La semana pasada estuvo lloviendo sin parar prácticamente a diario, por lo que intuí que las gargantas del Valle del Jerte iban a estar hasta arriba de agua. El jueves miré el tiempo que iba a hacer el sábado y me llevé una alegría al ver que tendría un día soleado. Así que me decidí a la hora de programarme una visita a la comarca del Jerte.
Cascadas de las Nogaledas
La primera de las paradas fue las Cascadas de las Nogaledas, en Navaconcejo. Creo que era la cuarta vez que iba a visitarlas y el objetivo era ir cargado con el minitrípode para captarlas con el efecto seda. Es una ruta sencilla, sin apenas desnivel y apta para niños.
Cascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las NogaledasCascada de las Nogaledas
Cascada delCaozo
Antes de parar a comer me acerqué hasta Valdastillas y así fotografiar la Cascada del Caozo, formada en la Garganta del Bonal. Igualmente, intuí que iba a ir cargada de agua, sin embargo, lo que no intuí era que iba a estar más cargada aún de gente. Aquello parecía una romería. Filas de coches para aparcar, fila de gente para acceder a la pasarela. En resumen, un engorro. Luego, caí en la cuenta de que en Piornal se estaba celebrando su fiesta grande: el Jarramplas. De ahí tanta gente visitando la Cascada del Caozo, que apenas se tardan 3 minutos en subir a ella desde donde aparcas el coche. En mi caso, ni siquiera accedí a la pasarela. Hice un par de fotos desde el suelo y me conformé con eso.
Garganta del BonalCascada del Caozo
Los Pilones
Y para finalizar el día hice la ruta corta hasta Los Pilones. Parte desde el Centro de Interpretación de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos y apenas son 3 kilómetros hasta el puente. Al hacer la ruta después de comer, sudé algo la gota gorda, pero me la tomé con tranquilidad, puesto que aún tenía casi tres horas de sol.
Sinceramente, creía que iba a encontrarlos con más agua, no obstante, me encantaron. Ir a esta zona siempre es especial, no por su belleza sino por los recuerdos de la primera visita en el verano de 1996, contando con apenas 10 años (camino de 11).
Los Pilones del Valle del JerteLos Pilones del Valle del JerteLos Pilones del Valle del Jerte
Y sin más, me despido de mi aventura por el Valle del Jerte el pasado sábado 20 de enero. En la agenda no tengo programada ninguna visita más por ahora. Aunque sí es cierto que tengo cosas en la cabeza de cara a la primavera. Ya os contaré si finalmente las llevo a cabo.
El sábado 25 de noviembre me acerqué por la tarde hasta Montánchez, localidad cercana a Cáceres, para adentrarme en su castañar. Quince días atrás estuvo un amigo y al mandarme fotos vi que estaba aún demasiado verde, por lo que deduje que en un par de semanas tomaría el color ocre y amarillo que me hubiera gustado.
Sobre las 16:00 mis pies se ponían en movimiento y se dirigían hacia el castañar. Los malos presagios aparecieron enseguida al ver desde lejos el castañar sin apenas hojas. Por momentos, mantuve la esperanza de que se tratara de los robles, que siempre tiran la hoja antes, pero la realidad era que tampoco se veía el monte lleno de color como otras veces.
Al llegar hasta los primeros castaños confirmé que estaban prácticamente pelados de hojas. Este otoño ha sido muy raro. Llegó muy tarde debido a los calores de primeros de octubre; y se ha ido súper rápido. Otros años he accedido a este castañar el último día de noviembre y aún quedaban la mitad de las hojas en los árboles. Resumiendo: no entiendo este otoño de mierda.
Paseé un ratito por él para captar algunas fotos. Al menos, me sirvió para salir de casa y desconectar un poco.
Castañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezCastañar de MontánchezMontánchezMontánchezCabra
Creo que con esta salida daré por finalizadas las aventuras otoñales del 2023, que ya da signos de agonizar. Siendo realistas, no ha sido el mejor otoño que he fotografiado, aunque, bien es cierto que he viví emociones fuertes el día que fui a las Gorgas de Alba, en el Valle de Benasque; al hayedo de Salenques, en el Valle de Barrabés; o en la carretera del Puerto de Honduras, en el Valle del Ambroz.
Sin más que contar, en mi cabeza ya tengo un esbozo del posible destino otoñal del año que viene. Aunque será el primero de muchos años que no tenga seguro de si voy a poder ir. En caso de que sí se pueda, ya sabéis: el otoño del norte está por encima de cualquier otro. Y será en una Comunidad Autónoma que aún no he pisado 🙂 🙂 🙂
El sábado 18 de noviembre, dos semanas después de mi vuelta a Extremadura tras mis aventuras por Los Pirineos, fue el día para visitar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz.
Un par de días antes me entró el gusanillo de volver a salir al monte para fotografiar el otoño. Me puse a pensar y llegué a la conclusión de que hacía 4 años, en concreto desde septiembre de 2019, que no iba a los Castaños del Temblar, en Segura de Toro. Aun sabiendo que la entrada en otoño a este castañar privado está restringida desde octubre a enero, decidí ir hasta ellos. Como siempre he sido muy respetuoso con este entorno tan solo quería hacer algunas fotos a los castaños y seguir visitando la zona. Por supuesto, sin recoger ninguna castaña ni subirme a los árboles. Puede parecer algo normal, pero recuerdo en el año 2019 ver a una madre subir a sus hijos pequeños a los árboles para hacerles fotos de postureo. Me dio muchísima rabia porque gracias a estas personas irresponsables es por lo que se prohíbe luego la entrada.
Dicho esto, eran las 10:15 aproximadamente cuando llegué hasta este precioso rinconcito. La bienvenida, como siempre, fue espectacular con el musgo en las rocas.
Llegada al castañar
El Castaño Hondonero es el primero en saludarte. Tenía un color otoñal brutal, en el que se mezclaban hojas marrones, amarillas y algunas verdes.
Unos metros más arriba el Castaño del Arroyo reclama su atención. Es el más viejito de todos. Y puede que el más bonito también. Eso es una lucha que tiene con el Hondonero.
Castaño del ArroyoCastaño del ArroyoCastaño del ArroyoCastaño del Arroyo
Mis pasos me llevaron hasta el Castaño Menuero. Quizá, sea el más fotogénico debido a la forma de su tronco. Desde luego, es donde más tiempo he echado siempre que he ido a fotografiarlo.
Castaño MenueroCastaño Menuero
El Castaño Retorcío es el que siempre me encuentro con las hojas más verdes. Es curioso que los cinco castaños estén en un entorno súper pequeño, donde puedes recorrer todos los castaños en apenas 10 minutos, y cada uno tenga su tiempo de tirar las hojas.
Castaño Retorcío
Y para finalizar me acerqué hasta el Castaño Bronco. Es el que más me cuesta fotografiar siempre debido al enorme contraste de luces y sombras. También es cierto que siempre he visitado este castañar por la mañana. Quizá, si fuera por la tarde, el sol está en una posición donde me cueste menos tirarle fotos.
Castaño Bronco
Pero esto siempre me pasa en uno de los frentes del castaño. A la otra parte, la luz es espectacular y me recreé de lo lindo tirando fotos.
Castaño BroncoCastaño BroncoMery y Pepe en el Castaño Bronco
Antes de abandonar definitivamente el castañar, me entretuve haciendo fotos al arroyo. Aquí di uso al minitrípode que mi hermana me regaló por mi cumpleaños para lograr el efecto seda en el agua.
Arroyo del TemblarArroyo del Temblar
Justo antes de iniciar el camino de vuelta al pueblo, el sol se coló entre las ramas de los castaños y aproveché para hacerle una foto a contraluz.
Despidiéndome del castañar
De vuelta en el pueblo me asomé al Mirador El Canchal de la Cigüeña. No era mucho lo que veía porque las nieblas tapaban todo.
Mirador El Canchal de la Cigüeña
El coche se dirigió hacia la que, quizá, sea la carretera más espectacular del Valle del Ambroz en otoño: el Puerto de Honduras. Esta carretera une el Hervás con Cabezuela del Valle, es decir, el Valle del Ambroz con el Valle del Jerte. Nada más internarme en los primeros castaños supe que iba a ser espectacular. El otoño aquí estaba dando las últimas bocanadas de aire, pero, precisamente, los castaños tenían el color marrón oscuro que a mí tanto me fascina. Toda la carretera era un espectáculo y le dediqué casi dos horas a fotografiarla.
Carretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de HondurasCarretera del Puerto de Honduras
Y, si pasas por esta carretera, es parada obligatoria en el camino que baja desde un pequeño estanque. Como he dicho otras veces que lo he visitado, es mi camino favorito de todos los que he recorrido en el Valle del Ambroz.
Camino otoñal en el Valle del AmbrozCamino otoñal en el Valle del AmbrozCamino otoñal en el Valle del AmbrozSenderistas en el camino
Ese día Hervás estaba hasta arriba de gente, por lo que me fui a comer al Hotel Sinagoga. La primera vez que entré aquí fue hace unos años y me llevé una buena impresión. En aquella ocasión fui a cenar con mi amiga Estela cuando ella vivía allí. Repetí lugar para comer y he de decir que las endivias con salsa de roquefort y los medallones de solomillo estaban divinos.
Una vez llenada la barriga tenía toda la tarde por delante para seguir tirando fotos. Y no dudé a la hora de volver a coger la carretera del Puerto de Honduras para hacer parada en los arroyos.
Primero, fotografié el entorno de la Fuente del Pedregoso. El río Gallego llevaba bastante agua y me dio buenas tomas. Y el minitrípode volvió a estar a la altura.
Río GallegoRío Gallego
Pero, el objetivo real de la tarde, era acercarme hasta el Arroyo Romanillo. Por la mañana, de vuelta al pueblo, pude ver a muchos senderistas allí descansando y comiendo, así que decidí visitarlo después de comer.
Aquí fue donde más disfruté haciendo fotos. A cada paso que daba veía una toma distinta. Estaba tan inspirado, que estuve también casi dos horas fotografiando este pequeño arroyo. Y la distancia recorrida sería de apenas 150 metros.
Sobre las 17:00 puse fin a esta aventura otoñal por el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Y lo hice plenamente emocionado después de varios años donde apenas me llamaba la atención.
Hace unos años me aburría ya tanto visitar siempre los mismas zonas de otoño de Extremadura que fue cuando empecé a visitar otros otoños del país: Asturias, Castilla y León, País Vasco, Aragón o Cataluña. No obstante, alguna escapada hacía al otoño extremeño igualmente, pero sin apenas emocionarme.
Desconozco las causas, pero este otoño 2023 he recuperado la ilusión y emoción al fotografiar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Puede que sea porque en Los Pirineos no tuve mucha fortuna con el colorido en Ordesa. O porque solo encontré un otoño bonito en mis últimos días allí. Lo mismo es que hacía muchos años que no entraba a los Castaños del Temblar y reencontrarse con estos seres siempre es especial. O, simplemente, puede que sea que el otoño en el Valle del Ambroz fue el primero que fotografié cuando me inicié en la fotografía de paisajes allá por 2011. Sea una cosa u otra, este año donde más he disfrutado tirando fotos al otoño ha sido aquí, en casa, en el Valle del Ambroz, en nuestra querida Extremadura. El otoño en Los Pirineos es brutal, espectacular, mágico y sigo diciendo que está tres o cuatro niveles por encima del otoño extremeño, pero mostraros paisajes de mi tierra siempre es especial y, en eso, no puede hacerle la competencia ni Ordesa, ni Benasque, ni el Valle del Arán.
El jueves 2 de noviembre estaba programado para entrar a un hide fotográfico de quebrantahuesos en Buseu (Lleida), sin embargo, el día de antes hablé con quien lo gestiona y me dijo que iba a llover muchísimo, provocando que el éxito de fotografiar a las aves fuera a ser escaso. Me dio mucha rabia, pues veía que, otro año más, me iba a volver a Cáceres sin las preciadas fotografías. Me indicaron que el viernes, día de mi vuelta, estaba disponible el hide por la mañana y no daba lluvia, por lo que el éxito estaba prácticamente garantizado. Pero, claro, yo ese día me tenía que volver.
Empecé a darle vueltas a la cabeza y moví mis hilos para ver si era posible ampliar la estancia un día más. Tras consultarlo en el hotel, me dijeron que no había problema. Así que, sin dudarlo, me quedé hasta el sábado para intentar lograr mi objetivo.
Iba de camino al hide en el coche y enseguida supe que esta vez sí iba a ser la definitiva. Los buitres esperaban ansiosos su festín y algún que otro quebrantahuesos volaba alrededor buscando comida. Me quedé muy sorprendido al ver a Gerard preparar la carroña y los buitres estaban alrededor siguiéndole como si hubieran pasado meses desde la última comilona.
Apenas diez o quince minutos después de que él se fuera, los buitres alzaron el vuelo y llegó el momento de los quebrantahuesos. Vi varios revolotear por encima del hide y me quedé embobado observando su elegancia al hacer los giros. Por encima de tirarles fotos, la experiencia fue inolvidable al ver al Señor de los Cielos Pirenaicos tan cerca.
Cuando llevaba una hora y media haciendo fotos, eran tantas las que tenía ya en vuelo y posando, que me dediqué única y exclusivamente a observarlos.
Sobre las 13:00 di por finalizada mi sesión estando emocionado y orgulloso por las fotos que había conseguido. De todas las espinas clavadas que me quedaron en el año 2021, sin ningún tipo de duda, la que más me dolió fue la de no haber conseguido ni una sola foto de los quebrantahuesos en otro hide fotográfico. En 2023, para compensarlo, me volví a casa con 2100 fotos, de las cuales, apenas me he quedado con 110. Yo os dejo por aquí con las que más me han gustado.
Este fue el cierre definitivo a unas memorables vacaciones por Aragón y Cataluña. Puse el broche de oro y diamantes consiguiendo fotos de un ave que tenía fijado desde hace 4 años aproximadamente.
Ejemplar joven de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar joven de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar joven de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar joven de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesosEjemplar adulto de quebrantahuesos
El día 1 de noviembre me levanté siendo consciente de que mis vacaciones por el norte llegaban a su fin. Tan solo me quedaba visitar un sitio más para luego tomar rumbo al interior de Lleida y así intentar la fotografía de una bella ave.
Los planes para este día era subir con el coche hacia el Valle de Toran y así hacer una ruta con el coche, sin embargo, aún me sentía agotado mentalmente de tanto viajar. Por tanto, decidí olvidarme de ello y, en su lugar, acercarme hasta la Cascada Uelhs deth Joéu, cerca de la Era Artiga de Lin. Incluso, existe una ruta de apenas 3,5 kilómetros que parte desde la era, pero ni siquiera me apetecía caminar esos kilómetros. Llegué con el coche hasta el aparcamiento que se encuentra a escasos 5 minutos andando de la cascada y así ganar tiempo. Al llegar a ella, me impresionó su belleza. Allí estaban las aguas que desaparecían debajo de tierra en el Forau de Aiuguallut, dentro del Valle de Benasque, para aparecer en el Valle de Arán.
Llegada al aparcamientoCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuCascada Uelhs deth JoèuMery, Pepe y Chewi en la Cascada Uelhs deth JoèuMery, Pepe y Chewi en la Cascada Uelhs deth Joèu
No solo la cascada era espectacular. El entorno que la rodeaba dejaba también con la boca abierta. Yo no quería irme de allí.
Entorno de la Cascada Uelhs deth Joèu
Con cierta pesadez, decidí que era hora de marchar, aunque, primero subiría con el coche hasta el Refugio de Artiga de Lin. Allí había también muy buen color otoñal.
Entorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinRefugio de la Artiga de LinRefugio de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de LinEntorno de la Artiga de Lin
Antes de abandonar la zona hice unas últimas fotos al otoño del 2023 por Los Pirineos.
Despidiéndome del otoño en Los PirineosDespidiéndome del otoño en Los PirineosDespidiéndome del otoño en Los Pirineos
Aquí pondría punto y final a las visitas turísticas de mis vacaciones por el norte. Lo hice con mucha pena, con el corazón en un puño y enviando un vídeo de la cascada a un amigo de Córdoba diciéndole «vaya despedida de vacaciones estoy teniendo».
Me monté en el coche y fui hasta la Pobla de Segur, pueblo del interior de Lleida. Allí me esperaba al día siguiente una actividad fotográfica llena de emociones fuertes, pero la lluvia truncó esos planes. Tuve que alargar la estancia un día más para poder llevarla a cabo. Y es que yo no me iba a volver una vez más a mi tierra sin una sola foto de los quebrantahuesos. Finalmente, el viernes 3, día que estaba programada mi vuelta, tuve la oportunidad de fotografiarlos y de observar su elegancia volando. Eso sí que fue una despedida a lo grande de mis vacaciones otoñales del 2023.
Análisis del otoño 2023
La primera vez que conoces el otoño en Ordesa el impacto es tan grande que no quieres marcharte de allí nunca. Deseas vivir eternamente entre esos paisajes de cuento. La emoción puede contigo y te vuelves a casa contando los días para volver. Miras, revisas y vuelves a revisar todas las fotos realizadas con nostalgia, recordando los momentos que has pasado allí.
Todo esto es algo que sentí en 2021, año en que pisé por primera vez el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Este año la cosa ha sido muy diferente. Ya estaba preparado para reencontrarme con el otoño allí y el impacto ha sido menos fuerte. Hay que añadirle que, además, este año el otoño ha ido con mucho retraso y yo pillé aún todo muy verde. No obstante, volver a Ordesa fue especial y rememoré cada viaje realizado dos años atrás, además de disfrutar los lugares nuevos que estaba conociendo.
Para mí ha sido especial quitarme las espinas clavadas de no haber realizado la ruta de la Senda de los Cazadores, no haber visto Monte Perdido o no haber tenido la fortuna de ver las cascadas con mucha agua en 2021. Todas esas cuentas pendientes ya están saldadas y, aunque no lo tengo ya como prioridad, sé que si el dinero y la salud me lo permiten, tarde o temprano, volveré al Parque Nacional.
El colorido otoñal que no encontré en Ordesa lo vi en el Valle de Benasque y en el Valle de Arán. Y me sobrecogieron sus paisajes llenos de color. Sinceramente, esperaba algo menos y era consciente de que llegar al nivel del Parque Nacional era complicado, pero ambos valles han estado a la altura de lo que esperaba, incluso, lo ha superado.
Como cuentas pendientes me quedo la visita a la Estación de Canfranc, la ruta de las tres cascadas de Cerler y dedicarle más tiempo al Valle de Arán. La primera me dolió bastante no haber podido ir finalmente; la segunda me fastidió, pero no fue algo traumático; la tercera es algo que sabía que iba a pasar porque el objetivo era una primera inspección para un futuro viaje de más días. Así será. No sé cuándo, pero tengo claro que debo volver al Valle de Arán para pasear por sus pueblos, caminar por sus múltiples rutas senderistas y traerme a casa otro bello recuerdo.
Sin más, hasta aquí mis aventuras otoñales por el norte de España. Aunque aún queda contaros una aventura otoñal más. Esa ya, en mi querida Extremadura.
El martes 31 de octubre, tras haber completado la ruta por el hayedo de Salenques por la mañana, ponía rumbo al Valle de Arán para acercarme con el coche hasta la Cascada Saut deth Pish. Aún tenía media mañana y toda la tarde por delante y me daría tiempo de sobra a visitarla.
Tengo que decir que tomé el camino más rápido y que más gente acomete: la subida con el coche. Una vez aparcado, en menos de 5 minutos están observando la cascada. Al llegar, tras vueltas y más vueltas por una carretera estrecha, tan solo vi a tres personas en el mirador, por lo que pude deleitarme haciendo bastantes fotos. Como no hay ruta a seguir, os pondré en una galería todas ellas.
Aunque no era mucha el agua que llevaba, la cascada me resultó bastante bella.
Aún me quedaba medio bocadillo de por la mañana y, al ser ya la hora de comer, decidí sentarme a comérmelo tranquilamente antes de terminar con la visita.
La idea era haberme acercado también hasta la Cascada Uelhs deth Joéu, a pesar de que me caía a casi una hora de viaje en coche. Tiempo tenía de sobra, pero, aquí sí que sí, mi cuerpo dijo BASTA y no me encontré con el ánimo de visitar nada más. El cansancio que tenía no era físico por haber estado casi 15 días haciendo rutas sin parar. Estaba agotado mentalmente por tantas y tantas horas de coche conduciendo. Y aún me quedaba la vuelta a Extremadura cuatro días después. Así que decidí ir hasta el hotel en el que me iba a alojar en el Vielha y descansar el resto de la tarde. Al día siguiente, sí visitaría la Cascada Uelhs deth Joéu para poner fin a las visitas turísticas de mis vacaciones otoñales 2023. Aunque todavía quedaría poner la guinda final tirando fotos al señor de los cielos pirenaicos.
El martes 31 de octubre abandoné el Valle de Benasque para poner rumbo al Valle de Arán, ya en Cataluña, sin embargo, hice una parada en el Valle de Barrabés, encuadrado también en el Parque Natural Posets-Maladeta. Este valle está a la otra parte del Valle de Benasque, es decir, los separan montañas y más montañas. Dicho esto, hay que dar un gran rodeo para llegar hasta él, quedando más cerca incluso del Valle de Arán que del Valle de Benasque.
La ruta por el hayedo de Salenques estaba marcada en rojo en el calendario y estaba deseando que llegara tal día, a pesar de que eso suponía que mis aventuras por el norte español tocarían su fin. Meses atrás vi fotos por las redes de este pequeño rinconcito del Pirineo Aragonés, por lo que cuadré la agenda para hacerle una visita.
Mi idea era haber dedicado toda la mañana a esta ruta. Quería deleitarme haciendo fotos con el trípode ligero, que me había llevado de viaje principalmente para esta ruta, pero no fue posible debido a que en mi primer día de ruta por Ordesa (ruta de Turieto a Torla) se rompió una pata del trípode y ya no servía. En el coche llevaba también el trípode grande, el que ya tan solo utilizo para fotografía de aves en los hides fotográficos, pero se me hacía muy pesado ir cargado con él a cuestas durante toda la ruta.
Comienza al final del Embalse de Baserca. Allí se puede dejar el coche en un pequeño aparcamiento. Mi llegada fue sobre las 10:30 y, enseguida, me puse en movimiento.
Inicio de la rutaEmbalse de BasercaAguas del río Salenques
En apenas cinco minutos te internas en la profundidad del hayedo de Salenques. Mis pensamientos me decían que el hayedo aún estaba muy verde y que no iba a tener suerte con el color otoñal.
Hayedo de SalenquesRío SalenquesHayedo de SalenquesHayedo de Salenques
Pero, pronto, según iba ascendiendo por el hayedo, el color verde empezó a cambiar hacia amarillos y marrones. Y, además, las sucesivas cascadas que se formaban en el río hacían un paisaje digno de admirar. Menuda rabia me dio no haber podido llevar el trípode para tirar fotos en condiciones.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Llegué a un punto que era muy fotogénico y me entretuve bastante tirando fotos con distintos encuadres.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Seguí avanzando hayedo arriba, pero apenas me movía unos metros y volvía a pararme para seguir captando la belleza del hayedo por el que caminaba. Aquello parecía un cuento de fantasía.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Estaba empezando a cansarme de subir entre los árboles. Si no hubiera sido por el increíble entorno por el que paseaba me habría dado la vuelta, pues el cuerpo me mandaba un mensaje diciéndome que debía parar. No obstante, no le hice caso y me hice fuerte mentalmente. Yo no quería abandonar aquel entorno y seguí en busca del puente que cruza a la otra parte del río.
Hayedo de Salenques
La sucesión de caídas de agua era continua y me paraba en cada una de ellas. Así también aprovechaba para descansar un poco.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Llegué a la parte más oscura del hayedo. Aquí me las tuve que ingeniar para poder tirar fotos que estuvieran bien expuestas.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
La llegada a una gran cascada me hizo ver que, pronto, estaría cruzando el puente que lleva a la otra parte del río.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Al fin, llegué al puente y tiré algunas fotos desde él.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Podía haber seguido la ruta sin cruzar el puente y así llegar hasta la Cascada del Pi, pero decidí seguir la ruta circular y volver hacia el punto de partida por la otra parte del río.
Indicaciones hacia el Embalse de Baserca
La vuelta no me resultó tan atractiva como la ida. Enseguida, al ver que el camino se apartaba del río, me di cuenta que la mejor opción era haber vuelto por dónde había subido.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Tan solo me entretuve bastante rato en un punto donde el camino se aproximó al río y decidí bajar a través de unas rocas. Un resbalón casi llegando al río hizo que me cayera de culo, por lo que aproveché para quedarme sentado y tirar las fotos que iba buscando.
Otoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río SalenquesOtoño en el río Salenques
Las últimas fotos las hice llegando casi al inicio de la ruta.
Otoño en el río SalenquesLlegando al inicio de la rutaHayedo de Salenques desde el exterior
Esta sería mi última ruta senderista por el Pirineo Aragonés y también de las vacaciones. Y, sinceramente, es una de las que más disfruté por el increíble entorno en el que se hallaba el hayedo de Salenques. Sin ningún tipo de duda, si algún día paso cerca, volveré a internarme en la profundidad de este hayedo.
Sobre las 12:30, dos horas después de haber iniciado la ruta, puse rumbo al Valle de Arán. Esa misma mañana visitaría una de sus cascadas más famosas: Saut Deth Pish.
No ha sido hasta hoy cuando me he dado cuenta de que también podía migrar los suscriptores del antiguo blog a este nuevo (lo sé, soy un desastre). Por tanto, han sido muchas las entradas que no habéis recibido vía correo electrónico o a través de WordPress. A partir de hoy volveréis a recibir notificaciones cada vez que haya movimiento en el blog nuevo.
Os dejo un listado de las aventuras del último mes durante mis vacaciones por Los Pirineos ordenadas de más antigua a más nueva, por si os apetece echarle un vistazo:
Aragón – Valle de Vió: reencuentro con el Bosque de la Pardina del Señor
El lunes 30 de octubre amaneció por el Valle de Benasque cerrado de nubes y cayendo el diluvio universal. Desde el día de antes sabía que los planes para el lunes se iban a truncar, por lo que decidí tomármelo de relax y dar descanso al cuerpo. Abandoné el Hotel El Pilar (al fin) bastante temprano y tenía todo el día por delante. Como la llegada al Hotel Eriste se me hacía muy pronto decidí ir con el coche hasta el Valle de Estós. Una semana antes, en mi ruta por la Senda de los Cazadores, el hombre de Zaragoza me dijo que era el valle que más le gustaba de toda la zona de Benasque. Yo no iba a acometer ninguna ruta, pero me apetecía inspeccionar la zona por si en el futuro vuelvo al Valle de Benasque.
Sobre las 10:30 llegué hasta el aparcamiento del Valle de Estós. La lluvia no menguaba y saqué el paraguas para dar una vuelta rápida por allí. Haciendo malabares conseguí tirar algunas fotos al monte, que lucía un otoño bonito.
Valle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de EstósValle de Estós
Apenas estuve allí media hora. Antes de ir hasta el nuevo hotel decidí subir por la carretera del Valle de Benasque en dirección a los Llanos del Hospital, sin embargo, en lugar de coger el cruce que baja hasta dichos llanos, continué carretera arriba sin saber dónde me llevaba. No me quedó más remedio que darme la vuelta cuando vi que la carretera no continuaba y moría en el monte. Aparqué en una gran explanada e hice algunas fotos desde lo alto hacia los Llanos del Hospital.
Vistas hacia los Llanos del HospitalVistas hacia los Llanos del HospitalCascada en la carreteraCascada en la carretera
Como la lluvia seguía sin dar tregua, me monté en el coche y, ahora sí, puse rumbo hacia el Hotel Eriste, pero antes haría una parada para fotografiar el otoño por última vez en el Valle de Benasque.
Otoño en el Valle de Benasque
Ya por la tarde, desde la habitación del Hotel Eriste, vi que la lluvia había parado y decidí salir a la terraza. Al levantarse las nubes y quedarse más o menos despejado, comprobé que lo que había caído en forma de agua durante el día por el Valle de Benasque, lo había hecho en forma de nieve en lo alto de las cimas montañosas.
Otoño desde el Hotel EristeOtoño desde el Hotel EristeOtoño desde el Hotel EristeNieve en el Valle de BenasqueNieve en el Valle de BenasqueNieve en el Valle de Benasque
Mis aventuras por el Valle de Benasque llegaron a su fin dejando tan solo una cosa en el tintero: la ruta por las tres cascadas de Cerler. Esta era la ruta que tenía pensado haber realizado este mismo día y que la lluvia me fastidió. Por tanto, si algún día vuelvo por el Valle de Benasque, será una de las primeras cosas que visitaré.
El domingo 29 de octubre, tras haber disfrutado un montón con la ruta a las Gorgas de Alba, tenía aún media mañana por delante para ir hasta Cerler, considerado el pueblo más alto del Pirineo Aragonés. Había visto fotos por internet de su casco antiguo y era visita obligada.
Cerler
Antes de llegar al pueblo hice una parada en un apartadero de la carretera para fotografiar el Valle de Benasque desde las alturas. En ese momento, no sabía que unos kilómetros más arriba iba a disfrutar de unas vistas más impresionantes.
Vistas subiendo hacia CerlerVistas subiendo hacia Cerler
En un acto involuntario, mi coche se lanzó hacia las indicaciones de un mirador. Se trataba del Mirador del Valle de Benasque. Desde allí se podía divisar todo el valle, además de unas vistas impresionantes del pueblo de Benasque.
Mirador del Valle de BenasqueBenasque desde el miradorBenasque desde el miradorBenasque desde el miradorBenasque desde el miradorValle de BenasqueMery, Pepe y Chewi desde el Mirador del Valle de BenasqueChewi desde el Mirador del Valle de BenasqueChewi desde el Mirador del Valle de Benasque
A la llegada a Cerler, antes de adentrarme en el casco histórico, estuve dando una vuelta para fotografiar el entorno.
Hotel Edelweiss de CerlerVistas desde CerlerVistas desde CerlerVistas desde CerlerVistas desde CerlerVistas desde Cerler
Pero yo no había subido hasta Cerler para únicamente fotografiar los paisajes vistos desde allí. El objetivo principal, como ya he dicho, era pasear por las calles del casco histórico. Pronto, me dirigí hasta allí. Y para no variar, tal y como me ocurrió en Anciles y Sahún el día anterior, las calles estaban vacías. Ello hizo que, al estar también el día nublado, disfrutara un montón tirando fotos.
Casa en CerlerCasa en CerlerCasa en CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerVistas desde el casco histórico de CerlerVistas desde el casco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de CerlerCasco histórico de Cerler
Sin ninguna duda, Cerler es uno de los pueblos más bonitos del Valle de Benasque. Si pasáis por la zona, es visita obligada. Marcharse del valle sin haber paseado por las calles de esta pequeña población debería ser sancionado por la ley.
Benasque
No fue hasta el tercer día en Benasque cuando me animé a pasear por el casco histórico. Aquel día comí en el Hotel Restaurante San Antón, a la entrada a la población. Totalmente recomendable. Me gustó tanto la comida, que por la noche volví para cenar allí, a pesar de que tenía contratada media pensión en el Hotel El Pilar, lugar de mi estancia.
Dejé el coche aparcado en uno de los múltiples aparcamientos públicos que tiene la población y crucé el puente que atraviesa el río.
Puente de BenasqueDesde el puente de Benasque
A pesar de que me había encontrado las calles vacías en Anciles, Sahún y Cerler, me sorprendió mucho, muchísimo que también estuvieran vacías las calles de Benasque, una población con 2.200 habitantes. Parecía un pueblo fantasma y apenas me crucé con gente. Yo me decía para mí mismo «vale, el turismo principal de Benasque es en temporada invernal con la estación de esquí a escasos kilómetros, pero, ¿dónde demonios está la gente del pueblo?». Ni que decir tiene que no fue un disgusto para mí. Justo al contrario. A mí me encanta fotografiar las calles de los pueblos sin gente por medio, no obstante, fue algo que me llamó mucho la atención.
Casco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de BenasqueCasco histórico de Benasque
Al igual que he dicho con Cerler, también es obligatorio pasear por el casco histórico de Benasque si vas por la zona. Además, es la capital de todo el valle y tiene mucha oferta de alojamientos, así como de restaurantes.
Mi última tarde en Benasque, al terminar de pasear por el casco histórico, me volví a pasar por el Centro de Interpretación del Parque Natural Posets-Maladeta para despedirme de Inma. Gracias a ella conocí sitios muy bonitos del valle y lo que menos podía hacer era despedirme, puesto que al día siguiente, al ser lunes, el centro no abría. Ella me contó que era la primera vez que veía el pueblo tan vacío de gente. El estar la carretera principal de acceso al valle cortada, sin duda, penalizó al turismo en época otoñal. De cara a la temporada de invierno volverán a abrirla y se espera que el turismo se recupere.
Aquel día sería el último de mi estancia en Benasque, aunque no en el valle. Aún pasaría una noche más en otro hotel, el Hotel Eriste, debido a causas de fuerza mayor. No obstante, el trato allí fue fenomenal y si algún día vuelvo por la zona, sin duda, me alojaré en el Hotel Eriste. Lo que tengo muy muy claro es que no volveré a alojarme en el Hotel El Pilar por una serie de cosas que citaré a continuación. He viajado mucho en mi vida, me he alojado en más de 20 hoteles y en ninguno me he encontrado las cosas que vi en el Hotel El Pilar.
-La habitación estaba fría y el baño olía a humedad. -La habitación estaba fría porque la calefacción estaba puesta muy muy baja. Los radiadores apenas calentaban. El último día, incluso, estaba apagada. Y esto con 5 grados por la noche en la calle. -La comida estaba mala. Las croquetas y canelones eran congelados y recalentados. -La alfombra del baño se mojó y no dio tiempo a secarse (normal, el baño estaba helado). No la cambiaron al día siguiente. -Te dan dos botecitos de gel súper pequeños y al terminarse no los reponen. Vamos, dos botecitos de gel para 4 días. -El agua durante las comidas me la sirvieron en una jarra de plástico y era del grifo, que, por cierto, estaba malísima. -El último día hubo una persona que cenó fuera y al volver después de las doce de la noche insistió durante media hora para que le abrieran. Nadie le abrió y estuvo hasta la una insistiendo, provocando que el resto de huéspedes del hotel no pudieran dormir. -Otra cosa que no entiendo es que no me dejaron reservar hasta el 31 de octubre porque me dijeron que el 30 se iban de vacaciones. Hasta aquí todo normal, pero el mismo día 30 hablé con otra gente en el desayuno y me dijeron que ellos se quedaban una noche más. ¿Por qué unos sí y yo no? Ni idea, aunque, visto lo visto, me hicieron un favor porque me moría de ganas de abandonar la estancia allí.
Resumiendo, la estancia en ese hotel durante 4 días se me hizo eterna. Como he dicho unas líneas más arriba, la última noche decidí cenar en el Hotel Restaurante San Antón, aunque tuviera contratada media pensión en el Hotel El Pilar y la cena entrara en el precio.
Mis vacaciones se iban agotando y tan solo me quedaban cuatro días más por el norte. Pero lo que me animaba era que aún tenía que poner el broche final a unas memorables vacaciones despidiéndome del Valle de Benasque, visitando un par de lugares del Valle de Arán y poniendo la guinda final fotografiando a una bella ave en peligro de extinción.