El lunes, día 1 de noviembre, me despedía del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido para poner rumbo a otra zona de Los Pirineos. Por delante tenía casi una semana en el Parque Natural de los Valles Occidentales.
En la agenda tenía apuntada la visita al pueblo de Hecho (Echo en el idioma aragonés) y luego darme un descanso el resto del día en el Hotel Castillo de Acher, en Siresa (pueblo a escasos kilómetros). La visita a Ansó estaba programada para otro día, aunque al ver que apenas tardé una hora en visitar el primero, decidí acercarme también a este otro bello pueblo y así matar dos pájaros de un tiro.
Hecho
La llegada a Hecho fue sobre las 11:00 y aparqué el coche en una pequeña plaza donde se encontraba una escultura del traje tradicional cheso, que es el traje tradicional del valle.

Las calles de Hecho estaban vacías y apenas se veía o escuchaba a gente. Fue una gozada pasear por ellas.





Fotografiando una de estas calles me pasó una anécdota. El silencio fue roto por los gemidos de una mujer. Venían de dentro de una casa rural y parece que se lo estaba pasando bien.
Seguí andando por el pueblo, incluso me tomé un café con un cruasán en un bar antes de retomar las visitas. A pesar de que había visto fotos del pueblo antes de presentarme allí, tengo que decir que me sorprendió bastante su belleza. Me encantan los pueblos que mantienen su arquitectura de casas de piedra.













En una de las calles me encontré un monumento de una bicicleta. Seguramente, con ella se echarían buenas piernas.


Y también otro monumento de hierro con forma de caballos.


Las últimas fotos del pueblo las hice en una fuente, donde mis dos pequeños aventureros posaron.



Ansó
A las 12:15 más o menos empecé a dar vueltas por este otro pueblo, perteneciente ya al Valle de Ansó. Tiene el premio de tratarse de uno de los pueblos más bonitos de España.

Los visitantes no tienen permitida la entrada con el coche al pueblo. Hay que dejarlo aparcado en un gran parquing público a las afueras. Andando tan solo se tardan 3 minutos en acceder a Ansó.




En Ansó me encontré con más gente por la calle que en Hecho, sin embargo, todo estaba bastante tranquilo. Quizá, en el puente sí hubo más concurrencia en ambos pueblos.





Las calles de Ansó también están empedradas.



En la plaza del ayuntamiento fue donde más gente había. En las terrazas de los bares tomaban algún refresco o café aquellos que estaban deseando que saliera un poquito de sol después de varios días sin parar de llover.


En cada calleja me encontraba con alguna casa que me llamaba la atención para fotografiar. Es una auténtica maravilla esta población.






A las 13:30 me acerqué hasta el Hostal Restaurante Kimboa para comer. El trato fue excelente, la comida de 10 y la simpatía de ambos camareros fue para enmarcar. Me recomendaron rutas para hacer por la zona, alternativas a la subida al Valle de Zuriza, que durante la semana la carretera principal de acceso iba a estar cortada debido a obras. Si paráis en Ansó, sin duda, os recomiendo comer en este restaurante.
Después de comer hice una última foto al pueblo en las cercanías del aparcamiento. Quedó precioso con el fondo otoñal.

En tan solo una mañana se pueden visitar ambos pueblos tomándotelo con mucha tranquilidad. Era algo que buscaba después de varios días sin apenas parar. Al día siguiente tocaría visitar el Valle de Tena e ir hasta Piedrafita de Jaca para acometer la ruta del Bosque del Betato y posterior subida al Ibón de Piedrafita.