Desde hace un par de semanas aproximadamente tenía en mente pasar el Día de la Hispanidad, 12 de octubre, por el norte de Extremadura. En concreto, quería visitar la Sierra de Gata para conocer Hoyos, pueblo que había visto por la red que tiene un bonito casco histórico y que nunca había visitado. Como la visita solamente a Hoyos me parecía muy poca cosa decidí también visitar primero Trevejo, a pesar de que sería la tercera vez que mis pies pasearan por sus callles empedradas.
Dicho esto, ayer me ponía rumbo a la Sierra de Gata sobre las 9 de la mañana. La llegada a Trevejo fue a las 10:30 más o menos. Como ya he dicho muchas veces en otras entradas del blog odio los días soleados para salir a hacer fotos. Y ayer tuvimos en la provincia de Cáceres un día primaveral, como si estuviéramos a primeros de mayo.
Dejé el coche en la plaza de la entrada al pueblo y comencé a andar por la primera calle que te encuentras. En mi camino di con el que creo que es el único bar de la población.


Los pies me llevaron hasta las inmediaciones del castillo, que cada vez que lo he visitado lo he encontrado más deteriorado.



Antes de llegar hasta el castillo nos topamos con la iglesia y el campanario. Sus alrededores están llenos de tumbas esculpidas en la roca.






He de decir que el castillo es de propiedad privada y la subida es bajo la responsabilidad de cada uno. Debido al estado en ruina en el que se halla es probable el desprendimiento de alguna de sus paredes. Se deja bien claro en un cartel.

Como a mí me gusta el riesgo, decido subir. Las vistas desde lo alto son espectaculares.






Después de un rato disfrutando del entorno tocó volver a bajar para callejear por el pueblo. Las calles empedradas son un encanto y una de las razones por las que, quizás, Trevejo sea el pueblo que más me gusta de toda la Sierra de Gata.












A las 12:00 (minuto arriba, minuto abajo) me despedí de este bello pueblo sabiendo que volveré a visitarlo en el futuro, pues uno no se cansa de pasear por sus calles y respirar tranquilidad. El coche me llevaría hasta Hoyos y así completar la mañana por estos dos pueblos de la Sierra de Gata.
La llegada al segundo pueblo que visité en el día fue apenas un cuarto de hora después. La verdad, el comienzo del paseo no me pudo resultar más desagradable debido a un comentario escuchado de la boca de una señora al decir que si por ella fuera tiraría por una cuesta abajo a un político que va en silla de ruedas (creo que no hace falta decir el nombre). Independientemente de nuestros ideales políticos, de si compartimos sus ideas o no, gritar eso a los cuatro vientos en una calle púbica no es cuanto menos vergonzoso, ya sea alguien de derechas o de izquierdas.
Dicho comentario no me desanimaría a seguir con mi paseo por las calles empedradas de Hoyos. A esta hora el sol estaba aún más vertical que en Trevejo y, para mi desgracia, quemaba aún más las fotos.








Las casas del casco histórico son casas señoriales. Claramente, pertenecieron (o pertenecen) a personas con buen poder adquisitivo.







En la plaza Mayor se encuentra la iglesia y el ayuntamiento.




Y llegando a otra de las calles me encontré con unos amiguitos que pedían comida a la puerta de una casa. El rato que pasé tirándoles fotos fue de lo mejor del día, ya no por estar fotografiando a estos bonitos felinos sino por la charla que tuve con el dueño de la casa, que estaba asomado al balcón (desde aquí le mando un saludo por si me leyera).
Hace muchos años, en una de las visitas a otros pueblos de la Sierra de Gata, dije que la gente de esta comarca es la que me resulta más simpática y agradable, pues son muchas las ocasiones que me he paseado por otros pueblos colindantes y siempre me he encontrado con alguien que me ha prestado su tiempo para pararse a charlar conmigo. Ayer, en Hoyos, no he hecho más que reforzar esa idea que tengo de los habitantes de la Sierra de Gata.





Sobre las 13:30 di por finalizada la visita turística por el casco histórico de Hoyos. Me acerqué hasta el Bar El Redoble para comer. Días antes vi las opiniones en Tripadvisor y la mayoría hablaba maravillas de la comida que sirven. Debo decir que a mí también me encantó y este fue el menú que elegí:
-1er plato: ensalada templada de gula y gambas (la mejor ensalada templada que he probado en mi vida).
-2do plato: carrilleras con salsa de boletus.
Os dejo con un par de fotos de los platos para que veáis la buena pinta que tenían.


De postre tienen una gran variedad, aunque yo elegí tomar un café. Estaba tan lleno, que no me cabía nada más de comer.
Hasta aquí las rutas mañaneras por los pueblos de la Sierra de Gata. Por la tarde tocó revisitar, diez años y medio después, un encanto de pueblo abandonado en las inmediaciones del embalse Gabriel y Galán. Se trata de Granadilla y os contaré en otra entrada cómo fue la experiencia.