La semana pasada estuvo lloviendo sin parar prácticamente a diario, por lo que intuí que las gargantas del Valle del Jerte iban a estar hasta arriba de agua. El jueves miré el tiempo que iba a hacer el sábado y me llevé una alegría al ver que tendría un día soleado. Así que me decidí a la hora de programarme una visita a la comarca del Jerte.
Cascadas de las Nogaledas
La primera de las paradas fue las Cascadas de las Nogaledas, en Navaconcejo. Creo que era la cuarta vez que iba a visitarlas y el objetivo era ir cargado con el minitrípode para captarlas con el efecto seda. Es una ruta sencilla, sin apenas desnivel y apta para niños.
Cascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las Nogaledas
Cascada delCaozo
Antes de parar a comer me acerqué hasta Valdastillas y así fotografiar la Cascada del Caozo, formada en la Garganta del Bonal. Igualmente, intuí que iba a ir cargada de agua, sin embargo, lo que no intuí era que iba a estar más cargada aún de gente. Aquello parecía una romería. Filas de coches para aparcar, fila de gente para acceder a la pasarela. En resumen, un engorro. Luego, caí en la cuenta de que en Piornal se estaba celebrando su fiesta grande: el Jarramplas. De ahí tanta gente visitando la Cascada del Caozo, que apenas se tardan 3 minutos en subir a ella desde donde aparcas el coche. En mi caso, ni siquiera accedí a la pasarela. Hice un par de fotos desde el suelo y me conformé con eso.
Garganta del BonalCascada del Caozo
Los Pilones
Y para finalizar el día hice la ruta corta hasta Los Pilones. Parte desde el Centro de Interpretación de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos y apenas son 3 kilómetros hasta el puente. Al hacer la ruta después de comer, sudé algo la gota gorda, pero me la tomé con tranquilidad, puesto que aún tenía casi tres horas de sol.
Sinceramente, creía que iba a encontrarlos con más agua, no obstante, me encantaron. Ir a esta zona siempre es especial, no por su belleza sino por los recuerdos de la primera visita en el verano de 1996, contando con apenas 10 años (camino de 11).
Los Pilones del Valle del JerteLos Pilones del Valle del JerteLos Pilones del Valle del Jerte
Y sin más, me despido de mi aventura por el Valle del Jerte el pasado sábado 20 de enero. En la agenda no tengo programada ninguna visita más por ahora. Aunque sí es cierto que tengo cosas en la cabeza de cara a la primavera. Ya os contaré si finalmente las llevo a cabo.
El sábado 25 de noviembre me acerqué por la tarde hasta Montánchez, localidad cercana a Cáceres, para adentrarme en su castañar. Quince días atrás estuvo un amigo y al mandarme fotos vi que estaba aún demasiado verde, por lo que deduje que en un par de semanas tomaría el color ocre y amarillo que me hubiera gustado.
Sobre las 16:00 mis pies se ponían en movimiento y se dirigían hacia el castañar. Los malos presagios aparecieron enseguida al ver desde lejos el castañar sin apenas hojas. Por momentos, mantuve la esperanza de que se tratara de los robles, que siempre tiran la hoja antes, pero la realidad era que tampoco se veía el monte lleno de color como otras veces.
Al llegar hasta los primeros castaños confirmé que estaban prácticamente pelados de hojas. Este otoño ha sido muy raro. Llegó muy tarde debido a los calores de primeros de octubre; y se ha ido súper rápido. Otros años he accedido a este castañar el último día de noviembre y aún quedaban la mitad de las hojas en los árboles. Resumiendo: no entiendo este otoño de mierda.
Paseé un ratito por él para captar algunas fotos. Al menos, me sirvió para salir de casa y desconectar un poco.
Castañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezMontánchezMontánchezCabra
Creo que con esta salida daré por finalizadas las aventuras otoñales del 2023, que ya da signos de agonizar. Siendo realistas, no ha sido el mejor otoño que he fotografiado, aunque, bien es cierto que he viví emociones fuertes el día que fui a las Gorgas de Alba, en el Valle de Benasque; al hayedo de Salenques, en el Valle de Barrabés; o en la carretera del Puerto de Honduras, en el Valle del Ambroz.
Sin más que contar, en mi cabeza ya tengo un esbozo del posible destino otoñal del año que viene. Aunque será el primero de muchos años que no tenga seguro de si voy a poder ir. En caso de que sí se pueda, ya sabéis: el otoño del norte está por encima de cualquier otro. Y será en una Comunidad Autónoma que aún no he pisado 🙂 🙂 🙂
El sábado 18 de noviembre, dos semanas después de mi vuelta a Extremadura tras mis aventuras por Los Pirineos, fue el día para visitar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz.
Un par de días antes me entró el gusanillo de volver a salir al monte para fotografiar el otoño. Me puse a pensar y llegué a la conclusión de que hacía 4 años, en concreto desde septiembre de 2019, que no iba a los Castaños del Temblar, en Segura de Toro. Aun sabiendo que la entrada en otoño a este castañar privado está restringida desde octubre a enero, decidí ir hasta ellos. Como siempre he sido muy respetuoso con este entorno tan solo quería hacer algunas fotos a los castaños y seguir visitando la zona. Por supuesto, sin recoger ninguna castaña ni subirme a los árboles. Puede parecer algo normal, pero recuerdo en el año 2019 ver a una madre subir a sus hijos pequeños a los árboles para hacerles fotos de postureo. Me dio muchísima rabia porque gracias a estas personas irresponsables es por lo que se prohíbe luego la entrada.
Dicho esto, eran las 10:15 aproximadamente cuando llegué hasta este precioso rinconcito. La bienvenida, como siempre, fue espectacular con el musgo en las rocas.
Llegada al castañar
El Castaño Hondonero es el primero en saludarte. Tenía un color otoñal brutal, en el que se mezclaban hojas marrones, amarillas y algunas verdes.
Unos metros más arriba el Castaño del Arroyo reclama su atención. Es el más viejito de todos. Y puede que el más bonito también. Eso es una lucha que tiene con el Hondonero.
Castaño del ArroyoCastaño del ArroyoCastaño del ArroyoCastaño del Arroyo
Mis pasos me llevaron hasta el Castaño Menuero. Quizá, sea el más fotogénico debido a la forma de su tronco. Desde luego, es donde más tiempo he echado siempre que he ido a fotografiarlo.
Castaño MenueroCastaño Menuero
El Castaño Retorcío es el que siempre me encuentro con las hojas más verdes. Es curioso que los cinco castaños estén en un entorno súper pequeño, donde puedes recorrer todos los castaños en apenas 10 minutos, y cada uno tenga su tiempo de tirar las hojas.
Castaño Retorcío
Y para finalizar me acerqué hasta el Castaño Bronco. Es el que más me cuesta fotografiar siempre debido al enorme contraste de luces y sombras. También es cierto que siempre he visitado este castañar por la mañana. Quizá, si fuera por la tarde, el sol está en una posición donde me cueste menos tirarle fotos.
Castaño Bronco
Pero esto siempre me pasa en uno de los frentes del castaño. A la otra parte, la luz es espectacular y me recreé de lo lindo tirando fotos.
Castaño BroncoCastaño BroncoMery y Pepe en el Castaño Bronco
Antes de abandonar definitivamente el castañar, me entretuve haciendo fotos al arroyo. Aquí di uso al minitrípode que mi hermana me regaló por mi cumpleaños para lograr el efecto seda en el agua.
Arroyo del TemblarArroyo del Temblar
Justo antes de iniciar el camino de vuelta al pueblo, el sol se coló entre las ramas de los castaños y aproveché para hacerle una foto a contraluz.
Despidiéndome del castañar
De vuelta en el pueblo me asomé al Mirador El Canchal de la Cigüeña. No era mucho lo que veía porque las nieblas tapaban todo.
Mirador El Canchal de la Cigüeña
El coche se dirigió hacia la que, quizá, sea la carretera más espectacular del Valle del Ambroz en otoño: el Puerto de Honduras. Esta carretera une el Hervás con Cabezuela del Valle, es decir, el Valle del Ambroz con el Valle del Jerte. Nada más internarme en los primeros castaños supe que iba a ser espectacular. El otoño aquí estaba dando las últimas bocanadas de aire, pero, precisamente, los castaños tenían el color marrón oscuro que a mí tanto me fascina. Toda la carretera era un espectáculo y le dediqué casi dos horas a fotografiarla.
Carretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de Honduras
Y, si pasas por esta carretera, es parada obligatoria en el camino que baja desde un pequeño estanque. Como he dicho otras veces que lo he visitado, es mi camino favorito de todos los que he recorrido en el Valle del Ambroz.
Camino otoñal en el Valle del AmbrozCamino otoñal en el Valle del AmbrozCamino otoñal en el Valle del AmbrozSenderistas en el camino
Ese día Hervás estaba hasta arriba de gente, por lo que me fui a comer al Hotel Sinagoga. La primera vez que entré aquí fue hace unos años y me llevé una buena impresión. En aquella ocasión fui a cenar con mi amiga Estela cuando ella vivía allí. Repetí lugar para comer y he de decir que las endivias con salsa de roquefort y los medallones de solomillo estaban divinos.
Una vez llenada la barriga tenía toda la tarde por delante para seguir tirando fotos. Y no dudé a la hora de volver a coger la carretera del Puerto de Honduras para hacer parada en los arroyos.
Primero, fotografié el entorno de la Fuente del Pedregoso. El río Gallego llevaba bastante agua y me dio buenas tomas. Y el minitrípode volvió a estar a la altura.
Río GallegoRío Gallego
Pero, el objetivo real de la tarde, era acercarme hasta el Arroyo Romanillo. Por la mañana, de vuelta al pueblo, pude ver a muchos senderistas allí descansando y comiendo, así que decidí visitarlo después de comer.
Aquí fue donde más disfruté haciendo fotos. A cada paso que daba veía una toma distinta. Estaba tan inspirado, que estuve también casi dos horas fotografiando este pequeño arroyo. Y la distancia recorrida sería de apenas 150 metros.
Sobre las 17:00 puse fin a esta aventura otoñal por el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Y lo hice plenamente emocionado después de varios años donde apenas me llamaba la atención.
Hace unos años me aburría ya tanto visitar siempre los mismas zonas de otoño de Extremadura que fue cuando empecé a visitar otros otoños del país: Asturias, Castilla y León, País Vasco, Aragón o Cataluña. No obstante, alguna escapada hacía al otoño extremeño igualmente, pero sin apenas emocionarme.
Desconozco las causas, pero este otoño 2023 he recuperado la ilusión y emoción al fotografiar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Puede que sea porque en Los Pirineos no tuve mucha fortuna con el colorido en Ordesa. O porque solo encontré un otoño bonito en mis últimos días allí. Lo mismo es que hacía muchos años que no entraba a los Castaños del Temblar y reencontrarse con estos seres siempre es especial. O, simplemente, puede que sea que el otoño en el Valle del Ambroz fue el primero que fotografié cuando me inicié en la fotografía de paisajes allá por 2011. Sea una cosa u otra, este año donde más he disfrutado tirando fotos al otoño ha sido aquí, en casa, en el Valle del Ambroz, en nuestra querida Extremadura. El otoño en Los Pirineos es brutal, espectacular, mágico y sigo diciendo que está tres o cuatro niveles por encima del otoño extremeño, pero mostraros paisajes de mi tierra siempre es especial y, en eso, no puede hacerle la competencia ni Ordesa, ni Benasque, ni el Valle del Arán.
Lo que son las cosas. En el verano de 2022 fue el 27 de julio cuando me acerqué por primera vez a la charca para fotografiar a las aves. Y, casualidades de la vida, en este verano (2023) ha coincidido que el pasado jueves (día 27 de julio) me acerqué a la misma charca para seguir disfrutando de la fotografía de aves.
Dicho esto, sobre las 19:00 me metía de lleno en el agua e iba en busca de las garzas y espátulas, que se las veía al fondo de la misma. Por el camino esperaba poder captar a otras pequeñas aves, tal y como he hecho en ocasiones anteriores. Sin embargo, según iba caminando por el agua, mi desánimo y extrañeza se empezaron a apoderar de mí porque no había rastro de nada.
No obstante, mi objetivo seguía en marcha y cada vez estaba más cerca de las garzas y espátulas. La cosa se empezó a poner emocionante con la presencia de un pequeño zorro, que buscaba la sombra de unas rocas.
Zorro en las inmediaciones de la charcaZorro buscando la sombra
No quitaba la vista del hidro hide y, pronto, se levantó ante la desconfianza de lo que se acercaba hacia él. El siguiente objetivo serían unos ánades reales, que descansaban en otra roca.
Ánades realesÁnades reales
Un andarríos chico también merodeaba por la zona. Pasé de la inexistencia de aves durante los primeros minutos a ponerse la cosa bastante interesante en cuanto a especies encontradas.
Andarríos chicoAndarríos chico
Y también unos gansos del Nilo se unieron a la fiesta.
Gansos del Nilo
Los mejores momentos de la tarde me los brindaron un par de espátulas. Cuando la mayoría echó a volar buscando un sitio más tranquilo, hubo dos que permanecieron impasibles. Aunque, finalmente, se quedó una sola buscando comida por el agua.
La tarde fotográfica la cerré con una foto a una garza que vigilaba desde lo alto de una roca.
Garza vigilando su entorno
Sin más, espero volver en otra ocasión antes de que termine el verano. Yo sigo en mi empeño de intentar conseguir fotos de las cigüeñas negras, que sé que de vez en cuando hacen parada en esta charca. A ver si hay suerte en futuras ocasiones.
El pasado sábado, día 24 de junio, estaba planificado para hacer una visita a la bella comarca de la Sierra de Gata y así volver a Robledillo de Gata 11 años después de mi anterior visita. El viaje a uno de los pueblos más bonitos de Extremadura lo tenía en mente desde principios de año, pero no ha sido hasta ahora, en plena ola de calor, cuando he ido.
La llegada al pueblo fue sobre las 10:15. Aún no hacía calor agobiante y quería pasear entre sus calles antes de que el termómetro diera una subida importante. Dejé el coche en la parte alta de Robledillo y comencé a bajar.
Robledillo de Gata desde la parte altaCalle de Robledillo de GataCasas de Robledillo de GataCasas de Robledillo de GataCasa de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataIglesia de Robledillo de Gata
El ayuntamiento luce bonito en mitad del pueblo.
Ayuntamiento de Robledillo de GataAyuntamiento de Robledillo de Gata
Las estrechas calles del pueblo apenas dejan entrar el sol, cosa que se agradece bastante en verano (en invierno, quizás, no tanto).
Calle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataBarrica en una calle de Robledillo de Gata
La parte baja de la población, lugar por donde discurre un pequeño riachuelo, es la parte más bonita. Aquí, encontré tres patos nadando alegremente.
Riachuelo en Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataParte baja de Robledillo de GataPato en Robledillo de GataPato en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataPatos en Robledillo de GataParte baja de Robledillo de Gata
Tras estar entretenido un buen rato con los patitos, seguí paseando por el pueblo. Incluso, tomé un refresco en uno de los bares y compré aceite elaborado allí mismo.
Calle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataCalle de Robledillo de GataPerrito encontradoCasa en Robledillo de GataCasa en Robledillo de GataErmita de Robledillo de Gata
Cuando el sol empezaba a picar, decidí volver al coche y así visitar el Mirador del Chorro de los Ángeles, ya perteneciente a Las Hurdes. Por el camino, hice alguna parada para fotografiar Robledillo de Gata desde lo alto.
Mery y Pepe despidiéndose de Robledillo de GataRobledillo de Gata desde las alturasRobledillo de Gata desde las alturasRobledillo de Gata desde las alturas
Según me iba acercando al Mirador del Chorro de los Ángeles a través del camino de tierra, el paisaje era desolador. Todo aparecía quemado. Hectáreas y hectáreas de monte calcinado. Mis presagios me decían que a donde me dirigía, el paisaje iba a ser igual. Desafortunadamente, se cumplieron y se me encogió el alma al ver que la plataforma del mirador estaba quemada al completo, quedando únicamente los hierros de la estructura.
Plataforma del mirador calcinadaPaisaje desoladorMirador del Chorro de los ÁngelesChorro de los ÁngelesChorro de los ÁngelesMery y Pepe en el Mirador del Chorro de los Ángeles
Sobre las 13:15 di por finalizada mis visitas a las comarcas de la Sierra de Gata y Las Hurdes. Fue una mañana un poco descafeinada. Sentí mucha alegría por volver a pasear por uno de los pueblos más bonitos de nuestra región; y sentí mucha, muchísima tristeza al ver el paisaje desolador desde el Mirador del Chorro de los Ángeles. Como siempre, a Las Hurdes le toca la peor parte de los incendios dentro de Extremadura.
Sin más que contar, hasta otra aventura, turistas.
Hoy, festivo nacional por ser el Día del Trabajador, lo he aprovechado para ir en busca de los abejarucos. Sobre las 10:15 me presentaba en el lugar al que he acudido otros años y, todo hay que decirlo, lo hacía sin tener mucha esperanza de conseguir alguna foto. Enseguida, me he dado cuenta de que, aunque se escuchara por los alrededores el canto de estas bellas aves, no los veía bajar hasta el lugar donde había puesto el coche. Apenas he estado allí 15 minutos, pues la experiencia de los últimos dos años me decía que allí ya no anidaban, a pesar de que los agujeros en la tierra siguen estando.
Me he guiado por el canto de los abejarucos y, sobre todo, por un coche que estaba aparcado cerca de donde estaba yo. Allí también había alguien con su cámara y objetivo; los nidos de los abejarucos no estaban muy lejos. He aparcado justo detrás y se veía volar a los pájaros cerca, pero aún así quedaban algo lejos de mi objetivo. Ha sido al irse el coche que tenía delante cuando he aprovechado y he acercado el mío hasta una roca que servía de posadero. Aquí es donde ha comenzado el festival de tirar fotos a las aves.
Pareja de abejarucos europeosAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeoAbejaruco europeo
La foto que más me ha gustado de toda la sesión ha sido una donde he podido captar a un abejaruco en vuelo. Según la he visto en la cámara ya sabía que apuntaba a ser la foto estrella de la mañana.
Abejaruco europeo en vuelo
Están siempre pendientes a su alrededor para cazar su presa favorita: las abejas.
Más fotos en vuelo, aunque no tan bonitas como la anterior.
Abejaruco europeo en vueloAbejaruco europeo llegando al posadero
La pareja vigila los alrededores del nido y se turnan para entrar. Es escaso el tiempo que permanece junta en la roca.
Pareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosPareja de abejarucos europeosAbejaruco europeo llegando la posadero
Brevemente, ha pasado un milano negro por encima. La foto no es que sea de muy buena calidad, pero me ha hecho ilusión hacerla.
Milano negro en vuelo
Casi al tiempo de volver a casa un abejaruco me ha dado algunas poses bonitas.
Tendría una última sorpresa antes de venirme a casa. Una cigüeña blanca volaba muy bajo y creo que su intención era posarse por allí cerca, pero al ver el coche se ha marchado lejos. Me ha dado tiempo a hacerle algunas fotos chulas.
Cigüeña blanca en vueloCigüeña blanca en vueloCigüeña blanca en vuelo
Sin más que contar, me despido hasta otra aventura. No es nada descartable que vuelva a acercarme próximamente para seguir haciendo fotos a los abejarucos. La siguiente visita será por la tarde, que la luz seguramente sea mejor.
El pasado domingo, Día del Libro, no lo dediqué a la lectura. En su lugar disfruté de otra de mis aficiones: la fotografía de aves.
Desde hacía tiempo quería acercarme hasta la Sierra de la Mosca y entrar al bebedero que gestiona Rubén Cebrián en su parcela. Quise haber ido a principios de año, pero, finalmente, me dije de ir en primavera cuando hubiera más variedad de aves. Y la verdad es que me volví a casa con un recopilatorio de 16 aves distintas.
Ordenándolas alfabéticamente estas fueron las que entraron al bebedero, algunas más asiduas que otras.
Abubilla
Aunque por la zona se encuentra esta especie no es común que entre al bebedero. Su paso fue de tan solo un minuto y no llegó a beber. Tan solo estuvo andando por debajo.
Abubilla
Carbonero común
Antes de meterme en el hide sabía que entraría, pues es bastante habitual. De hecho, en mi mente no tenía pensado hacer fotos a esta especie porque son muchísimas las que tengo ya. Cambié de opinión cuando un individuo se posó y me dio bastante juego con las luces y reflejos.
Carbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero comúnCarbonero común
Escribano soteño
De esta especie tan solo me entró la hembra, más apagada que el macho. Cuando entré a este mismo bebedero en agosto de 2021 sí entraron a beber tanto el macho como la hembra.
Recuerdo que la primera vez que fotografíe paseriformes en un hide en Monfragüe, al ver un grupo de estorninos, creí que se trataban de mirlos. Me dijeron la diferencia entre uno u otro y el domingo al ver ambos en el bebedero pude distinguirlos perfectamente. Decir que uno de los estorninos me brindó las fotos que más me gustan de toda la sesión, con increíbles baños.
Junto al carbonero común, el herrerillo común era otra especie que sabía al 100% que me iba a entrar. De hecho, apenas le hice fotos debido a que, igualmente, tengo muchísimas de esta especie. De la sesión tan solo me he quedado con tres.
Herrerillo comúnHerrerillo comúnHerrerillo común
Jilguero
¡Qué bonitos son los jilgueros! Sin duda, se encuentra entre mis pájaros favoritos. Cuando era adolescente tuvimos cinco en un voladero y no paraban de cantar. Me podía pasar tranquilamente dos horas sentado en una silla viendo cómo cantaban.
JilgueroJilgueroJilgueroJilgueroJilguero
Mirlo
El mirlo es uno de esos pájaros que a mucha gente le da muy mal rollo. Al ser todo negro lo relacionan con algo malo, con la muerte (igual que a los cuervos). Sin embargo, a mí los mirlos me encantan y siempre que he podido fotografiarlos me han dado muy buenas poses. El domingo no iba a ser menos.
El pasado sábado, día 25 de febrero, fue el día para volver a la comarca de La Vera y así seguir visitando zonas que tenía en la lista desde principios de año. La idea era acometer la ruta del Trabuquete, que parte desde Guijo de Santa Bárbara.
Eran las 10:15 aproximadamente cuando mis pies se ponían en movimiento desde el pueblo. Dejé el coche a la entrada, en el aparcamiento de la plaza, y desde ahí crucé la población en busca del Restaurante El Trabuquete, pues desde aquí parte el camino que te lleva hasta el charco.
Restaurante El TrabuqueteCartel informativo
Al principio, el camino desciende ligeramente. Hay que estar pendiente de una bifurcación para no tomar el camino equivocado. Aunque parezca confuso, no hay que coger el camino que baja al río. Se debe coger el de la derecha, aunque, una señal en una roca te lo indica claramente.
Camino de bajadaIndicaciones al Trabuquete
Al fondo se veía el sistema montañoso de Gredos. Por allí arriba debía hacer frío.
Hacia el Charco del Trabuquete
El primero de los puentes que cruza el río aparece. Aquí recordé una anécdota que pasó hace casi 26 años durante unas vacaciones familiares y con amigos en nuestra búsqueda hacia el objetivo del día.
Primer puente encontrado
A partir del puente anterior el camino comienza a ascender suavemente. Y es cuando las piernas empiezan a andar más despacio. Suerte que ese día estrenaba el bastón de senderismo que me regalaron mis amigos en mi cumpleaños y me ayudaba durante la subida.
En un momento dado, me di la vuelta y las vistas de todo lo caminado eran muy bonitas.
Vistas subiendo al Charco del Trabuquete
Cuando la cuesta termina, giras en una curva y ya se ve el charco. El esfuerzo mereció la pena, pues corría bastante agua (aunque no toda la que debería llevar).
Charco del TrabuqueteCharco del TrabuqueteCharco del Trabuquete
Mientras me comía un bocadillo para retomar fuerzas vi posado en un roca a un mirlo acuático. Aunque la foto es pésima, menos es nada.
Mirlo acuático en El Trabuquete
Esta ocasión, Mery y Pepe no se quedaron atrás y me acompañaron en el viaje. También quisieron su momento de gloria.
Mery y Pepe en el Charco del Trabuquete
Una última foto con el bastón antes de seguir con los planes del día. Este es el inicio de unas cuántas rutas con él. En otoño espero que me acompañe a rutas senderistas mucho más espectaculares.
Bastón en El Trabuquete
Una vez terminado el bocadillo, decidí subir unos metros más arriba hacia la Poza de la Estaca. Se encuentra a tan solo 5 minutos. Por el camino seguí fotografiando los saltos de agua.
Saltos de aguaSaltos de aguaPuente y Poza de la EstacaPoza de la Estaca
Aquí decidí darme la vuelta y volver hacia el pueblo. Para los más valientes (yo lo fui en el año 2011), se puede seguir la ruta hacia el Refugio de las Nieves. Es un buen tirón, pues recuerdo que el camino estaba lleno de piedras que te reventaban los pies.
Sobre las 13:30 más o menos estaba de vuelta. Comí en el Restaurante El Trabuquete. Tan solo pedí un plato: espaguetis negros con sepia y pimentón de La Vera. Me encantó.
Último vistazo hacia la Sierra de GredosEl pueblo está cercaEspaguetis negros con sepia y pimentón de La Vera
Mirador La Serradilla y Cascada del Diablo (tarde)
La idea era haberme vuelto a Cáceres nada más comer, pero, visto que aún eran tan solo las 14:45 miré en el mapa si Villanueva de la Vera quedaba muy lejos. Como estaba a media hora decidí ir hasta allí y así ver la Cascada del Diablo, que intuía que debía llevar algo de agua.
Pero antes de eso me topé con el Mirador La Serradilla, ubicado en la carretera que une Guijo de Santa Bárbara con Aldeanueva de la Vera. Me tomé 10 minutos para hacer fotos.
Llegada al miradorGuijo de Santa Bárbara desde el miradorJarandilla de la Vera desde el miradorMery y Pepe postureandoMery y Pepe postureando
Sobre las 15:30 llegué hasta el aparcamiento de la Cascada del Diablo, no sin que antes me cayeran granizos en Villanueva de la Vera, aunque fue poca cosa.
Aparcamiento de la Cascada del Diablo
En apenas 10 minutos estás ante la cascada. Me alegró ver que llevaba bastante agua, no obstante, siendo sinceros, debería llevar mucha más. Este es el caudal que debería llevar en mayo. Si no llueve durante la primavera, la cascada pinta muy mal en verano.
Cascada del DiabloCascada del DiabloMery y Pepe en la Cascada del DiabloCascada del Diablo
Y este fue mi día por La Vera el pasado sábado. Creo que fue bastante completo y lleno de recuerdos, pues durante las vacaciones veraniegas mencionadas anteriormente del año 1997 también estuvimos pasando un día en la Cascada del Diablo.
Sin más que decir, me despido hasta otra aventura. Siendo realistas, no sé cuándo ni dónde será, pero ya se me ocurrirá algo 🙂
El pasado sábado, día 21 de enero, fue un día para volver a una de mis comarcas favoritas de Extremadura: La Vera. Era un viaje que tenía en mente desde hace un mes, pues tras las lluvias del mes de diciembre era previsible que por las gargantas corriera bastante agua.
Como con la meteorología nunca se sabe y es incierto cuándo va a volver a llover, quería acercarme antes de que se metiera la primavera. Fue a mediados de semana cuando tomé la decisión de realizar la visita. Además, desde mis vacaciones otoñales por Asturias no había vuelto a salir de aventura y tenía ganas de echarme de nuevo al campo.
La primera parada fue en Cuacos de Yuste. Descubrí casualmente el Mirador de las Ollas y me lo apunté en la lista como visita obligada.
Mirador de las OllasMirador de las OllasMirador de las Ollas
El paraje me encantó. Y me llevé una alegría enorme al ver cómo corría brava el agua por la garganta. Después de la enorme sequía del año pasado es una delicia ver los ríos y embalses recuperados.
La siguiente parada fue el Mirador de la Serrana, en las inmediaciones de Garganta la Olla. Para llegar hasta allí tomé la carretera que sube al Monasterio de Yuste y luego cogí el camino vecinal (asfaltado) hasta Garganta la Olla. Su ubicación no resulta nada complicado encontrarlo.
La SerranaLa SerranaVistas desde el mirador hacia Garganta la OllaVistas desde el mirador hacia Garganta la Olla
Y justo antes de entrar en el pueblo hice una parada en Garganta Mayor, lugar donde en verano los turistas (y no turistas) se dan un muy refrescante baño en la piscina natural. De aquí tengo recuerdos de unas vacaciones veraniegas en familia, allá por el año 1997 o 1998.
Garganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta MayorGarganta Mayor
Como aún quedaba tiempo para la hora de comer decidí hacer una visita al interior del Monasterio de Yuste. Ya entré hace algunos años y mi objetivo tan solo era hacer una foto desde el jardín. Tuve que pagar la entrada básica (7 euros) para poder hacerlo. Además, de tener que aguantar las impertinencias de cierto guarda de seguridad que observaba con lupa cada paso que daba. No sé si es que me vio con cara de querer hacer algún acto de vandalismo.
Monasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de YusteMonasterio de Yuste
De vuelta en Cuacos de Yuste comí en el Hotel Restaurante Moregón, situado en la avenida principal del pueblo (avenida de la Constitución para ser más exactos). De primero comí unos entremeses. Y de segundo, cabrito al horno. Decir que el segundo plato me encantó.
Entremeses de primeroCabrito al horno de segundo
Para terminar mi aventura por La Vera decidí pasar mi última hora en el cementerio de los alemanes. Se ubica en la carretera de subida al Monasterio de Yuste. No tiene pérdida alguna y desde la misma carretera se ve.
Cementerio de los alemanesCementerio de los alemanesCementerio de los alemanes
Antes de acabar, decir que tanto Garganta la Olla como Cuacos de Yuste forman parte de los cinco conjuntos históricos-artísticos de la comarca. Yo no me di un paseo por ellos, pero bien merece la pena recorrer cada uno de sus callejones. Os animo a visitar esta entrada del blog que publiqué hace unos años y donde recopilo la visita a las cinco poblaciones:
Sin más que decir, fue una breve visita por esta preciosa comarca del norte de Extremadura. Junto al Valle del Ambroz en otoño son las dos que más me gustan de nuestra región.
De cara a la primavera quiero volver a la zona para seguir haciendo fotos. Y, sobre todo, para disfrutar una vez más de mis dos aficiones favoritas: turismo y fotografía.
El pasado 2 de enero comencé el año como a mí me gusta: saliendo a tirar fotos. En los últimos años he estrenado el primer mes yendo a alguno de los hides de El Millarón. En ocasiones pasadas fue el águila imperial o varios paseriformes.
En el mes de diciembre llamé a El Millarón para preguntar por la disponibilidad del hide de águila imperial, que si bien es cierto ya tenía fotos obtenidas en el mes de enero de 2020, quería volver a repetir la experiencia debido a que fue uno de los mejores momentos que he vivido fotografiando fauna. Hablando con Teo me dijo que tenían disponible también el hide de elanio azul. ¡Menuda cabeza tengo! Era algo que sabía y tenía ganas de entrar desde el mes de septiembre, cuando pusieron en marcha este hide. Por tanto, realicé la reserva para el día 2 de enero y así estrenar el Año Nuevo como Dios manda.
Eran las 9:30 aproximadamente cuando llegué hasta el hide. Enseguida, supe que iba a tener fortuna, pues el elanio estaba posado en un poste esperando su comida. Posteriormente, nos vigilaba desde una encina.
Apenas pasaron 30 segundos desde que se fue el guía cuando vi que se lanzó a los posaderos. Suerte que tenía ya preparados todos los parámetros de la cámara para poder fotografiarlo con toda su belleza.
Elanio azul llegando al posaderoElanio azul en vueloElanio azul en vuelo
En la primera bajada tan solo me centré en intentar captarlo en vuelo. Enseguida, se marchó y dio paso a un pequeño alcaudón real que observaba todos los movimientos del elanio. Él también quería su festín.
Alcaudón realAlcaudón realAlcaudón real dándose su festínAlcaudón real dándose su festín
En tan solo 15 minutos, tanto el elanio como el acaudón terminaron con su comilona. Teo volvió a bajar al hide para darles más comida y así seguir captando a estas bellas aves, aunque, en la segunda tanda tan solo me centré en fotografiar al elanio con el Canon 400mm f2.8, que la marca pone a disposición de los clientes de Canon. Disfruté como un niño chico, igual que siempre que le he dado uso, al tener a ese pedazo de «pepino» en mis manos.
En apenas una hora y cuarto la sesión de elanio azul había terminado. En la tarjeta de memoria me llevé un gran número de fotografías y en la cabeza un imborrable recuerdo de un ave que llevaba tiempo queriendo fotografiar. Tenerlo delante a escasos metros es una sensación indescriptible.
El año 2023 ha empezado tirando fotos a una especie bonita. Si los planes siguen su curso espero poder finalizarlo (por noviembre aproximadamente) de la misma manera. Y es que desde octubre de 2021 tengo una espina clavada por no haber logrado fotos de otra ave que tengo en la lista desde hace años. Y no voy a parar hasta lograrlo.
Sin más que contar, me despido hasta otra aventura. De cara a la primavera espero poder traeros más fotos, tanto de fauna como de paisajes.