El pasado lunes, día 29 de agosto, estaba marcado en la agenda para ir a fotografiar la berrea. Algunos pensarán que aún es pronto, pues casi siempre los días ideales para ver, escuchar o fotografiar este fenómeno suelen ser a mediados de septiembre. Sin embargo, en El Millarón la berrea suele empezar a mediados de agosto.
Tras haber comido en tiempo récord partía desde Cáceres hasta la finca. La hora a la que debía estar allí era las 17:45, por lo que mi salida fue sobre las 16:15. Nada más llegar, me recibió Teo y nos preparamos para ir hasta el hide. Las luces aún eran muy fuertes, pero tenía toda la tarde por delante para captar a los venados berreando. Al entrar en el hide escuché por los alrededores el berreo incesante de varios machos. Yo creía que apenas los iba a escuchar debido a que hasta hace muy pocos días no han empezado a hacerlo, pero, la verdad, se oía «su canto» por todas partes.


Al marcharse los venados volvimos hacia la casa. Allí nos tomamos un refresco hasta que las luces no fueran tan duras. Intercambié con Teo mis próximos planes otoñales, así como los del otoño pasado. Sobre las 19:00 nos preparamos para entrar de nuevo al hide. El sol iba cayendo poco a poco y tendría buena luz para que las fotos quedaran más bonitas.


El macho dominante de la manada, el más grande, no daba tregua a los más jóvenes y marcaba su territorio.



El resto de ciervos jóvenes se tenían que conformar con solo comer y apenas acercarse a las féminas.


Los más pequeños también se alimentaban bajo las faldas de mamá.

El verdadero espectáculo vino con un venado de cierto tamaño que se quedó rezagado del resto. Me dio las mejores instantáneas de la tarde, pues apenas lo tuve a 6 o 7 metros.





Con los últimos rayos de sol pude hacer varios contraluces, que no quedaron mal del todo. La dehesa extremeña en estado puro.








Una vez caído el sol del todo, llegó el momento de captar a los animalitos en la oscuridad. El objetivo era conseguir alguna foto de los venados berreando en «las ventanas» que formaban las encinas de la dehesa. No paré hasta que lo conseguí, aunque también me gustaron varias fotos donde solo se veía la silueta.





Fue una tarde/noche llena de emoción con este fenómeno. La fotografía de la berrea era algo que tenía en mente desde hace 3 o 4 años, pero que siempre posponía para el año siguiente. En el mes de julio llamé a El Millarón para informarme de la posibilidad de ir en agosto y tuve suerte de que aún quedaba alguna plaza libre.
No me quiero despedir sin dar las gracias, como siempre, a Olimpia y Teo por el trato recibido. Son 5 veces las que he visitado alguno de sus hides y en el futuro vendrán más. Por el momento, creo que no entraré a ningún hide más en lo que queda de año. Y es que… ¡pronto estaremos en otoño! Y con él vendrá mi viaje al norte para captar toda su esencia en los montes. Probablemente, hasta entonces, no tengáis más noticias en el blog.
Un saludo, turistas.