El pasado miércoles, día 22 de agosto, estando de vacaciones veraniegas, fue un día para realizar una sesión fotográfica al águila real en la Sierra de San Pedro, cerca de Valencia de Alcántara.
En un principio era un día para haber hecho fotos a la cigüeña negra, en Santiago del Campo, pero una semana antes me avisaron diciéndome que este año no estaban bajando con asiduidad a la charca donde habitualmente beben y pescan peces, por lo que no me aseguraban tener éxito en la sesión.
Dicho esto, como en los planes para el año que viene estaba hacer fotos al águila real, me puse en contacto con El Millarón, para ver si estaba disponible el hide para hacer fotos a esta especie. Como la respuesta fue afirmativa, allí que me presenté, con la ilusión de un niño pequeño al saber que iba a tener a esta rapaz a tan solo veinte metros y en total libertad.
Indicaros que la propia empresa tiene a su disposición una casa rural en la finca, pudiendo hacer noche en la misma y así ganar tiempo por la mañana. Sin embargo, yo hice noche en Cáceres y partí hacia la finca sobre las 06:10 de la mañana, estando en mi destino a las 07:20, justo a la hora a la que había quedado con el guía, Maxi.
El hide está situado en lo alto de la sierra, obteniendo unas fotografías bonitas con los fondos verdes, gracias al monte bajo.
Llegamos al hide sobre las 07:50 y Maxi, muy atento en todo momento, comenzó a preparar todo. En tan solo diez minutos me quedé solo en el hide y había que esperar la llegada de una de las reinas de las rapaces de la península ibérica (con permiso del águila imperial). Puntual como si fuera un reloj, la hembra bajó a las 09:00. Y ahí empezaron las emociones fuertes al ver su belleza.



El filo de su pico es una buena herramienta para despedazar el conejo (muerto) puesto como cebo.





En apenas unos minutos, ya solo queda la mitad del conejo. Me dio mucha rabia que el águila se diera la vuelta, como si no quisiera salir en la foto.





Era tal la emoción y el entusiasmo, que no me di cuenta de la llegada del macho. Levanté la cabeza y lo vi posado en una roca, lugar donde había otro cebo. En esos momentos no sabía distinguir entre uno y otro, pero Maxi me dijo por whatsapp que la hembra tenía los ojos de color marrón y el macho de color amarillo.




Desde hace un rato, la lluvia pasa a ser otra de las protagonistas de la mañana. Y las gotitas de agua se notan en las plumas de las aves.


La hembra ya se ha quedado saciada, devorando los cebos puestos en los troncos, y se prepara para su marcha.





Y ya solo queda el macho, el cual pasea pensativo. ¿Estará pensando en su próxima presa?

Es a partir de este momento cuando más disfruto con las fotos que hago. Parecía una modelo posando para la foto y poniendo sus mejores posturas.













Y apenas una hora y cuarto después de la llegada de la hembra, el macho termina la comilona y se prepara para irse. Unas prácticas de vuelto antes de subir de nuevo a lo alto de los cielos.



Una última foto de las vistas desde el hide. Como podéis apreciar, son preciosas e ideales para los fondos de las fotografías.

La marcha del macho de águila real se produjo hacia las 10:15, pero hice tiempo hasta las 11:00, por si aparecía algún zorro o meloncillo buscando restos de comida. No tuve suerte y llamé a Maxi para que fuera a recogerme. Desde aquí, agradecerle una vez más su amabilidad y que compartiera conmigo sus conocimientos de esta especie. Sin ningún tipo de duda, disfruté enormemente de las rapaces, de la naturaleza, de la fotografía y de la vuelta a casa, pues desde el camino se podían ver venados y ciervas a unos 150 metros, que ahora están comenzando el celo. Quizás vuelva en otra ocasión a hacerles fotos, aunque mi prioridad número uno es conseguir fotos del águila imperial ibérica, mi sueño fotográfico en estos momentos.
Sin más, me despido hasta otra ocasión y… ¡un saludo, turistas!