El sábado 25 de noviembre me acerqué por la tarde hasta Montánchez, localidad cercana a Cáceres, para adentrarme en su castañar. Quince días atrás estuvo un amigo y al mandarme fotos vi que estaba aún demasiado verde, por lo que deduje que en un par de semanas tomaría el color ocre y amarillo que me hubiera gustado.
Sobre las 16:00 mis pies se ponían en movimiento y se dirigían hacia el castañar. Los malos presagios aparecieron enseguida al ver desde lejos el castañar sin apenas hojas. Por momentos, mantuve la esperanza de que se tratara de los robles, que siempre tiran la hoja antes, pero la realidad era que tampoco se veía el monte lleno de color como otras veces.
Al llegar hasta los primeros castaños confirmé que estaban prácticamente pelados de hojas. Este otoño ha sido muy raro. Llegó muy tarde debido a los calores de primeros de octubre; y se ha ido súper rápido. Otros años he accedido a este castañar el último día de noviembre y aún quedaban la mitad de las hojas en los árboles. Resumiendo: no entiendo este otoño de mierda.
Paseé un ratito por él para captar algunas fotos. Al menos, me sirvió para salir de casa y desconectar un poco.






















Creo que con esta salida daré por finalizadas las aventuras otoñales del 2023, que ya da signos de agonizar. Siendo realistas, no ha sido el mejor otoño que he fotografiado, aunque, bien es cierto que he viví emociones fuertes el día que fui a las Gorgas de Alba, en el Valle de Benasque; al hayedo de Salenques, en el Valle de Barrabés; o en la carretera del Puerto de Honduras, en el Valle del Ambroz.
Sin más que contar, en mi cabeza ya tengo un esbozo del posible destino otoñal del año que viene. Aunque será el primero de muchos años que no tenga seguro de si voy a poder ir. En caso de que sí se pueda, ya sabéis: el otoño del norte está por encima de cualquier otro. Y será en una Comunidad Autónoma que aún no he pisado 🙂 🙂 🙂