Si bien el domingo amanecí con unas agujetas en las piernas bastante considerables, el lunes la cosa fue a peor. A pesar de haber seguido los consejos los dos días anteriores (estirar antes y después de las rutas; ducha de agua fría en las piernas durante dos minutos), no fue suficiente para que el dolor en las piernas desapareciera. El intento de subida al Mirador de la Pica Ten el día anterior contribuyó a que la cosa fuera a más. No obstante, no fue motivo para quedarme en el hotel descansando.
En la agenda estaba programada la ruta a la Cascada’L Tabayón del Mongallu, un paseo entre hayedos hasta llegar a la mencionada cascada. Parte desde la pequeña población de Tarna, también dentro del Parque Natural de Redes.
Nada más bajarme del coche, una amiguita vino hacia mí para darme la bienvenida. Lo primero que hizo fue tumbarse en el suelo, poner las patas para arriba y así acariciarle la barriga.

En total, se recorren aproximadamente 4 kilómetros hasta llegar a una especie de mirador donde obtener buenas panorámicas de la cascada. El primer kilómetro, en condiciones normales, sin agujetas ni dolores en las piernas, se debe hacer sin apenas dificultad, sin embargo, en mi caso fui a paso tortuga debido a que cada vez que ponía una pierna por delante me dolían los gemelos y los cuádriceps.

Cada dolor sentido se compensaba con el paisaje que iba observando. Paré a hacer muchas fotografías y a maravillarme con los colores que esos momentos lucía el hayedo por el que caminaba.


Aunque al principio de la ruta aún estaban las hojas un poco verdes, según ganaba altura empezaba la mezcla de tonos amarillos y marrones.




Llega un momento donde hay una bifurcación. Un camino lleva Al Llanu del Toru, lugar donde encuentras un par de robles de considerable tamaño; y otro camino lleva hasta la cascada. Yo decidí continuar hacia mi principal objetivo del día y a la vuelta tomaría la decisión de si subir por el camino.

El paseo entre las hayas sigue siendo todo un espectáculo. A partir de aquí es cuando más disfruto con la enorme variedad de colores que nos brinda la naturaleza.





Un pequeño riachuelo cruza el camino. Y ese es el momento de dar uso al trípode para hacer el efecto seda. Lo llevaba a cuestas durante todo el paseo, pero aún no lo había dado uso.





Antes de comenzar la bajada hacia la cascada se puede parar a descansar en una mesa. Yo lo hice a la vuelta y me comí el bocadillo que guardaba en la mochila.


Los últimos metros hasta el objetivo final son en bajada y se hacen muy llevaderos.



Sin esperarlo y sin apenas darte cuenta tienes enfrente de ti la cascada. Llevaba muy poca agua, no obstante, las fotos de rigor se las llevó.


Si siguiéramos las indicaciones del cartel del inicio se puede continuar en bajada realizando una ruta circular. En total, serían 11 kilómetros. En mi caso, decidí volver por donde había ido. En esos momentos hacía un viento horrible, que casi me tumba el trípode mientras hacía las fotos a la cascada. Como también he comentado, llevaba cierto cansancio en las piernas y no quería caminar mucho más. Por tanto, me di media vuelta y volví sobre mis pasos. Tampoco subí finalmente Al Llano del Toru. Esto es una cuenta pendiente que me dejo en el tintero para así tener una excusa y volver en el futuro.
A la vuelta hacia Campo de Caso me paré en Bezanes para tomarme una cerveza. El lugar elegido fue el Bar La Bolera. Mi idea era haber comido en el Restaurante Cima de Redes, que está justo al lado, pero ese día cerraban por descanso. La mujer del bar me recomendó ir hasta el Restaurante Cueva Deboyu; tenían menú del día que ponen a diario en su cuenta de Instagram. Me convenció y allí me presenté. No solo lo hice a mediodía sino también para la cena. Tan solo decir que la comida es casera y está riquísima. Además, el personal que te atiende es muy simpático. A mediodía comí de primero un enorme plato de spaggetis con carne picada y de segundo, pollo asado con patatas (no le hice foto).
Sin embargo, sí os dejo unas fotos para que veáis la buena pinta que tenía la cena: unas patatas fritas con varias salsas y unas croquetas caseras.



Sin más, esta fue la aventura por el Parque Natural de Redes. Una ruta sencilla, bonita y apta para edades de todo tipo. Sin duda, los niños la disfrutarán.