El jueves 28 de octubre, después de haber pasado la mañana en el Cañón de Añisclo, mi coche ponía rumbo a Torla por la carretera que une las localidades de Fanlo y Sarvisé. Se trata de una carretera de subida hasta que llegas al primero de ellos. Luego, comienza a bajar hasta llegar a Sarvisé.
El paisaje mientras subía era bonito y se veía el monte con algunos tonos amarillos. Sin embargo, la vida me tenía preparada una grata sorpresa al llegar hasta el punto más alto, lugar donde se ubica el pequeño pueblo de Fanlo.

Aparqué el coche y me bajé de él con la boca abierta. Ante mí tenía una brutalidad de tonos de colores. El monte se había vestido con su traje de gala para recibirme y así recompensarme por la mala fortuna que tuve días atrás con la fotografía del quebrantahuesos. El bosque en cuestión era el Bosque de la Pardina del Señor o Bosque del Señor de Fanlo.





Aquí coincidí con una chica, que me cayó fenomenal, cuyo objetivo era el mismo que el mío: llevarse un buen recuerdo plasmado en la fotografía. Estuvimos intercambiando opiniones acerca del paisaje que teníamos enfrente, comentándole que había visto infinidad de fotos por las redes sociales de este bosque, pero que cuando lo tienes enfrente es otro mundo distinto. Estaba completamente convencido de que se trataba tan solo de una pequeña porción de monte el que tomaba estos colores ocres durante el otoño, sin embargo, la realidad es que son decenas de hectáreas con un color otoñal precioso.
Juntos comenzamos a subir hacia el pueblo de Fanlo, pues yo había dejado el coche aparcado en las inmediaciones y ella quería dar una vuelta por el pueblo. Estuve buscando algún sitio para comer, aunque no hubo fortuna. Por tanto, comencé a fotografiar el pueblo, el cual tiene cierto encanto.















El rato que estuve en el pueblo sirvió para que se dieran las condiciones que tanto a mí me gustan durante el otoño: el sol se escondió, dejando una luz preciosa para seguir fotografiando el Bosque de la Pardina del Señor.
Volví al coche y comencé a bajar por la carretera hasta Sarvisé. Perdí la cuenta de las paradas que hice en los distintos apartaderos donde poder dejar el coche. Cada 50 metros veía un encuadre distinto y aparcaba el coche. Aquí también coincidí con otro hombre de Navarra. Al igual que yo (y al igual que la chica a la que perdí el rastro), captaba con su cámara el increíble paisaje que teníamos delante. Pasamos un buen rato charlando, hablando de fotografía, de otoño, de Los Pirineos e incluso de que él se alojaba en el mismo hotel de Torla en el que me iba a alojar yo.
Mery y Pepe me echaron la bronca por no haberlos tirado una foto ante semejante paisaje. Tenían toda la razón. Ellos también se merecían vivir el encanto de este bosque.





Lo dicho, cuando tienes delante este pedazo de bosque, no te cansas de fotografiarlo una y otra vez. Das un paso a un lado y tiras la foto, das otro paso adelante y tiras otra foto. Así, sin cansarte de contemplar tal belleza.









Y cuando al fin ya me decidí a seguir mi marcha hacia Torla, según bajaba hacia Sarvisé, mi coche automáticamente se lanzó a un apartadero en una curva. Creía que ya lo había visto todo en el Bosque de la Pardina del Señor, sin embargo, la suerte seguía ahí latente al darme la oportunidad de seguir captando el otoño en pleno auge.
Aquí también paró un matrimonio. Él portaba una cámara en las manos igualmente (como veis, fuimos varios fotógrafos los que estuvimos por la zona) y me dijo que a partir de ahí ya no se trataba del Bosque de la Pardina del Señor sino que pertenecía a territorio de Sarvisé. Por contra, he visto por las redes sociales fotos tiradas desde este mismo punto y dicen que sigue siendo el Bosque de la Pardina del Señor. Luego, me informé y se trata del Barranco del Chate: el punto más fotografiado de la carretera entre Fanlo y Sarvisé.








Hasta aquí la narración de mis primeras emociones fuertes en el Pirineo Aragonés. Al llegar a Torla me dije a mí mismo la siguiente frase: «lo que venga en los próximos días, bienvenido sea. Aunque ya he encontrado el otoño que venía buscando y me doy por satisfecho».
En ese momento no sabía que al día siguiente vendrían las lluvias y dejarían paisajes de cuento, viniendo con ellos más emociones fuertes en el Valle de Ordesa y en el Valle de Bujaruelo. Incluso, dos días después, volvería a Fanlo y Sarvisé para volver a fotografiar esta zona mientras caía la lluvia.
Para finalizar, animo a todo amante del otoño que visite al menos una vez en la vida el Bosque de la Pardina del Señor en esta época. Está considerado uno de los 10 mejores bosques de la Península para verlo en otoño. Y lo ponen a la altura de grandes bosques de Estados Unidos (como Yellowstone) o de Japón.