Asturias – Narcea: ruta por el bosque de hadas de Muniellos

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El domingo día 13 de noviembre era el DÍA GRANDE por Asturias, el momento de mi reencuentro con el increíble bosque de Muniellos. Era un día que estaba marcado con una X en el calendario desde el día 2 de enero, momento en el que reservé mi plaza para poder acceder a este entorno declarado Reserva Mundial de la Biosfera.

A Muniellos ya accedí en el mes de noviembre de 2014. Y desde entonces tenía una espina clavada debido a dos motivos:

1-No logré ver un otoño espectacular, pues ese año el otoño se atrasó por esta zona y cuando llegué estaba todo prácticamente verde.

2-No logré subir a la Laguna de la Isla. Hice el intento, pero mi falta de preparación me hizo darme la vuelta cuando me quedaban dos kilómetros aproximadamente.

Llegado el día, antes de salir hacia Muniellos, me miré en el espejo y me animé a mí mismo diciéndome que esta vez sí lo iba a conseguir, que me iba a quitar la espina del año 2014 e iba a ver la laguna. Para mí era todo un reto no solo por quitarme la espina (al final de la entrada os cuento por qué tenía que subir sí o sí).

Sobre las 09:00 comencé mi ruta. El primer kilómetro está adaptado para minusválidos y los tres siguientes se realizan sin apenas dificultad. Elegí la ruta del río, que es más corta y consta de subir hacia la Laguna de la Isla. La ruta larga, que va por la otra parte del río, no la elegí debido a que con mi ritmo no me iba a dar tiempo a realizarla antes de las 17:00, hora en la que debía estar de vuelta (en verano es más tarde).

Inicio de la ruta del río
Inicio de la ruta del río
Inicio de la ruta del río

Antes de llegar al Centro de Recepción de Visitantes me emocioné porque la primera de las espinas ya me la estaba quitando. Todo el entorno lucía un color otoñal precioso y nada más internarme en el bosque comprobé que así era también en el río.

Río Narcea
Río Narcea

No tardando mucho llegué al haya más famosa de Muniellos, aquella que aparece en la mayoría de postales de la zona. Aún no había mucha luz y la foto que le tiré fue subiendo la ISO (concepto fotográfico solo apto para entendidos de fotografía). Tampoco me preocupó mucho. A la vuelta tendría la oportunidad de volver a fotografiarla.

El haya más famosa de Muniellos

A pesar de la sequía, en Muniellos corría el agua. No tanta como en 2014, pero menos es nada.

Río Narcea
Río Narcea

Un desvío hacia las lagunas indica que se terminó el paseo. A partir de aquí, el camino asciende sin parar.

Indicaciones hacia las lagunas

El agua siguió siendo el protagonista durante toda la ruta. Gracias a él, iba haciendo paradas para descansar y así entretenerme fotografiando pequeñas caídas.

Río Narcea
Río Narcea

De nuevo, otra indicación hacia las lagunas. En este punto noto ya mucho cansancio y me vengo un poco abajo al ver que aún me queda una hora y media hasta llegar a mi objetivo final. Me acuerdo de unas horas antes mientras estaba delante del espejo animándome a mí mismo. También pienso en el principal motivo por el que quiero subir a la Laguna de la Isla, por encima de quitarme la espina clavada de años anteriores.

Hora y media hacia las lagunas

Llego a un punto que me suena que fue donde me quedé en el año 2014. Al menos, esta vez, he logrado igualar mi meta de ocho años antes.

Mi meta en 2014 (creo)
Roblón de Muniellos

Enseguida, me doy cuenta de por qué me di la vuelta en el año 2014. Además de que me asfixiaba en la subida, recuerdo que me desanimé al ver la pendiente que aún queda de ahí para arriba. Paré a descansar un poco, me grabé en un vídeo (el cual no voy a subir) y luego seguí la marcha. En el camino me digo que he ido allí a sufrir, pero que merecerá la pena cuando llegue a la laguna. A pasos cortos, tramo a tramo, conseguí llegar a un punto clave de la ruta: los tres cruces. Un camino enlaza con la ruta por la otra parte del río (la ruta larga), otro lleva a la Laguna de la Isla y el otro es por el que he subido.

Cruce de tres caminos

Me animo. Veo el camino hacia la laguna y tiene poca pendiente. Alguna que otra subida y bajada, pero intuyo que lo peor ya lo he pasado. Las vistas de todo el bosque según voy andando son impresionantes.

Bosque de Muniellos
Bosque de Muniellos

Aproximadamente veinte minutos después llegué a la Laguna de la Isla. Mi emoción saltó por los aires diciendo «¡LO HE CONSEGUIDO!». Sinceramente, la parte del camino más dura, la de la subida constante, es la que me pareció más fea. Puede que sea porque en la parte alta los árboles estaban casi totalmente pelados de hojas.

Laguna de la Isla
Laguna de la Isla
Laguna de la Isla
Laguna de la Isla
Mery y Pepe en la Laguna de la Isla
Vistas desde la Laguna de la Isla

Tras haber descansado durante unos 20 minutos, deleitado con las vistas de todo el bosque de Muniellos y comido parte de un bocadillo tocó bajar de nuevo hacia el río. Eran las 12:00 aproximadamente cuando mis pies se pusieron en marcha.

A la vuelta tocó disfrutar realmente de la ruta, sin apenas sufrimiento y tomándome todo el tiempo del mundo para realizar fotografías. A la ida no utilicé el trípode, que había llevado a cuestas todo el rato. Fue volviendo cuando sí le di uso.

Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Río Narcea
Otoño en el río Narcea
Otoño en el río Narcea
Otoño en el río Narcea
¿Encontráis a Mery y Pepe?
Otoño en el río Narcea

Tres horas después de mi partida desde la Laguna de la Isla, llegué de nuevo al Centro de Recepción de Visitantes. Allí me estaba esperando Romeo, un lindo gatito que no paraba de reclamar comida. Por supuesto, le di un trozo del bocadillo que me comí antes de dirigirme hacia Cangas del Narcea.

Romeo
Romeo
Centro de Recepción de Visitantes de Muniellos

Pregunté a la mujer que si podía firmar en el libro de visitas, pero me dijo que ya no lo tenían. Una verdadera pena porque quería estampar una vez más mis impresiones del bosque de Muniellos. Por tanto, lo dejaré aquí (extendiéndome más que si lo hiciera en el libro de visitas):

En el año 2014 dije que volvería y he cumplido mi promesa ocho años después. Me he quitado la espina que tenía clavada por no haber logrado subir a la laguna. La paz y armonía que se respira dentro del bosque de Muniellos no la he conocido en ningún sitio. No se escucha nada de industrialización, ni maquinarias, ni coches. Tan solo se oye el cantar de los pájaros, el sonido del río al bajar o de las hojas caer. Muniellos, sencillamente, te atrapa en su bosque.

Os diré que para mí era todo un reto personal subir a la laguna no solo por quitarme la espina clavada desde ocho años atrás. Era una prueba para ver si, en el futuro, iba a poder aguantar una ruta que tengo pendiente en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Se trata de la Senda de los Cazadores, teniendo un desnivel de 650 metros en tan solo 2 kilómetros. La subida a la Laguna de la Isla de Muniellos consta de un desnivel de 700 metros en 7 kilómetros. Por tanto, si no aguantaba esta subida, claramente, no voy a poder aguantar la subida por la Senda de los Cazadores.

Por último, animo a todo el mundo amante de la naturaleza que visite el bosque de Muniellos. Soy consciente de que acceder es un tanto complicado, pues tan solo se permite la entrada a 20 personas por día. Las reservas se agotan con muchos meses de antelación, de hecho, cuando yo reservé la entrada el día 2 de enero para el día 13 de noviembre tan solo quedaba una plaza libre para ese día. Para otros días siguientes sí quedaban bastantes plazas. Si tenéis claro qué día queréis visitarlo, sin duda, reservad cuanto antes para no quedaros fuera.

El alojamiento donde me quedé en Cangas del Narcea fue el Hotel La Casilla. Me sorprendió gratamente que el dueño me dijera si ya había estado allí porque le sonaba mi cara. Efectivamente, fue el mismo hotel en el que me quedé en noviembre de 2014. Repetí los gambones a la plancha que tan buen sabor me dejaron en mi primera estancia.

Gambones a la plancha en el Hotel La Casilla

Al día siguiente tocaría inspeccionar con el coche la zona. Quizá, ese día hiciera las fotos más bonitas de todas las vacaciones por Asturias. Y es que no es necesario pegarse una paliza andando para encontrar sitios que te dejan con la boca abierta. Tan solo hay que saber a quién dirigirse.

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