El año 2020 no podía empezar mejor en cuanto a fotografía se refiere. Y lo ha hecho tal y como terminó el 2019: cumpliendo otro sueño fotográfico más.
El pasado martes, día 7 de enero, me levantaba a las 06:00 a.m. dispuesto a visitar, una vez más, uno de los hide de El Millarón, en las cercanías de Valencia de Alcántara. Se trataba del hide de águila imperial ibérica, el cual llevaba persiguiendo desde hace tiempo y que era una de mis ilusiones a fotografiar debido a la belleza de la especie y a la dificultad de verla, ya que está en peligro de extinción; contando con tan solo unas 500 parejas reproductoras en la Península Ibérica.
Allí me esperaba Maxi como en otras ocasiones (he visitado también el hide de águila real y el de los abejarucos) y me explicó en todo momento cómo era este nuevo hide, que ofertan desde finales de verano aproximadamente. Antes de que comience a mostrar algunas fotos os diré que el águila imperial rara vez se posa a comer, haciéndolo tan solo un momento para coger el cebo, se marcha y vuelve de nuevo a por más. Así que había que estar muy atento para intentar captarlo a vuelo, cosa que es factible, ya que desde lo lejos se la ve venir y te da tiempo de sobra a preparar la cámara. Otra cosa que me contó Maxi es que es muy rápida en bajar. Desde que te metes en el hide hasta que aparece pasa una media de 15 a 30 minutos; al menos la espera no se iba a hacer eterna.
Los primeros en bajar fueron los cuervos, unos 10 o 15, y comenzaron a comer.

Maxi casi acertó con el tiempo que tardó el águila imperial en bajar al mismo lugar. Conmigo tardó de 5 a 10 minutos. Su belleza volando es impresionante. Intenté controlar las emociones para disparar con la cámara y ver si conseguía alguna decente volando.








Su primera parada fue en las ramas de un árbol y allí siguió exhibiendo toda su porte.



Si bien Maxi me dijo que rara vez se posaba, y que si lo hacía solo serían unos instantes, conmigo se portó de manera totalmente distinta. Estuvo observando el paisaje y posando para mí unos veinte minutos. Una auténtica gozada.






Igual que el pasado verano cuando entré al hide de los abejarucos, tenemos la posibilidad de hacer fotos con un Canon 400mm f2.8. Por supuesto, me llevé el objetivo estrella de la marca, prestado por Canon para uso de los clientes de los hide, pero las fotos que hice no me convencieron; no por la calidad ni mucho menos. El problema fue mío porque no terminé de ajustar bien las luces y enfoque. Y cuando quise hacerlo el águila se marchó para no volver más en toda la mañana. Os dejo con la única que medio se ha salvado.

Pero a pesar de que no volvería más en toda la mañana, ahora tocaba el turno de otros protagonistas que llevaban esperando ser fotografiados desde hacía bastante rato. De la nada apareció un buitre negro, que estuvo tomando el sol un buen rato posado en una roca.

Y después del buitre negro llegó otro buitre leonado.

Aunque los segundos protagonistas del día, después de la joya de la corona, fueron tres zorros que merodeaban por la zona. No pude captarlos a todos en la misma foto porque aparecían siempre por separado y alejados unos de otros. Tuve también suerte porque Maxi me dijo que normalmente aparecían un par de ellos solamente.







Y hasta aquí la sesión de fotos por el hide de El Millarón. En tres meses he cumplido dos sueños fotográficos: uno paisajístico (Los Lagos de Plitvice) y otro de aves (el águila imperial ibérica).
Una vez más, agradecer a Maxi su amabilidad a la hora de explicarme el funcionamiento del hide y sus consejos para poder captar al águila en vuelo. Espero repetir en otra ocasión, cuando tenga más soltura en la fotografía de vuelos y a ver si así consigo mejores fotos; aunque, siendo realistas, he quedado muy satisfecho con los resultados obtenidos.
Hasta otra aventura…