Hembra de águila imperial imponiendo respeto ante cuervos y milanos que intentaban robarle la comida. Fotografiado en los hides de Calera.

Castilla La Mancha-Hides de Calera: fotografiando a la reina de los cielos manchegos: águila imperial

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Ficha técnica

Águila imperial ibérica

Nombre científicoAquila adalberti
LongitudDe 78 a 83 centímetros
EnvergaduraDe 180 a 210 centímetros
PesoMachos: de 2,5 a 3,5 kg
Hembras: de 3,5 a 4,5 kg
Presencia en EspañaTodo el año
Estado de conservaciónVulnerable

El día 2 de mayo tocaba volver a levantarse muy temprano para finalizar la maratón de hides en Calera poniendo el broche de oro: fotografiar a la reina de los cielos manchegos.

Antes de comenzar a contar las vivencias tengo que comentar algo. Mucha gente me ha dicho a lo largo de los años que las fotos desde un hide no valen, que así es más fácil y que apenas tiene mérito conseguirlas. No voy a negar que te facilitan muchísimo la tarea. Puede que te den el 80% del trabajo hecho. Tú «tan solo» tienes que sentarte allí y luego a disparar como loco a la especie que se ponga delante. Sin embargo, voy a contar la parte que no se ve, la que mucha gente desconoce:

1-A algunos hides hay que entrar antes de que comience a amanecer para que la especie en cuestión no te vea merodear por los alrededores. ¿Qué significa esto? Fácil: hay que levantarse muy temprano. En mi caso, cuando hice fotos a la cigüeña negra recuerdo haberme levantado a las 05:00 a.m. para poder llegar a mi destino antes del amanecer. Más recientemente, en el caso que nos atañe ahora mismo, me levanté a las 06:15 para entrar al hide bien temprano y así no asustar al águila imperial. No sé cómo lo veis vosotros, pero levantarse a esas horas no lo veo fácil.

2-La mayoría de veces las especies llegan relativamente pronto, estás metido 3 o 4 horas y sales con un montón de fotos. Ahora, también puede ocurrir que la especie tarde mucho tiempo en llegar. Volviendo a mis experiencias dentro de un hide, estuve 9 horas esperando la aparición del lince ibérico. Por no contar las 11 horas que estuve esperando la aparición de quebrantahuesos, durante 2 largos días, la primera vez que lo intenté en el Prepirineo catalán. Y la frustración fue enorme porque en ninguno de los dos días apareció. Tantas horas metido en un hide esperando a «tu presa» se hacen eternas. Por no decir que tienes que orinar dentro de una botella. Los hombres lo tenemos más fácil, aunque también tiene su complicación.

3-Estos hides son de pago, es un negocio más. Cuanto más difícil sea avistar a la especie, más caro cuesta. Un ejemplo: el hide de lince me costó 180€. Tampoco resulta fácil soltar esa pasta por un simple hobbie. Aunque a mí me tranquiliza en cierto modo que parte de ese dinero sea invertido en alimentar a la especie y así ayudar a su recuperación.

Dicho todo esto, que cada cual reflexione sobre si no tienen mérito las fotos conseguidas. Sobre todo, que reflexione sobre el punto 2.

Tras esta chapa voy a proceder a contaros una de las mejores experiencias que he vivido fotografiando fauna. Como ya he comentado, el día 2 de mayo entré al hide de águila imperial. Siendo sincero, cuando me lo ofrecieron acepté a regañadientes porque ya tenía fotos de esta especie fotografiada en la Sierra de San Pedro (Cáceres). Sin embargo, el resto de opciones que me ofrecieron no me atrajeron lo más mínimo.

Nada más marcharse el guía comenzaron a bajar milanos negros, urracas, algún cuervo y un aguilucho lagunero, que me regaló una foto en vuelo bastante chula.

Aguilucho lagunero en vuelo

La luz era bastante escasa, pues aquella mañana había amanecido cerrada de nubes y con amenaza de tormentas de cara al mediodía. Ello significó que la cámara me configuró ISOs muy altas y la mayoría de fotos de los milanos negros las he tirado a la basura porque no salían en condiciones.

Por suerte, la entrada de un macho de águila imperial se produjo cuando había más luz y alguna he podido aprovechar. Primero se posó en las ramas de un árbol y se puso a vigilar todo lo que se movía a su alrededor. Luego, se lanzó a comer junto al resto de visitantes.

Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo

Saltaba de un posadero a otro y yo intentaba captar cada uno de sus movimientos. Su elegancia hacía que me quedara embobado mirándolo.

Águila imperial
Águila imperial
Águila imperial
Águila imperial
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial en vuelo
Águila imperial
Águila imperial

Aproximadamente 45 minutos después alzó el vuelo y desapareció. Al fin, los milanos y demás acompañantes podían respirar tranquilos e intentar comer algo.

Milanos negros
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Aguilucho lagunero

Tras estar mucho rato desaparecido el macho de águila imperial me dije a mí mismo que allí ya estaba todo vendido. Muchos milanos habían alzado el vuelo también para no volver. Tan solo quedaban tres o cuatro por lo que acoplé el Extender 1.4x en la cámara y decidí hacer retratos bonitos a los milanos en los distintos posaderos o entre la hierba.

Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro
Milano negro

De un momento a otro, uno de los milanos que estaba fotografiando se puso en alerta. Y en cuestión de dos segundos huyó despavorido ante lo que se le venía encima.

Milano en alerta
Milano en alerta
Milano huyendo

La razón no era ni más ni menos porque hacia él se aproximaba una auténtica bestia de la naturaleza. Una hembra de águila imperial hizo acto de presencia. Echó del lugar a todo intruso con una fuerza brutal que acojonaba. Y a mí me regaló uno de los mejores momentos fotografiando fauna que he vivido dentro de un hide.

Águila imperial imponiendo su poderío
Águila imperial imponiendo su poderío
Águila imperial imponiendo su poderío
Águila imperial imponiendo su poderío
Águila imperial imponiendo su poderío

Hubo incluso un momento que se quedó mirando al hide como si supiera que yo estaba allí. Nuestras miradas se cruzaron, yo contuve la respiración y no sabía si seguir disparando fotos o quedarme quieto por si ahora las tomaba conmigo. Puede que tan solo se quedara mirando para decirme «si a la reina no se la respeta, la reina se hace respetar».

Águila imperial desafiándome con la mirada

Con todo en calma alrededor, cerró sus alas para darme alguna pose bonita.

Águila imperial
Águila imperial

Pero todavía había algún valiente que se atrevió a intentar desafiarla para llevarse un trozo de carne. Ella volvió a imponerse, a decir «¿es que aún no te ha quedado claro quién soy?»

Águila imperial imponiendo su poderío
Águila imperial imponiendo su poderío

Disfruté un montón viéndola comer. Por momentos quería parar de hacer fotos y dedicarme tan solo a observarla, sin embargo, quería llevarme un buen recuerdo de ella en la tarjeta de memoria.

Águila imperial desafiándome
Águila imperial comiendo
Águila imperial posando
Águila imperial en alerta
Águila imperial posando
Águila imperial comiendo
Águila imperial comiendo
Águila imperial comiendo
Águila imperial comiendo con un valiente al lado
Águila imperial comiendo con un valiente al lado
Águila imperial comiendo
Águila imperial comiendo
Águila imperial comiendo

Se movía de un posadero a otro, espantaba a los intrusos que se acercaban. Quería todo para ella.

Águila imperial en vuelo
Águila imperial imponiendo su poderío

Las últimas fotos que le hice fue de retrato.

Águila imperial posando
Águila imperial posando
Águila imperial posando
Águila imperial posando
Águila imperial posando
Águila imperial posando
Águila imperial posando

Apenas media hora antes de la hora acordada a la que irían a buscarme alzó el vuelo para no volver más. Esa media hora hasta que estuvo el guía de vuelta la dediqué a revisar en la cámara las fotos que habían salido. Al llegar el guía y preguntarme qué tal había ido la mañana aún tenía las emociones disparadas. Le estuve contando la entrada inesperada a última hora de la hembra, que era preciosa y que me había regalado un momento brutal cuando se puso a echar a todo intruso de su presencia. Igualmente, escribí por Whatsapp a la persona que me inició hace años en el mundo de la fotografía. Le comenté que las fotos conseguidas del águila imperial eran lo de menos. Para mí, el tener tan cerca a una de las joyas de los cielos ibéricos, imponiendo su poderío con esa ferocidad, es un momento que nunca olvidaré y por el cual bien valió la pena el madrugón dado.

Sin duda, en alguna otra ocasión volveré a Calera y Chozas para hacer uso de los Hides de Calera. Tienen más especies a las que poder fotografiar y que tengo en la lista (en esta ocasión tenían el cupo completo).

Sin más que contar, me despido hasta otra aventura. El verano se acerca y con él… ¡se acercan grandes cosas! Aunque, sinceramente, mis planes de verano son muy inciertos ahora con la guerra en Irán. A ver si en septiembre puedo cumplir con el mayor de mis sueños fotográficos.

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