El sábado 18 de noviembre, dos semanas después de mi vuelta a Extremadura tras mis aventuras por Los Pirineos, fue el día para visitar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz.
Un par de días antes me entró el gusanillo de volver a salir al monte para fotografiar el otoño. Me puse a pensar y llegué a la conclusión de que hacía 4 años, en concreto desde septiembre de 2019, que no iba a los Castaños del Temblar, en Segura de Toro. Aun sabiendo que la entrada en otoño a este castañar privado está restringida desde octubre a enero, decidí ir hasta ellos. Como siempre he sido muy respetuoso con este entorno tan solo quería hacer algunas fotos a los castaños y seguir visitando la zona. Por supuesto, sin recoger ninguna castaña ni subirme a los árboles. Puede parecer algo normal, pero recuerdo en el año 2019 ver a una madre subir a sus hijos pequeños a los árboles para hacerles fotos de postureo. Me dio muchísima rabia porque gracias a estas personas irresponsables es por lo que se prohíbe luego la entrada.
Dicho esto, eran las 10:15 aproximadamente cuando llegué hasta este precioso rinconcito. La bienvenida, como siempre, fue espectacular con el musgo en las rocas.

El Castaño Hondonero es el primero en saludarte. Tenía un color otoñal brutal, en el que se mezclaban hojas marrones, amarillas y algunas verdes.



Unos metros más arriba el Castaño del Arroyo reclama su atención. Es el más viejito de todos. Y puede que el más bonito también. Eso es una lucha que tiene con el Hondonero.




Mis pasos me llevaron hasta el Castaño Menuero. Quizá, sea el más fotogénico debido a la forma de su tronco. Desde luego, es donde más tiempo he echado siempre que he ido a fotografiarlo.


El Castaño Retorcío es el que siempre me encuentro con las hojas más verdes. Es curioso que los cinco castaños estén en un entorno súper pequeño, donde puedes recorrer todos los castaños en apenas 10 minutos, y cada uno tenga su tiempo de tirar las hojas.

Y para finalizar me acerqué hasta el Castaño Bronco. Es el que más me cuesta fotografiar siempre debido al enorme contraste de luces y sombras. También es cierto que siempre he visitado este castañar por la mañana. Quizá, si fuera por la tarde, el sol está en una posición donde me cueste menos tirarle fotos.

Pero esto siempre me pasa en uno de los frentes del castaño. A la otra parte, la luz es espectacular y me recreé de lo lindo tirando fotos.



Antes de abandonar definitivamente el castañar, me entretuve haciendo fotos al arroyo. Aquí di uso al minitrípode que mi hermana me regaló por mi cumpleaños para lograr el efecto seda en el agua.


Justo antes de iniciar el camino de vuelta al pueblo, el sol se coló entre las ramas de los castaños y aproveché para hacerle una foto a contraluz.

De vuelta en el pueblo me asomé al Mirador El Canchal de la Cigüeña. No era mucho lo que veía porque las nieblas tapaban todo.

El coche se dirigió hacia la que, quizá, sea la carretera más espectacular del Valle del Ambroz en otoño: el Puerto de Honduras. Esta carretera une el Hervás con Cabezuela del Valle, es decir, el Valle del Ambroz con el Valle del Jerte. Nada más internarme en los primeros castaños supe que iba a ser espectacular. El otoño aquí estaba dando las últimas bocanadas de aire, pero, precisamente, los castaños tenían el color marrón oscuro que a mí tanto me fascina. Toda la carretera era un espectáculo y le dediqué casi dos horas a fotografiarla.




















Y, si pasas por esta carretera, es parada obligatoria en el camino que baja desde un pequeño estanque. Como he dicho otras veces que lo he visitado, es mi camino favorito de todos los que he recorrido en el Valle del Ambroz.




Ese día Hervás estaba hasta arriba de gente, por lo que me fui a comer al Hotel Sinagoga. La primera vez que entré aquí fue hace unos años y me llevé una buena impresión. En aquella ocasión fui a cenar con mi amiga Estela cuando ella vivía allí. Repetí lugar para comer y he de decir que las endivias con salsa de roquefort y los medallones de solomillo estaban divinos.
Una vez llenada la barriga tenía toda la tarde por delante para seguir tirando fotos. Y no dudé a la hora de volver a coger la carretera del Puerto de Honduras para hacer parada en los arroyos.
Primero, fotografié el entorno de la Fuente del Pedregoso. El río Gallego llevaba bastante agua y me dio buenas tomas. Y el minitrípode volvió a estar a la altura.


Pero, el objetivo real de la tarde, era acercarme hasta el Arroyo Romanillo. Por la mañana, de vuelta al pueblo, pude ver a muchos senderistas allí descansando y comiendo, así que decidí visitarlo después de comer.
Aquí fue donde más disfruté haciendo fotos. A cada paso que daba veía una toma distinta. Estaba tan inspirado, que estuve también casi dos horas fotografiando este pequeño arroyo. Y la distancia recorrida sería de apenas 150 metros.


















Sobre las 17:00 puse fin a esta aventura otoñal por el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Y lo hice plenamente emocionado después de varios años donde apenas me llamaba la atención.
Hace unos años me aburría ya tanto visitar siempre los mismas zonas de otoño de Extremadura que fue cuando empecé a visitar otros otoños del país: Asturias, Castilla y León, País Vasco, Aragón o Cataluña. No obstante, alguna escapada hacía al otoño extremeño igualmente, pero sin apenas emocionarme.
Desconozco las causas, pero este otoño 2023 he recuperado la ilusión y emoción al fotografiar el Otoño Mágico del Valle del Ambroz. Puede que sea porque en Los Pirineos no tuve mucha fortuna con el colorido en Ordesa. O porque solo encontré un otoño bonito en mis últimos días allí. Lo mismo es que hacía muchos años que no entraba a los Castaños del Temblar y reencontrarse con estos seres siempre es especial. O, simplemente, puede que sea que el otoño en el Valle del Ambroz fue el primero que fotografié cuando me inicié en la fotografía de paisajes allá por 2011. Sea una cosa u otra, este año donde más he disfrutado tirando fotos al otoño ha sido aquí, en casa, en el Valle del Ambroz, en nuestra querida Extremadura. El otoño en Los Pirineos es brutal, espectacular, mágico y sigo diciendo que está tres o cuatro niveles por encima del otoño extremeño, pero mostraros paisajes de mi tierra siempre es especial y, en eso, no puede hacerle la competencia ni Ordesa, ni Benasque, ni el Valle del Arán.