El fin de semana pasado, gracias a uno de mis contactos en el Facebook, descubrí que existe una ruta hacia las cascadas del río Almonte, dentro del término municipal de Jaraicejo y a las puertas del Parque Nacional de Monfragüe. Las fotos tenían muy buena pinta y decidí que ya tenía planes para uno de los días de Semana Santa.
El día elegido era hoy. La idea era haber ido acompañado, pero, finalmente, no ha podido ser (toda precaución es poca en época de pandemia). Emocionado, mi partida desde Mérida era sobre las 8:50. Por delante tenía aproximadamente una hora y cuarto de viaje hasta llegar al puente de piedra, lugar donde, al final, se puede dejar el coche aparcado a mano derecha (si vienes desde Trujillo).
Sobre las 10:10 mis pies se ponían en movimiento desde el puente. Una vez aparcado el coche, hay que cruzar la carretera y bajar por un pequeño camino, como si te fueras a meter debajo del puente. Por este camino, incluso, se puede bajar el coche y dejarlo en una explanada que hay. Antes de bajar, os dejo con una foto tirada desde la carretera. Por ahí es por donde he venido, es decir, esa carretera lleva hasta Trujillo/Cáceres.


Bajando por el camino llegamos hasta un cartel que nos indica que estamos dentro de la Red Natura 2000. Nos explica qué animales podemos encontrar en el entorno, aunque no os hagáis ilusiones con el águila imperial porque es muy difícil verlo.

Y justo por detrás del cartel están los restos de un muro, que no sé muy bien qué significan.

Desde aquí hasta las cascadas hay aproximadamente un kilómetro de distancia. La ruta no está señalizada, no obstante, no pérdida alguna. Tan solo hay que seguir el caminito trazado y cuando se corte sabrás que has llegado a tu destino.
Antes de comenzar, me entretengo haciendo fotos al río. Mi pensamiento es que cómo puede haber cascadas en un río donde el agua apenas se mueve en esta zona.



La verdad es que he tenido muchísima fortuna con el tiempo y, sobre todo, con las altas luces. Nunca me cansaré de decir que adoro los días nublados para hacer fotos. De esta manera, nunca tendrás un gran contraste entre luces y sombras. Ya sabéis: el sol es el principal enemigo de los fotógrafos de naturaleza.
El agua sigue en calma. Y yo no escucho por ningún sitio alguna caída que me haga ver que estoy cerca de las cascadas.

Pero no me desanimo y mis pies siguen en marcha. La ruta es sencilla, siendo en todo momento en terreno llano. Como he dicho anteriormente, tan solo hay que seguir el trazado del camino e inesperadamente tienes ante ti el primer salto de agua, la primera cascada.


En este punto es donde se corta el camino, terminando en un vallado con una pequeña puerta. Que el dueño me perdone, pero la he abierto y he pasado. Por supuesto, he vuelto a cerrarla por si hubiera ganado que pudiera escaparse. Una vez dentro, voy paralelo al río hasta que he encontrado un punto en el que puedes bajar un pequeño tramo desde el que se ve la segunda de las cascadas (y la más bonita).


Y como también me he llevado el trípode, es la hora de hacer uso de él para captar el agua con el efecto seda.


Mery y Pepe también quieren posar para la foto. Es la primera vez que visitan este lugar y quieren llevarse un recuerdo de él.

El río baja bravo con las lluvias caídas en el invierno.

Es en este momento en el que mi madre, si está leyendo esto, debería parar y no seguir. Si lo haces, es bajo tu responsabilidad. Si sufres algún ataque, avisada estabas ja, ja.
Decido bajar por las rocas hasta el río. Aunque desde arriba parece una bajada complicada, si se tiene cuidado de dónde poner el pie no debe pasar nada. Aún así, os dejo con una foto tirada desde abajo mostrando por dónde he descendido (te quiero, mami. Eres lo mejor del mundo mundial). El camino privado pasa por donde está el árbol.

Como deduje antes de arriesgar mi vida, a ras del agua las fotos han quedado bonitas.



He estado bastante rato aquí porque, nada más bajar, el sol se ha abierto entre las nubes. Lo dicho, el agua salía quemada (es curioso, ¿verdad?) debido a los rayos del sol, por lo que he esperado a que se volviera a esconder entre otro nubarrón que se avecinaba.
El problema no es bajar al río sino subir. He vuelto por el mismo sitio y, repito, teniendo mucho cuidado de saber dónde se pone el pie. También os digo que si lleváis algún calzado deportivo de poco agarre ni se os pase por la cabeza bajar por las rocas. Mis zapatillas sí agarran bien incluso en el suelo húmedo y es la razón también por la que no me ha dado miedo a bajar.
Una vez arriba de nuevo, tranquilizando a mi querida madre desde la distancia, he vuelto hacia la primera de las cascadas. Antes de dar por finalizada mi estancia aquí quería fotografiarla desde cerca.




El agua ha erosionado la roca durante millones de años, formando pequeñas pozas. Me recuerdan a las pozas de Los Pilones, en el Valle del Jerte.

La vuelta hacia el puente de piedra ha sido por la orilla del río en lugar de por el camino. Me he entretenido haciendo fotos al campo, que ahora luce con un verde precioso y con multitud de flores.





Encuentro un punto donde el agua es un espejo del cielo. Permanece quieta y en él se reflejan las nubes.



¡Esperad! ¿Qué es una salida fotográfica sin que me revuelque por el suelo? Casi llegando al puente, el agua está cubierto de flores blancas de los ranúnculos.

Y para terminar, un par de fotos del puente de piedra, lugar de inicio de la ruta.


Eran las 12:30 aproximadamente cuando he dado por finalizada la ruta. Decir que he disfrutado como hacía mucho tiempo que no disfrutaba en una salida fotográfica. Será que el tiempo ha acompañado, será que el entorno es precioso, que he tenido suerte y apenas he encontrado enormes contrastes de luces y sombras… O será que esta maldita pandemia se está alargando más de lo esperado y cada momento rodeado de naturaleza lo valoro mucho más que antes.
Os animo a todos a que visitéis este entorno. En verano, seguramente, no merezca tanto la pena debido a que casi no bajará agua por el río y que todo esté bastante seco. Ahora, en primavera, podéis ver que bien merece una visita.
Sin más, un saludo y hasta otra aventura, turistas.
