Detalles técnicos
Ruta al Mirador de La Cervigona desde la Piscina Natural El Jevero
| Distancia (ida y vuelta) | 12 kilómetros aproximadamente |
| Fecha de realización | 23/04/2026 |
| Punto de inicio | Piscina Natural El Jevero, en Acebo. Allí hay un aparcamiento grande donde dejar el coche |
| Tipo de recorrido | Semicircular (Ida por El Jevero. Vuelta por Carreciá). La distancia entre ambas piscinas naturales es de 400 metros |
| Desnivel acumulado | +450 metros aproximadamente |
| Dificultad | Baja-media |
| Tiempo estimado | De 4 a 5 horas |
| Época recomendada | De febrero a mayo para ver la cascada con mucho caudal |
| Consejos | Llevar pantalón largo. Hay zonas donde la vegetación se come la senda y hay que ir apartándola. También llevar agua en abundancia, pues las fuentes escasean y no hay donde recargar. Por último, llevar botas de buen agarre. No dejamos de ir ascendiendo por la montaña. |
El día 23 de abril, San Jorge, fue festivo en Cáceres y tenía el día libre. Días atrás estuve dándole vueltas a la cabeza sobre cómo pasar el día, puesto que me apetecía salir de casa para vivir una nueva aventura. Pedí a la Inteligencia Artificial que me dijera rutas senderistas a hacer por el norte de Extremadura cuya nivel de exigencia fuera bajo-medio. Me daba igual que fuera en la Sierra de Gata, Las Hurdes, La Vera, Valle del Jerte o Valle del Ambroz. Bien, de un listado de 10 rutas senderistas que me proporcionó ya había hecho 9. La única que no tenía en la cuenta era la Ruta al Mirador de La Cervigona. Por tanto, me informé bien sobre cómo acometerla.
Buscando por internet me daban dos opciones:
1-Ir desde la Piscina Natural El Jevero, en Acebo, hacia el Embalse del Prado de las Monjas. Allí, tomar la senda hacia la antigua fábrica de luz. Al llegar, comenzar a ascender hacia la base de la cascada. En todos los sitios consultados me encontraba que este último ascenso hacia la cascada era bastante duro y en cierto modo peligroso.
2-Siguiendo la misma ruta hacia el embalse, una vez allí, en lugar de ir hasta la fábrica de luz debía tomar la senda que lleva hasta el área de La Encrucijada. Aunque también tiene algo de desnivel al menos no parecía que fuera peligroso el camino.
Dicho esto, el jueves 23 de abril me puse en movimiento sobre las 09:45 desde la piscina natural El Jevero. La senda hacia el Prado de las Monjas se compone de 3 km y está perfectamente señalizada.



Al comienzo hay alguna subida sin apenas dificultad. En apenas 10 minutos has salvado poco desnivel.

Pronto se llega hasta un camino bien definido y cuidado. El entorno es muy bonito estando rodeado de sierras.





Aparte de los carteles indicativos donde se informa de la distancia faltante, también hay unas balizas cada ciertos metros. Es imposible perderse.

La zona por la que ahora caminamos intuyo que hace muchos años sufrió un devastador incendio. Puede que fuera el del año 2015. Hay mucho monte bajo y los pinos no son de gran tamaño.

Llegué a un punto donde el camino se divide. Si tomamos el de la izquierda nos llevará hasta el embalse.



En menos de diez minutos se contempla el embalse al fondo. El agua está en calma y los reflejos dan mucho juego.




Aquí había varios pescadores con sus cañas de pescar. Hablé con uno de ellos para que me indicara cómo podía llegar al Mirador de La Cervigona. Me dijo que si tomaba la senda de la derecha iba a ir ascendiendo hasta llegar a una pista ancha de tierra. Allí encontraría carteles indicativos hacia el mirador. Por el contrario, si cruzaba el muro del embalse, al final parte otro camino que lleva hasta la antigua fábrica de luz. Esta segunda opción la descarté. Por tanto, me dispuse a tomar la senda hacia La Encrucijada. El panel indicaba que en 1,5 km estaría en este área de descanso.

El embalse queda a nuestras espaldas y enseguida comienza la ascensión. Hasta aquí fue prácticamente un paseo, sin embargo, pronto me di cuenta de que lo peor llegaba.

Por momentos, la vegetación se comía la senda. Algunos arbustos y jaras incluso eran más altos que yo. En ese momento rezaba para no encontrarme de frente con algún jabalí. No sé cómo habría reaccionado.



Como podéis ver, según iba subiendo las vistas eran cada vez más bonitas. Era lo único que me animaba a seguir con mi objetivo del día. Porque, sinceramente, todo el rato iba pensando «a la puta hora que decidí ir al puñetero mirador«.
Tras algo de sufrimiento, un par de paradas para tomar oxígeno, comerme parte del bocadillo y descansar algo, al fin, divisé el área de La Encrucijada.



En el cartel anterior podéis ver más ruta a hacer, sin embargo, yo tomé la senda de la izquierda, la que lleva hasta el Mirador de La Cervigona. Me quedaban «solo» 2,6 km

A lo lejos vi un camino a través de la montaña. Intuí que era el que me llevaría hasta el mirador. Mis ánimos no eran los más positivos al ver que la senda subía y subía. Pero no iba a cesar en mi empeño de ver la Cascada de La Cervigona. Así que, pasito a pasito, seguí mi camino. El entorno estaba precioso con las flores de la primavera.


Llegué a un punto donde se veía el embalse a lo lejos. Me dije a mí mismo: ¿y todo esto he caminado ya?

Antes de llegar al mirador te encuentras con otro: el Mirador del Manantial de Santa María. Decir que las vistas desde este mirador son acojonantes (nótese la ironía de mis palabras).


Como podéis ver, está muy descuidado este mirador. Unos metros antes de llegar a él sí hay buenas vistas.

La senda sigue subiendo. En ese momento volví a desanimarme porque no paraba de subir. Y mis piernas empezaban a dar señales de cansancio.
Veinte minutos después aproximadamente llegué a la pista que actúa de cortafuegos. Allí me encontré con otra señalización hacia el mirador. 1,8 km más y estaría en mi destino.

La pista es ancha y bien cuidada. Intuí que, al fin, se terminó el subir y subir.

Tan solo cinco minutos después la vi. Allí estaba a lo lejos la cascada. Y rodeada de un entorno precioso.


Caminé durante otros veinte minutos más. Llegué hasta una intersección donde se indica que en apenas 500 metros llegaría al mirador. Ya lo estaba tocando con las manos.




Eran las 12:00, dos horas y cuarto después de mi partida, cuando llegué a mi objetivo del día. Aquí sí, las vistas son sencillamente acojonantes. De frente, la Cascada de La Cervigona. A la izquierda, el Embalse del Prado de las Monjas.


Mery y Pepe quisieron también su foto de postureo. Ellos no podían faltar.

Así como tampoco podía faltar tirar varias fotos para montar posteriormente una panorámica.

Descansé durante media hora antes de decidir volver al punto de inicio. Unas últimas fotos del entorno y hasta pronto.


A las 12:30 me puse en movimiento de nuevo para deshacer el camino andado. Paré un momento para hacer fotos a la lavanda encontrada en la pista que actúa de cortafuegos.

No mucho rato después llegué de nuevo a la bifurcación hacia La Encrucijada. 1,5 km más y estaré allí otra vez.

Se dosifican esfuerzos ahora al ir cuesta abajo. No obstante, las rodillas me empezaron a doler. Es lo que tiene ir cargando todo el peso en ellas.

Al llegar al área de descanso tomé la decisión de volver tomando una senda distinta a la de subida. Desde allí partía un camino que llevaba hasta la Piscina Natural Carreciá. Desde esta piscina hasta la de El Jevero apenas hay 400 metros, por lo que no supondría un desvío enorme.


Aquí también es todo una senda de bajada. Aunque no era mucho el sol que había se empezaba a notar algo de calor.


He de decir que en esta senda apenas me llamó la atención nada. Es algo más fea que la senda por la que subí por la mañana. Además, tenía ya muchas ganas de llegar al punto de inicio para terminar mi ruta.
Tampoco hay pérdida para llegar a esta piscina natural. Se pueden encontrar varios paneles informativos donde se indica la distancia que queda.

El último kilómetro es un camino llano. Era de agradecer para mis rodillas, que a esas alturas las llevaba molidas.


A escasos metros del lugar de destino me encontré el remolque de un camión abandonado.

Paré dos o tres minutos para fotografiar la piscina natural antes de tomar la pequeña senda que la conecta con la Piscina Natural El Jevero.



Eran las 14:30, cuatro horas y cuarenta y cinco minutos después de mi partida, cuando estaba de vuelta en los aparcamientos de la Piscina Natural El Jevero.


En el coche tenía guardado la otra mitad del bocadillo que me llevé por la mañana. La guardé por si la ruta se alargaba más de la cuenta. Sabia la decisión que tomé porque me lo comí sentado en los muros de la Piscina Natural El Jevero.
Tras terminar de comer y haber descansado algo subí por las rocas hasta el fondo de la piscina natural. Aproveché para tirar las últimas fotos del día a los pequeños saltos de agua del río Rivera de Acebo.







Para finalizar, mis pies me pedían a gritos ser refrescados con el agua del río. Sin dudarlo, me quité las botas, los calcetines y los metí en el agua. Estaba fresquita, pero a la planta de mis pinreles le vino de perlas para amortiguar el dolor.

Hasta aquí mi ruta hacia el Mirador de La Cervigona. Sinceramente, me esperaba una ruta menos exigente y más llevadera. Aunque logré completarla sin percance alguno y sin sustos, tengo que admitir que tiene algunas cuestas que se las trae. No obstante, desde octubre de 2023 cada vez que me dispongo a hacer alguna ruta y veo que la cosa empieza a ponerse seria, siempre me animo diciendo: venga, coño. Que si lograste subir por la Senda de los Cazadores de Ordesa esto es pan comido.
Sin más, me despido hasta otra aventura diciendo una vez más que la Sierra de Gata tiene paisajes que son la puta hostia. Cada vez que la he visitado, bien haciendo alguna ruta o bien visitando alguno de sus preciosos pueblos, me he vuelto a casa maravillado con lo encontrado. Os animo a todos que visitéis esta bella comarca de nuestra Comunidad Autónoma de Extremadura.