Ficha técnica
Abejaruco europeo
| Nombre científico | Merops apiaster |
| Longitud | De 27 a 29 centímetros |
| Envergadura | De 44 a 50 centímetros |
| Peso | Entre 50 y 70 gramos |
| Presencia en España | Desde abril a septiembre |
| Estado de conservación | Población estable |
El día 1 de mayo, por la tarde, tocaba cambiar de especie en los Hides de Calera. Si bien por la mañana había sido emocionante fotografiando al mochuelo europeo, por la tarde vendría uno de los platos fuertes de la maratón de hides, pues los abejarucos estaban en el mejor momento de celos y cópulas.
Antes de nada, estuve comiendo en el Hostal Restaurante Cuatro Caminos, mi lugar de estancia durante dos noches, junto al grupo de fotógrafos con los que me reencontré. Decir que compartimos charlas de fotografía y vivencias en distintos viajes o hides. Y también compartimos… ¡vasos de vino durante la comida!
Una hora antes de partir hacia la nueva aventura subí a la habitación para descansar un poco y preparar las pocas cosas que tenía pendientes. Al tumbarme en la cama no dejaba de pensar «¡madre mía! Con las 5 copas de vino que me he tomado no voy a saber si lo que se va a posar delante es un abejaruco o una cigüeña» Finalmente, me espabilé un poco y sobre las 16:45 estábamos esperando la llegada de las pequeñas aves. Teníamos por delante casi 4 horas para disfrutar disparando fotos.
En menos de 10 minutos se posó en un posadero una pareja. Tras un breve cortejo, desataron la pasión sin vergüenza alguna. Aquello empezaba a pintar bien.





Pero lo que más me flipaba era el ir y venir incansable del macho para dar de comer a la hembra. Es su manera de «ganársela».



La llegada del macho con las alas abiertas era todo un reto. Tras muchos intentos fallidos, poco a poco, empecé a cogerle el truco y a calcular los tiempos de llegada para poder captarlo. Es lo que tiene no tener una cámara mirrorless que te facilita todo este trabajo.


Otras parejas vigilaban el entorno. Ellos estaban ya decididos a cavar el túnel donde hacer el nido.


Sin embargo, mi empeño era seguir captando a las aves en vuelo. Cosa complicada también por las limitaciones de mi actual cámara y porque estos pájaros tienen un vuelo rapidísimo. No obstante, mi constancia empezó a dar sus frutos y pronto vi resultados que me gustaron.
























Si mi empeño era captarlos en vuelo, el empeño de los abejarucos era cazar presas. Principalmente del macho para cortejar a su querida.



















Sacaron tiempo también para alguna pose bonita.


Alguna que otra pelea cayó también.




Al final, en esta bonita historia de abejarucos, a pesar de las peleas, hubo reconciliación y TRIUNFÓ EL AMOR.


Eran las 20:15 aproximadamente cuando salimos del hide con la plena satisfacción de haber logrado lo que me propuse al comienzo de la sesión: cebas y cópulas. Además de llevarme también en la tarjeta de memoria momentos de peleas y mucha acción. Si he logrado captar esto con una cámara réflex del año 2017, estoy completamente convencido de que en años venideros lograré mejores resultados aún cuando evolucione a mirrorless.
Al día siguiente tocaría volver a levantarse muy temprano para poner el broche de oro a la maratón de hides. Poco más de 12 horas después viviría una de las mayores emociones fuertes que he vivido fotografiando fauna. Fue tal la emoción que al terminar me dije a mí mismo: lo de menos son las fotos. El tener delante al Aquila adalberti imponiendo su poderío ha sido la puta hostia.