El pasado fin de semana fueron dos días para volver a salir a fotografiar el otoño, esta vez, por Extremadura.
Después de más de un mes sin ir al pueblo era el momento de volver. Aproveché para buscar fotos otoñales que no hubiera realizado otros años, aunque, la verdad, era algo complicado, pues siempre termino yendo a los mismos sitios.
El sábado 20 me encaminé hasta las inmediaciones de la Ermita del Humilladero, pasando Guadalupe. Dejé el coche aparcado en el cruce que sube a La Villuerca y en el mismo momento tomé la decisión de ir por el camino que une Guadalupe con Navezuelas. Cogí el paraguas y mis pies se echaron a andar bajo la lluvia. Aquello era buena señal porque ya sabéis que a mí me gustan las fotos otoñales mientras llueve.


Los robles y los castaños estaban en el punto ideal de color. Al fondo, se mostraba la Villa de Guadalupe con su monasterio y el viaducto.



Anduve más de media hora por el camino. Cuando vi que empezaban las cuestas me di la vuelta para volver al coche. Después de todo lo que caminé por Los Pirineos, sinceramente, no me apetecía castigar de nuevo las piernas. Además, la lluvia no cesaba y cada vez caía más agua.


De vuelta en el coche decidí subir por la carretera que lleva hasta lo alto de La Villuerca. Pero no llegué hasta arriba del todo. Aparqué en un apartadero por el que he pasado decenas de veces y me fijé en una señalización hacia el Mirador del Viejas. Como nunca había estado en él me picó la curiosidad y decidí ir, pues se encuentra a escasos 300 metros. Al llegar, pude ver unas preciosas vistas.




La mañana terminó bajando con el coche por el camino de hormigón que lleva hasta Navezuelas. Mucho cuidado si vais porque el desnivel es muy grande y hay que ir muy despacio.

Esa misma tarde hablé con una amiga y me dijo que ella quería ir con su niña (venga, vale, con su marido también) a la presa de Guadalupe, que le habían dicho que era una zona muy bonita para pasear y ver el otoño. Como yo tampoco había estado allí nunca me puse a investigar cómo llegar. Se trataba de la Presa de la Ruta de los Molinos y al ver algunas fotos por la red me dije que los castaños de alrededor debían estar preciosos.
Al día siguiente me levanté decidido a volver a las inmediaciones de Guadalupe para presenciar el otoño en esta presa. También despacio y con cuidado se puede llegar con el coche hasta el mismo muro.







No es que sea muy grande, pero, tal y como deduje, lucía con unos colores otoñales que me dejaron maravillado. También llovía y no tuve la suerte de captar el reflejo de los árboles en el agua, que no paraba de moverse. Habrá que intentarlo otro año.






En una de las primeras entradas donde os hablaba de mi viaje a Los Pirineos os decía que llevaba 10 años buscando un otoño donde poder captar las nieblas mezclándose con el colorido de los árboles. Bien, este año lo he conseguido tanto en Aragón como en Extremadura.


En apenas 15 o 20 minutos se llega hasta el final de la presa. Por el camino busqué los mejores encuadres para volverme con un bonito recuerdo.




También habiendo estado toda la mañana bajo el agua de la lluvia me despedí del otoño en el Geoparque hasta otro año. La verdad es que los alrededores de Guadalupe en esta estación son una auténtica maravilla. Y ojo, lo dice un cañamerano.
Sin más que contar del otoño en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, me despido de vosotros hasta otra aventura, que, si todo sale bien, será el próximo fin de semana en otra zona de Extremadura. Será ya la última aventura otoñal del año 2021.
