El pasado martes, 10 de noviembre, fue un día frenético en cuanto a fotografías se refiere. Si bien por la mañana estuve haciendo fotos en un castañar de Guadalupe, llegué a casa con el tiempo justo de pasar las fotografías al ordenador, comer e ir por la tarde al río Ruecas para intentar captar al martín pescador, gracias a la empresa Birdwatching Villuercas.
Eran las 15:00 aproximadamente cuando me tomaba un café en el Restaurante Ximénez, de Cañamero, con Luis Benito: la persona que me iba a llevar al hide del martín pescador. Tras un intercambio de opiniones y mostrarme fotos conseguidas el fin de semana anterior del águila real (preciosas, por cierto) nos pusimos rumbo al río. Por el camino le comenté que andaba buscando un objetivo Canon 300mm f4 de segunda mano, que a ver si tenía suerte y encontraba alguno asequible de dinero y bien cuidado. Ello sirvió para que él me dijera que me prestaba el suyo y así viera resultados in situ, que es una gama superior: Canon 300mm f2.8. Sin dudarlo, acepté la propuesta.
Mi mala cabeza hizo que al llegar al hide y comenzara a preparar el equipo fotográfico me diera cuenta de que me había quedado olvidado el trípode en el coche, el cual dejé en Cañamero. Menos mal que Luis Benito también se prestó a dejarme el suyo porque, de lo contrario, no habría podido hacer ni una solo foto medio en condiciones.
Aún no se había marchado del todo con el coche, seguía escuchándolo por el camino adelante, cuando mi amigo Martín se presentó por primera vez en el posadero habilitado. Su pose es bellísima.



Los primeros resultados obtenidos con el Canon 300mm me encantan. Lo que más me gusta es el desenfoque que tiene, que me parece brutal. No obstante, ahora decido poner mi objetivo, un Sigma 150-600mm Contemporary.




Apenas hice fotos con mi objetivo, cambiando enseguida de nuevo al Canon 300mm. A pesar de que estoy muy contento con el mío y que me da resultados excepcionales, nunca se puede comparar la calidad, nitidez o desenfoque de un objetivo zoom con uno fijo. No quiero decir que una marca sea mejor que la otra y yo no soy quién (ni tampoco experto) para hacer una comparativa entre ambos objetivos, más aún cuando, desde mi punto de vista, juegan en competiciones diferentes.

Siguiendo con las instantáneas, hubo un momento en el que estuvimos jugando al escondite inglés (en algunas zonas se le conoce como el pollito inglés). ¿No os lo creéis? Ahí va: 1, 2, 3, al escondite inglés, sin mover las manos ni los pies.
¡Mirad! ¡Lo ha clavado!

– ¡He ganado! ¡Te has movido!
-¡Pues ahora me enfado! ¡Ale!

Y se enfadó tanto… que el pedazo de hijo de su madre captó un pez justo cuando tenía el sol de frente y no pude hacer fotos en condiciones durante un rato. En conclusión: ganó él.

Una vez pasado el sol se quedó una luz muy bonita del atardecer. Aproveché los últimos minutos del día para conseguir más fotos.





Para despedirse de mí, el amigo Martín me mostró su último peinado a la moda, enseñándome la cresta azul que se había dejado je, je.

Sobre las 17:45 avisé a Luis Benito para que fuera a recogerme, pues la luz ya empezaba a escasear y me daba por satisfecho con todo lo logrado. Desde aquí, darle las gracias una vez más por darme la oportunidad de fotografiar a esta bella ave, por los momentos de intercambio de conocimientos fotográficos (en este mundo nunca se deja de aprender) y, sobre todo, por prestarme su objetivo Canon 300mm. Como ya he comentado, los resultados son magníficos y si antes quería hacerme con uno, ahora tengo clarísimo que, tarde o temprano, desembolsaré un dinero por él. A no ser que alguien tenga la bondad de regalármelo por mi próximo cumpleaños, que es dentro de diez días. Ahí lo dejo 🙂
Sin más, me despido hasta otra ocasión, que muy probablemente sea otra entrada de otoño extremeño. Si finalmente lo llevo a cabo, os informaré.
Un saludo, turistas.
