Aragón – Valle de Hecho: explosión de colores en la Selva de Oza

El miércoles 29 de octubre tocaba abandonar los Valles Occidentales de Aragón para poner rumbo al Valle de Roncal, en Navarra. En los planes iniciales estaba visitar los pueblos de Burgui y Roncal antes de llegar a Isaba, lugar de mi nueva estancia. Sin embargo, el día de antes vi que la mañana iba a salir lluviosa, por tanto, sin dudarlo, decidí cambiar de planes y acercarme hasta la Selva de Oza para fotografiar su otoño.

Nada más levantarme por la mañana y subir la persiana vi que caía agua sin cesar. No era una lluvia torrencial, aunque era la justa para mojarte de lo lindo tirando fotos. No me importó, pues decidí seguir con mis planes aprovisionándome con un paraguas para no mojarme ni para que no se mojara la cámara.

Al adentrarme en la Selva de Oza supe que la mañana iba a ser un espectáculo. En lo alto se levantaban nieblas y seguía sin parar de llover provocando que los colores del otoño se acentuaran y se vieran brillantes. En cada hueco donde veía que podía dejar el coche hacía una parada, sacaba el trípode, el paraguas y me ponía a tirar fotos.

Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza

Las emociones siguieron en aumento al hacer una parada junto al río y adentrarme en la orilla. Corría bastante agua y el color otoñal a su alrededor era brutal.

Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza

La carretera también mostraba un manto colorido de hojas que se habían caído, aunque la mayoría permanecían en los árboles.

Otoño en la carretera de la Selva de Oza
Otoño en la carretera de la Selva de Oza
Otoño en la carretera de la Selva de Oza

La siguiente parada la hice al lado del refugio forestal hallado en la misma carretera. En ese momento paró algo la lluvia y pude hacer algunas fotos sin tener que echar mano al paraguas.

Otoño en el río Aragón-Subordán
Otoño en el río Aragón-Subordán
Otoño en el río Aragón-Subordán
Otoño en el río Aragón-Subordán
Otoño en el río Aragón-Subordán

La última parada fue en las inmediaciones del Campamento Ramiro El Monje. Dejé el coche en el Parking Selva de Oza y me acerqué hasta un pequeño puente por el que pasaba por debajo el Barranco Estriviella. La lluvia aceleró, caía agua de narices, pero no iba a abandonar en mi empeño de seguir haciendo fotos. Sin lugar a dudas, en este punto fue donde hice las fotografías más bonitas de toda la mañana.

Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza
Otoño en la Selva de Oza

Me di por satisfecho con todas las fotos conseguidas y decidí volver para poner rumbo al Valle de Roncal. No sin antes hacer una parada a la entrada de Siresa y captar su otoño por última vez en lo alto de la sierra.

Otoño en el Valle de Hecho
Otoño en el Valle de Hecho
Otoño en el Valle de Hecho

Y también, de camino a mi nuevo destino, hice otra parada para captar el otoño en el Valle de Ansó desde lo alto de la carretera. La imagen me recordó mucho al Bosque de la Pardina del Señor, en Fanlo.

Otoño en el Valle de Ansó

Hasta aquí la narración de mis emociones fuertes el día que me acerqué a la Selva de Oza. Sin lugar a dudas, hice las fotos otoñales más bonitas de mi vida. Y son ya unos cuántos otoños tirando fotos.

Para finalizar, cuando conocí la Selva de Oza hace cuatro años lo hice a la semana siguiente de conocer también el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Recuerdo decir que el otoño en la Selva de Oza no tenía nada que envidiar al del parque nacional. Cuatro años después, tras mi vuelta a la Selva de Oza, confirmo lo dicho. Y es que, cuando la Selva de Oza se viste de gala, muy pocos pueden hacerle la competencia en cuanto a belleza se refiere.

Aragón – Valle de Aguas Tuertas: saldando cuentas pendientes desde cuatro años atrás

El martes 28 de octubre me disponía a realizar la ruta hacia el Valle de Aguas Tuertas, situado dentro de los Valles Occidentales de Aragón y por encima de la Selva de Oza.

Esta era una ruta que intenté realizar en noviembre de 2021, sin embargo, cuando llevaba la mitad de camino aproximadamente me di la vuelta porque en esos momentos estaba cayendo una gran nevada y no quise arriesgarme: https://memoriasdeunturista.wordpress.com/2021/11/19/aragon-valle-de-hecho-intento-de-subida-a-aguas-tuertas/

En esta ocasión, desde días antes supe que iba a ser la buena. Para el día elegido iba a tener un solazo casi de primavera, nada que ver a cómo me había encontrado la zona cuatro años atrás cuando cayó la primera gran nevada de la temporada.

Subí con el coche hasta el parking de Guarrinza. De ahí en adelante, a pesar de que se trate de una pista ancha donde se pueden cruzar dos coches, no se puede pasar (tan solo vehículos autorizados pueden hacerlo).

Inicio de la ruta hacia Aguas Tuertas

En el mismo punto de inicio de la ruta corría el agua en el Barranco del Barcal. Me entretuve haciendo algunas fotos.

Barranco del Barcal
Barranco del Barcal

Durante la ruta de subida apenas llama la atención nada. Todo lo bonito queda a nuestras espaldas con las faldas de las montañas llenas de color y la Mesa de los Tres Reyes alzándose alto.

Subiendo a Aguas Tuertas
Subiendo a Aguas Tuertas
Vistas traseras llegando al Valle de Aguas Tuertas

A pesar de que tan solo hay un camino a seguir, la ruta está perfectamente señalizada. No tiene pérdida alguna.

Indicaciones hacia Aguas Tuertas

No os olvidéis de cerrar la puerta, que se escapa el gato se escapan las vacas.

Cerrad la puerta a Aguas Tuertas

Cinco minutos más de subida entre veredas y llegamos hasta el Valle de Aguas Tuertas. Lo primero que nos encontramos es un establo.

Establo en Aguas Tuertas

Tomé el sendero de la izquierda en busca de un mirador y del dólmen.

Mirador de Aguas Tuertas
Mery y Pepe en el mirador de Aguas Tuertas
Dólmen en Aguas Tuertas

Las vistas desde donde cae el agua del río hacia un gran barranco son preciosas.

Vistas desde el Valle de Aguas Tuertas
Vistas desde el Valle de Aguas Tuertas

Volví sobre mis pasos hacia el establo y esta vez cogí el sendero de la derecha. Lleva hasta el Ibón de Estanés, pero mi objetivo no era llegar hasta él sino buscar algún punto más alto para obtener una buena panorámica de Aguas Tuertas. No tardé en encontrarlo y fue el lugar en el que me senté a descansar y comer un bocadillo.

Aguas Tuertas
Aguas Tuertas
Aguas Tuertas
Aguas Tuertas
Descansando en Aguas Tuertas

Antes de volver al parking de Guarrinza hice varias fotos consecutivas para luego montar una foto panorámica de todo el Valle de Aguas Tuertas. Creo que el resultado final no ha quedado mal del todo.

Panorámica del Valle de Aguas Tuertas

Después de media hora aproximadamente entretenido con las fotos tomé la decisión de volver. La última foto se la hice a una vaquita que se cruzó en mi camino.

Vaquita en el camino

Hasta aquí mi aventura por el Valle de Aguas Tuertas. Al volver quise hacer algunas fotos a la Selva de Oza, que lucía un bonito color otoñal. No fue posible debido a que el puñetero sol se alzaba alto y había una luz horrible. Muy a mi pesar, volví al hotel de Siresa para comer. Mientras comía miré el tiempo que iba a hacer al día siguiente. La lluvia que iba a caer provocó un cambio de planes. En ese momento, tomé la mejor decisión de todas mis vacaciones: volver a la mañana siguiente a la Selva de Oza.

Aragón – Valle de Barrabés: ruta por el hayedo de Salenques

El martes 31 de octubre abandoné el Valle de Benasque para poner rumbo al Valle de Arán, ya en Cataluña, sin embargo, hice una parada en el Valle de Barrabés, encuadrado también en el Parque Natural Posets-Maladeta. Este valle está a la otra parte del Valle de Benasque, es decir, los separan montañas y más montañas. Dicho esto, hay que dar un gran rodeo para llegar hasta él, quedando más cerca incluso del Valle de Arán que del Valle de Benasque.

La ruta por el hayedo de Salenques estaba marcada en rojo en el calendario y estaba deseando que llegara tal día, a pesar de que eso suponía que mis aventuras por el norte español tocarían su fin. Meses atrás vi fotos por las redes de este pequeño rinconcito del Pirineo Aragonés, por lo que cuadré la agenda para hacerle una visita.

Mi idea era haber dedicado toda la mañana a esta ruta. Quería deleitarme haciendo fotos con el trípode ligero, que me había llevado de viaje principalmente para esta ruta, pero no fue posible debido a que en mi primer día de ruta por Ordesa (ruta de Turieto a Torla) se rompió una pata del trípode y ya no servía. En el coche llevaba también el trípode grande, el que ya tan solo utilizo para fotografía de aves en los hides fotográficos, pero se me hacía muy pesado ir cargado con él a cuestas durante toda la ruta.

Comienza al final del Embalse de Baserca. Allí se puede dejar el coche en un pequeño aparcamiento. Mi llegada fue sobre las 10:30 y, enseguida, me puse en movimiento.

Inicio de la ruta
Embalse de Baserca
Aguas del río Salenques

En apenas cinco minutos te internas en la profundidad del hayedo de Salenques. Mis pensamientos me decían que el hayedo aún estaba muy verde y que no iba a tener suerte con el color otoñal.

Hayedo de Salenques
Río Salenques
Hayedo de Salenques
Hayedo de Salenques

Pero, pronto, según iba ascendiendo por el hayedo, el color verde empezó a cambiar hacia amarillos y marrones. Y, además, las sucesivas cascadas que se formaban en el río hacían un paisaje digno de admirar. Menuda rabia me dio no haber podido llevar el trípode para tirar fotos en condiciones.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Llegué a un punto que era muy fotogénico y me entretuve bastante tirando fotos con distintos encuadres.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Seguí avanzando hayedo arriba, pero apenas me movía unos metros y volvía a pararme para seguir captando la belleza del hayedo por el que caminaba. Aquello parecía un cuento de fantasía.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Estaba empezando a cansarme de subir entre los árboles. Si no hubiera sido por el increíble entorno por el que paseaba me habría dado la vuelta, pues el cuerpo me mandaba un mensaje diciéndome que debía parar. No obstante, no le hice caso y me hice fuerte mentalmente. Yo no quería abandonar aquel entorno y seguí en busca del puente que cruza a la otra parte del río.

Hayedo de Salenques

La sucesión de caídas de agua era continua y me paraba en cada una de ellas. Así también aprovechaba para descansar un poco.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Llegué a la parte más oscura del hayedo. Aquí me las tuve que ingeniar para poder tirar fotos que estuvieran bien expuestas.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

La llegada a una gran cascada me hizo ver que, pronto, estaría cruzando el puente que lleva a la otra parte del río.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Al fin, llegué al puente y tiré algunas fotos desde él.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Podía haber seguido la ruta sin cruzar el puente y así llegar hasta la Cascada del Pi, pero decidí seguir la ruta circular y volver hacia el punto de partida por la otra parte del río.

Indicaciones hacia el Embalse de Baserca

La vuelta no me resultó tan atractiva como la ida. Enseguida, al ver que el camino se apartaba del río, me di cuenta que la mejor opción era haber vuelto por dónde había subido.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Tan solo me entretuve bastante rato en un punto donde el camino se aproximó al río y decidí bajar a través de unas rocas. Un resbalón casi llegando al río hizo que me cayera de culo, por lo que aproveché para quedarme sentado y tirar las fotos que iba buscando.

Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques
Otoño en el río Salenques

Las últimas fotos las hice llegando casi al inicio de la ruta.

Otoño en el río Salenques
Llegando al inicio de la ruta
Hayedo de Salenques desde el exterior

Esta sería mi última ruta senderista por el Pirineo Aragonés y también de las vacaciones. Y, sinceramente, es una de las que más disfruté por el increíble entorno en el que se hallaba el hayedo de Salenques. Sin ningún tipo de duda, si algún día paso cerca, volveré a internarme en la profundidad de este hayedo.

Sobre las 12:30, dos horas después de haber iniciado la ruta, puse rumbo al Valle de Arán. Esa misma mañana visitaría una de sus cascadas más famosas: Saut Deth Pish.

Aragón – Valle de Benasque: ruta botánica por las Gorgas de Alba

El domingo 29 de octubre, con el cambio horario en nuestros relojes, salí temprano del hotel en dirección a los Llanos de Turpí. Desde allí parte una ruta corta (la más corta de todas las que hice en mis vacaciones) de apenas 2,5 km. Sin embargo, ya conocéis el dicho: el tamaño no importa.

Desde el día anterior supe que este paseo iba a ser todo un espectáculo, pues el monte lucía un color otoñal precioso y veía cómo corrían las cascadas. Al llegar hasta el entorno, no hice nada más que reafirmar mis pensamientos.

Hotel Turpí
Río Ésera
Río Ésera
Río Ésera

Al tratarse de una ruta circular, es indiferente por dónde se empiece. Si coges el camino que parte desde el aparcamiento del Hotel Turpí, en unos 20 minutos llegarás hasta las Cascadas de las Gorgas de Alba.

Sin embargo, yo decidí tomar el sendero que partía desde el aparcamiento que hay justo por debajo del hotel. Allí, hay un cartel con información de toda la ruta.

Cartel informativo

Nada más empezar, te encuentras los primeros carteles informativos de las especies de árboles que se trata. Seré sincero y diré que al principio me paraba a leerlos, pero, enseguida, me dediqué a disfrutar del entorno y a tirar fotos como loco.

Acebo
Enebro
Boj
Entorno de las Gorgas de Alba
Pino negro

Pronto, el río Ésera pasó a ser el protagonista con las cascadas que se formaban.

Cascada en el río Ésera
Cascada en el río Ésera
Cascada en el río Ésera
Cascada en el río Ésera

La subida hacia el Mirador de las Gorgas de Alba se hacía cada vez más espectacular. Y aún me quedaba la parte más impresionante de la mañana.

Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba
Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba
Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba
Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba
Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba
Subiendo hacia el Mirador de las Gorgas de Alba

Al llegar al mirador tuve ante mí una imagen preciosa de las cascadas que caían por todas partes, no solo las Cascadas de las Gorgas de Alba.

Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas del Valle de Benasque
Cascadas del Valle de Benasque
Cascadas del Valle de Benasque
Cascadas del Valle de Benasque
Cascadas del Valle de Benasque

Hasta Mery, Pepe y Chewi querían fotografiarse ante aquel precioso entorno.

Mery, Pepe y Chewi en el Mirador de las Gorgas de Alba
Chewi en el Mirador de las Gorgas de Alba

Enseguida, me interné en el bosque de hayas. En ese momento, no imaginé que en unos minutos estaría ante las cascadas que acababa de ver a lo lejos.

Bosque de hayas en las Gorgas de Alba
Bosque de hayas en las Gorgas de Alba

Llega un punto donde hay una señalización que indica que puedes seguir por el sendero botánico, o bajar hacia las Cascadas de las Gorgas de Alba. Yo decidí tomar el camino de bajada.

Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Puente que cruza el río Ésera
Cascada de las Gorgas de Alba
Cascada de las Gorgas de Alba
Mery, Pepe y Chewi en la Cascada de las Gorgas de Alba

Estuve cerca de media hora fotografiando el entorno desde el puente de hierro. Cada paso que daba veía un encuadre distinto. Finalmente, decidí continuar el camino de vuelta hacia los Llanos de Turpí por la otra parte del río y así seguir la ruta circular. Pero antes me encontré con una última sorpresa. Un pequeño desvío me indicaba la subida hacia una plataforma desde la que ver las cascadas con otra perspectiva. Igualmente, me entretuve mucho rato aquí.

Desvío hacia la plataforma
Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas de las Gorgas de Alba
Cascadas de las Gorgas de Alba
Entorno otoñal de las Gorgas de Alba
Entorno otoñal de las Gorgas de Alba
Entorno otoñal de las Gorgas de Alba
Entorno otoñal de las Gorgas de Alba
Entorno otoñal de las Gorgas de Alba

La vuelta hacia el coche no me resultó muy atractiva y apenas hice fotos. En apenas media hora estuve de nuevo en el punto de inicio de la ruta.

Entorno otoñal de las Gorgas de Alba
Adentrándome en el bosque
Riachuelo en el bosque
Vaca en los Llanos de Turpí

El tiempo que tardé en realizar la ruta, con paradas incluidas a hacer fotos, fue de 1 hora y 45 minutos. Aquel día estaba emocionado por el entorno tan espectacular por el que había caminado. Aunque había visto por internet que era una ruta corta y bonita, en ningún momento imaginé que me fuera a impactar tanto su belleza.

Aún tendría media mañana y toda la tarde por delante para seguir viendo cosas. Y decidí ir hasta Cerler para pasear por sus calles lo que restaba de mañana. Por la tarde, tocaría hacer turismo por el pueblo en el que me alojaba: Benasque.

Aragón – Valle de Benasque: paseando por Anciles y Sahún

El sábado 28 de octubre, tras comer, estaba dispuesto a darme un paseo por las bellas poblaciones de Anciles y Sahún. He de decir que en la agenda tan solo estaba apuntada la visita a la segunda, pero la recomendación el día anterior de Inma (la chica del Centro de Interpretación del Parque Natural Posets-Maladeta) hizo que también me pasara por Anciles.

Anciles

Se encuentra a escasos 2 km de Benasque, con lo cual, se puede ir andando. Aún así, yo decidí ir con el coche y lo dejé aparcado en un gran aparcamiento a la entrada del pueblo. Nada más llegar, supe que lo que iba a ver me iba a gustar, pues las casas de piedra se divisaban ya desde donde dejé el coche.

Llegada a Anciles
Llegada a Anciles
Llegada a Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles

Al ser una población pequeña, sus calles estaban desiertas. Más aún con amenaza de lluvia.

Calle de Anciles
Calle de Anciles
Calle de Anciles
Calle de Anciles

Algún gatito se dejó fotografiar. No, no me trajo mala suerte por ser un gato negro.

Gatito negro en Anciles

Aunque lo que más me llamó la atención fueron unos «maceteros». Recuerda: no tires tus viejas zapatillas. Dales una segunda oportunidad.

Maceteros en Anciles
Maceteros en Anciles

Y también otros en unos troncos.

Maceteros en Anciles
Maceteros en Anciles
Maceteros en Anciles

Aunque empezaban a caer unas gotas, no me desanimó y seguí paseando por el pueblo. Su tranquilidad era una maravilla.

Iglesia en Anciles
Iglesia en Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles
Casa en Anciles
Casa en Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles

Estuve entretenido un rato con un par de gatitos, que posaban coquetos ante la cámara. En ese momento, había visto a tres personas y cinco gatos.

Gatitos en AncilesGatitos en Anciles
Gatitos en Anciles
Gatitos en Anciles
Gatitos en Anciles

La lluvia apretó un poco, lo suficiente para que las calles se mojaran y que las fotos quedaran más bonitas.

Casa en Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles
Calle en Anciles
Casa en Anciles
Casa en Anciles
Volviendo al aparcamiento

Sahún

Desde Anciles fui directo a Sahún. Se tarda aproximadamente 15 minutos, por lo que en una tarde se pueden ver ambas poblaciones.

A la llegada al pueblo, te encuentras también un aparcamiento donde dejar el coche. Allí nos recibirá El Fallero, una estructura realizada en hierro.

Escultura El Fallero
Río en Sahún
Fuente en Sahún

Aunque Sahún es más grande que Anciles, sus calles también estaban vacías y fue un gustazo pasear por ellas. Me sorprendió gratamente la tranquilidad que había en todo el valle, después de haber estado con la saturación de Ordesa durante una semana.

Casa en Sahún
Casa en Sahún
Iglesia de Sahún
Iglesia de Sahún

Aunque las calles de Anciles me gustaron más, las de Sahún también merece la pena pasear por ellas y admirar sus casas, igualmente preciosas.

Calle en Sahún
Calle en Sahún
Calle en Sahún
Ayuntamiento de Sahún
Casa en Sahún
Calle en Sahún
Calle en Sahún
Calle en Sahún
Casa en Sahún
Vistas desde Sahún
Calle en Sahún
Casa en Sahún
Hostal en Sahún
Casa en Sahún
Casas en Sahún
Calle en Sahún
Calle en Sahún
Calle en Sahún

El paseo por Sahún fue más corto que en Anciles. Me apetecía llegar cuanto antes al hotel y descansar tras no haber parado en todo el día. Fue bastante completo acometiendo la ruta al Forau de Aiguallut por la mañana y paseando por estas dos bellas poblaciones por la tarde.

Al día siguiente tocaría realizar una ruta preciosa por la zona y la visita a más poblaciones del Valle de Benasque. Y tengo que admitir que la ruta me sorprendió mucho, muchísimo. Las Gorgas de Alba iban cargadas de agua y, junto al color otoñal, hizo de ello una experiencia que nunca olvidaré.

Aragón – Valle de Bujaruelo/Valle de Ordesa: ruta por el Bosque de Cobatar y despedida de la Pradera de Ordesa

El martes 24, después de haberme tomado el día anterior prácticamente de descanso (tan solo estuve un par de horas por el Bosque de la Pardina del Señor), me levanté decidido para acometer otra de las rutas que me hubiera gustado hacer dos años atrás: la ruta del Bosque de Cobatar en el Valle de Bujaruelo.

Así fue y nada más dejar el coche en las inmediaciones del Puente de Santa Elena vi que el río Ara corría salvaje. En esos momentos, ni imaginé que mi ruta iba a verse truncada una hora después.

El Salto del Carpín hizo que me parara a fotografiarlo antes de iniciar mi camino. Llevaba bastante agua debido a la lluvia que seguía acompañándonos día tras día.

Salto del Carpín
Salto del Carpín
Río Ara

La ruta por el Bosque de Cobatar nos lleva desde el Puente de Santa Elena hasta el Refugio de San Nicolás de Bujaruelo. Se trata de una ruta corta y sencilla.

Cartel indicativo

Nada más comenzar vi una pequeña ardilla cruzar mi camino, pero no me dio tiempo a captarla con la cámara. Seguí andando. El agua corría por todas partes, no solo por el río.

Río Ara a su paso por el Valle de Bujaruelo
Cascada en el Valle de Bujaruelo
Río Ara a su paso por el Valle de Bujaruelo
Cascada
Río Ara a su paso por el Valle de Bujaruelo

Hay un momento donde un puente cruza el río y puedes acceder a la pista que lleva hasta el refugio a través del coche. No obstante, decidí continuar mi camino por el margen del río que iba caminando. Mala decisión.

Indicaciones hacia el Camping de Bujaruelo
Puente sobre el río Ara
Abundante vegetación en Bujaruelo
Abundante vegetación en Bujaruelo
Por el sendero que lleva al refugio

Los torrentes de agua cada vez eran más abundantes en el camino, sin embargo, se podían cruzar sin ningún problema. El inconveniente vino cuando llegué a un punto donde el río corría con tanta fuerza que el camino desaparecía bajo sus aguas. Aquí paré a fotografiarlo y decidí darme la vuelta. Me dio rabia porque tan solo me quedaban unos 15 minutos para llegar al refugio.

Senda cortada por el río Ara
Senda cortada por el río Ara
Senda cortada por el río Ara
Mery, Pepe y Chewi
Mery, Pepe y Chewi

Al darme la vuelta pensé en cruzar el puente anterior hacia el Camping de Bujaruelo y volver hacia el Puente de Santa Elena. Luego, cogería el coche y subiría hacia el Puente de San Nicolás de Bujaruelo.

Volviendo sobre mis pasos
Hacia el Puente Los Abetos

Una vez cruzado el puente y estando ya en la pista, el paisaje era más abierto y me deleité fotografiando el río y las sucesivas cascadas que descargaban agua en él.

Río Ara
Río Ara
Cascada en Bujaruelo
Cascada en Bujaruelo
Río Ara

La subida en coche no fue larga. Me tomé un café en el refugio y luego me puse a fotografiar los alrededores, aunque ya tenía fotos de esta zona de hace dos años.

Puente de San Nicolás de Bujaruelo
Puente de San Nicolás de Bujaruelo
Refugio de Bujaruelo
Refugio de Bujaruelo
Río Ara a su paso por Bujaruelo
Río Ara a su paso por Bujaruelo
Río Ara a su paso por Bujaruelo
Mery, Pepe y Chewi en el Puente de San Nicolás de Bujaruelo
Chewi en el Puente de San Nicolás de Bujaruelo

A la vuelta ya con el coche, me paré a fotografiar una gran cascada que se veía de frente. Sinceramente, no me convencen mucho cómo han quedado las fotos.

Cascada en Bujaruelo
Cascada en Bujaruelo
Cascada en Bujaruelo
Cascada en Bujaruelo
Pico Otal nevado

Antes de abandonar definitivamente el Valle de Bujaruelo decidí pararme de nuevo a tirar fotos al Salto del Carpín.

Salto del Carpín
Salto del Carpín

Como aún era muy temprano decidí subir con el coche hasta la Pradera de Ordesa y comer en el restaurante. Antes de llegar hice alguna parada para captar las cascadas desde un mirador.

Cascada de Ordesa
Cascada de Ordesa
Cascada de Ordesa
Cascada de Ordesa
Cascada de Ordesa

Después de comer y antes de volverme al hotel hice las últimas fotos al Valle de Ordesa. Si dos días antes había estado en lo alto del Mirador de Calcilarruego mirando hacia la pradera, ahora tocaba alzar la vista hasta el mirador y pensar «sí, ahí subí yo el domingo».

Alzando la vista hacia el Mirador de Calcilarruego
Mirador de Calcilarruego
Peñones de Ordesa

Con mucha pena, pero sabiendo que si el dinero y la salud me lo permiten… volveré, me despedí del Valle de Ordesa de cara al Tozal del Mallo. Le hice algunas fotos y le tiré un beso con la mano de despedida. Nos volveremos a ver, viejo amigo.

Tozal del Mallo
Tozal del Mallo

Hasta aquí mis vivencias por el Valle de Ordesa y por el Valle de Bujaruelo. Fueron seis días ajetreados intentando cuadrar cada una de las visitas que se fastidiaban debido a la lluvia. Al día siguiente, tocaría cambiar de valle y visitar Pineta. Allí, me tomé el café con las vistas más espectaculares que uno puede ver en este valle sin apenas hacer esfuerzo.