teníamos cuatro horas y media aproximadamente, con lo cual había que entretenerse de alguna manera y tuvimos que improvisar algún canto durante la excursión. La consecuencia: al llegar a Oporto no paró de llover en toda la tarde/noche. Nos calamos de arriba abajo y al llegar al hotel tuvimos que echar mano de los secadores de pelo para secar un poco la ropa y zapatillas. Estaba todo controlado. En ningún momento salió ardiendo la habitación 😉 😉 😉
Debido a la lluvia, el viernes no hice ninguna foto. Tan solo nos dedicamos a realizar un tour en autobús por la ciudad. Se trata de la línea naranja y no vimos prácticamente nada. El estar todo cerrado de nubes e, incluso, niebla hizo que el tiempo invertido apenas mereciera la pena. Y digo apenas porque nos pasó una anécdota en el autobús de esas de intentar aguantar las risas y no poder hasta reventar.
El sábado por la mañana amaneció totalmente soleado y con temperaturas tirando a cálidas. Nada que ver con el día anterior. Lo primero que hicimos fue desayunar en el centro y luego cogimos la ruta azul del mismo autobús que el día anterior. Aquí sí aproveché para tirar muchísimas fotos.
Ayuntamiento de OportoHotel AliadosTorre de iglesiaEstatua en OportoOcéano AtlánticoPuente sobre el ríoPuente sobre el ríoRío Duero a su paso por OportoRío Duero a su paso por OportoRío Duero a su paso por OportoEstación de OportoEdificio en OportoTranvía en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoCasas del río en OportoSigue leyendo →
El pasado sábado, día 25 de febrero, fue el día para volver a la comarca de La Vera y así seguir visitando zonas que tenía en la lista desde principios de año. La idea era acometer la ruta del Trabuquete, que parte desde Guijo de Santa Bárbara.
Eran las 10:15 aproximadamente cuando mis pies se ponían en movimiento desde el pueblo. Dejé el coche a la entrada, en el aparcamiento de la plaza, y desde ahí crucé la población en busca del Restaurante El Trabuquete, pues desde aquí parte el camino que te lleva hasta el charco.
Restaurante El TrabuqueteCartel informativo
Al principio, el camino desciende ligeramente. Hay que estar pendiente de una bifurcación para no tomar el camino equivocado. Aunque parezca confuso, no hay que coger el camino que baja al río. Se debe coger el de la derecha, aunque, una señal en una roca te lo indica claramente.
Camino de bajadaIndicaciones al Trabuquete
Al fondo se veía el sistema montañoso de Gredos. Por allí arriba debía hacer frío.
Hacia el Charco del Trabuquete
El primero de los puentes que cruza el río aparece. Aquí recordé una anécdota que pasó hace casi 26 años durante unas vacaciones familiares y con amigos en nuestra búsqueda hacia el objetivo del día.
Primer puente encontrado
A partir del puente anterior el camino comienza a ascender suavemente. Y es cuando las piernas empiezan a andar más despacio. Suerte que ese día estrenaba el bastón de senderismo que me regalaron mis amigos en mi cumpleaños y me ayudaba durante la subida.
En un momento dado, me di la vuelta y las vistas de todo lo caminado eran muy bonitas.
Vistas subiendo al Charco del Trabuquete
Cuando la cuesta termina, giras en una curva y ya se ve el charco. El esfuerzo mereció la pena, pues corría bastante agua (aunque no toda la que debería llevar).
Charco del TrabuqueteCharco del TrabuqueteCharco del Trabuquete
Mientras me comía un bocadillo para retomar fuerzas vi posado en un roca a un mirlo acuático. Aunque la foto es pésima, menos es nada.
Mirlo acuático en El Trabuquete
Esta ocasión, Mery y Pepe no se quedaron atrás y me acompañaron en el viaje. También quisieron su momento de gloria.
Mery y Pepe en el Charco del Trabuquete
Una última foto con el bastón antes de seguir con los planes del día. Este es el inicio de unas cuántas rutas con él. En otoño espero que me acompañe a rutas senderistas mucho más espectaculares.
Bastón en El Trabuquete
Una vez terminado el bocadillo, decidí subir unos metros más arriba hacia la Poza de la Estaca. Se encuentra a tan solo 5 minutos. Por el camino seguí fotografiando los saltos de agua.
Saltos de aguaSaltos de aguaPuente y Poza de la EstacaPoza de la Estaca
Aquí decidí darme la vuelta y volver hacia el pueblo. Para los más valientes (yo lo fui en el año 2011), se puede seguir la ruta hacia el Refugio de las Nieves. Es un buen tirón, pues recuerdo que el camino estaba lleno de piedras que te reventaban los pies.
Sobre las 13:30 más o menos estaba de vuelta. Comí en el Restaurante El Trabuquete. Tan solo pedí un plato: espaguetis negros con sepia y pimentón de La Vera. Me encantó.
Último vistazo hacia la Sierra de GredosEl pueblo está cercaEspaguetis negros con sepia y pimentón de La Vera
Mirador La Serradilla y Cascada del Diablo (tarde)
La idea era haberme vuelto a Cáceres nada más comer, pero, visto que aún eran tan solo las 14:45 miré en el mapa si Villanueva de la Vera quedaba muy lejos. Como estaba a media hora decidí ir hasta allí y así ver la Cascada del Diablo, que intuía que debía llevar algo de agua.
Pero antes de eso me topé con el Mirador La Serradilla, ubicado en la carretera que une Guijo de Santa Bárbara con Aldeanueva de la Vera. Me tomé 10 minutos para hacer fotos.
Llegada al miradorGuijo de Santa Bárbara desde el miradorJarandilla de la Vera desde el miradorMery y Pepe postureandoMery y Pepe postureando
Sobre las 15:30 llegué hasta el aparcamiento de la Cascada del Diablo, no sin que antes me cayeran granizos en Villanueva de la Vera, aunque fue poca cosa.
Aparcamiento de la Cascada del Diablo
En apenas 10 minutos estás ante la cascada. Me alegró ver que llevaba bastante agua, no obstante, siendo sinceros, debería llevar mucha más. Este es el caudal que debería llevar en mayo. Si no llueve durante la primavera, la cascada pinta muy mal en verano.
Cascada del DiabloCascada del DiabloMery y Pepe en la Cascada del DiabloCascada del Diablo
Y este fue mi día por La Vera el pasado sábado. Creo que fue bastante completo y lleno de recuerdos, pues durante las vacaciones veraniegas mencionadas anteriormente del año 1997 también estuvimos pasando un día en la Cascada del Diablo.
Sin más que decir, me despido hasta otra aventura. Siendo realistas, no sé cuándo ni dónde será, pero ya se me ocurrirá algo 🙂
El pasado sábado, día 21 de enero, fue un día para volver a una de mis comarcas favoritas de Extremadura: La Vera. Era un viaje que tenía en mente desde hace un mes, pues tras las lluvias del mes de diciembre era previsible que por las gargantas corriera bastante agua.
Como con la meteorología nunca se sabe y es incierto cuándo va a volver a llover, quería acercarme antes de que se metiera la primavera. Fue a mediados de semana cuando tomé la decisión de realizar la visita. Además, desde mis vacaciones otoñales por Asturias no había vuelto a salir de aventura y tenía ganas de echarme de nuevo al campo.
La primera parada fue en Cuacos de Yuste. Descubrí casualmente el Mirador de las Ollas y me lo apunté en la lista como visita obligada.
Mirador de las OllasMirador de las OllasMirador de las Ollas
El paraje me encantó. Y me llevé una alegría enorme al ver cómo corría brava el agua por la garganta. Después de la enorme sequía del año pasado es una delicia ver los ríos y embalses recuperados.
La siguiente parada fue el Mirador de la Serrana, en las inmediaciones de Garganta la Olla. Para llegar hasta allí tomé la carretera que sube al Monasterio de Yuste y luego cogí el camino vecinal (asfaltado) hasta Garganta la Olla. Su ubicación no resulta nada complicado encontrarlo.
La SerranaLa SerranaVistas desde el mirador hacia Garganta la OllaVistas desde el mirador hacia Garganta la Olla
Y justo antes de entrar en el pueblo hice una parada en Garganta Mayor, lugar donde en verano los turistas (y no turistas) se dan un muy refrescante baño en la piscina natural. De aquí tengo recuerdos de unas vacaciones veraniegas en familia, allá por el año 1997 o 1998.
Garganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta Mayor
Como aún quedaba tiempo para la hora de comer decidí hacer una visita al interior del Monasterio de Yuste. Ya entré hace algunos años y mi objetivo tan solo era hacer una foto desde el jardín. Tuve que pagar la entrada básica (7 euros) para poder hacerlo. Además, de tener que aguantar las impertinencias de cierto guarda de seguridad que observaba con lupa cada paso que daba. No sé si es que me vio con cara de querer hacer algún acto de vandalismo.
Monasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de Yuste
De vuelta en Cuacos de Yuste comí en el Hotel Restaurante Moregón, situado en la avenida principal del pueblo (avenida de la Constitución para ser más exactos). De primero comí unos entremeses. Y de segundo, cabrito al horno. Decir que el segundo plato me encantó.
Entremeses de primeroCabrito al horno de segundo
Para terminar mi aventura por La Vera decidí pasar mi última hora en el cementerio de los alemanes. Se ubica en la carretera de subida al Monasterio de Yuste. No tiene pérdida alguna y desde la misma carretera se ve.
Cementerio de los alemanesCementerio de los alemanesCementerio de los alemanes
Antes de acabar, decir que tanto Garganta la Olla como Cuacos de Yuste forman parte de los cinco conjuntos históricos-artísticos de la comarca. Yo no me di un paseo por ellos, pero bien merece la pena recorrer cada uno de sus callejones. Os animo a visitar esta entrada del blog que publiqué hace unos años y donde recopilo la visita a las cinco poblaciones:
Sin más que decir, fue una breve visita por esta preciosa comarca del norte de Extremadura. Junto al Valle del Ambroz en otoño son las dos que más me gustan de nuestra región.
De cara a la primavera quiero volver a la zona para seguir haciendo fotos. Y, sobre todo, para disfrutar una vez más de mis dos aficiones favoritas: turismo y fotografía.