El miércoles 3 de noviembre amaneció con algo de lluvia, pero no fue motivo suficiente para quedarme en el hotel. Tenía claro que ese día lo pasaría conociendo la Selva de Oza, que desde la localidad de Siresa se tarda menos de 15 minutos en llegar con el coche.
Después de un buen desayuno en el Hotel Castillo D’Acher, el coche se ponía en movimiento. Hice caso a los mensajes que me mandó mi cuerpo el día de antes durante la subida al Ibón de Piedrafita y me programé una ruta con el vehículo. La idea era ir parando en los sitios que me parecieran bonitos, tirar algunas fotos y volver a ponerme en movimiento.
Nada más adentrarme en la Selva de Oza pude ver los picos montañosos más altos con algo de nieve. En las faldas de las montañas aún permanecía el color otoñal y hacía una estampa preciosa. Cuando me fui de vacaciones jamás imaginé que iba a poder fotografiar al otoño e invierno juntos.








Al igual que todos los ríos del Pirineo con las primeras lluvias de la temporada, el río Aragón-Subordán corría también con fuerza.

En la zona del Campamento Ramiro el Monje coincidí con un matrimonio que me preguntó si sabía cómo llegar al inicio de la ruta del Valle de Aguas Tuertas. Les di indicaciones, pues yo tenía pensado ir dos días después y me había informado anteriormente desde dónde salía la ruta. Yo creía que había viajado desde lejos a Los Pirineos, pero ellos hicieron un viaje mucho más largo al venir de Gran Canaria. Casualidades de la vida, por la noche me los encontré cenando en el mismo hotel donde me alojaba y me estuvieron contando su aventura por este precioso valle.
Al tiempo que ellos subían hasta el valle, yo decidí visitar un monumento megalítico llamado Corona de Los Muertos. Desde el parquing donde parte la ruta se tarda en llegar 15 minutos como mucho.






Decidí subir también hasta el Parquing de Guarrinza, lugar desde donde parte la ruta hacia el Valle de Aguas Tuertas, y así inspeccionar la zona. Según iba subiendo empezó a caer aguanieve, que pasó a ser nieve del todo cuanto más iba ascendiendo. Hasta las vacas huían de ella. Al bajar del coche me di cuenta de que había acumulado una buena capa de nieve.



Allí también estaba otro matrimonio de Barcelona (él en manga corta ja, ja). Estuvimos hablando acerca de la ruta a Aguas Tuertas, pero al ver la nevada que estaba cayendo yo me bajé enseguida hacia las zonas más bajas de la Selva de Oza.




Como aún era muy temprano para volver al hotel, subí por la carretera que lleva hasta el Refugio de Gabardito. Por esta zona no caía nieve y aún se veía mucho color otoñal.






Los planes del día siguiente no pude llevarlos a cabo, por lo que volví a subir hacia la Selva de Oza. Desde Siresa se veían las montañas con más nieve que el día anterior, así que no dudé a la hora de salir a fotografiar de nuevo este increíble paraje.
No llegué hasta el Parquing de Guarrinza sino que me quedé justo donde se termina la carretera de alquitrán y empieza el camino de tierra. Allí me entretuve con unos amiguitos encontrados.






Y hasta aquí mi aventura de dos días por la Selva de Oza. Me dejó impresionado su belleza. Sinceramente, creía que lo había visto todo la semana anterior en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, sin embargo, la Selva de Oza no le tiene nada que envidiar. La única diferencia entre una y otro es que la primera es Parque Natural y el segundo es Parque Nacional.
Por último, os recomiendo alojaros en el Hotel Castillo D’ Acher. Es barato, tiene restaurante y nunca os quedaréis con hambre. Justo al contrario, os hartaréis a comer a buen precio y todo es comida casera. No os miento cuando digo que hubo días que me costó subir los veinte escalones hacia la primera planta de tanto que había comido.