El día 27 de octubre, tras haber realizado la ruta a los Llanos de La Larri y a la Cascada del Cinca, me disponía a visitar otro de los valles que conforma el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Sobre las 15:15 aproximadamente salía mi coche del Parquing de Pineta y el GPS me marcaba una hora hasta la llegada al pueblo de Escuaín. He de decir que la carretera de subida a este pequeño pueblo, que está prácticamente abandonado (en 2020 vivían 3 personas), se las trae. Nunca había ido con el coche por una carretera tan sumamente estrecha. Por suerte, todos los conductores que circulábamos a esas horas éramos bastante prudentes y no hubo problema alguno a la hora de cruzarnos.
Antes de llegar al pueblo hice una primera parada para observar el paisaje que tenía ante mí. Según iba ascendiendo más y más, las vistas eran mejores.

Por esta zona el otoño se empezaba a asomar tímidamente, justo al contrario que en Pineta donde estaba en pleno auge.



A la llegada al aparcamiento del pueblo el monte lucía un bonito color otoñal.

Comencé a dar vueltas por el pueblo y hacer algunas fotografías. Había más gente por allí visitando la zona e intercambiamos opiniones acerca del otoño en este sector.




Desde el Centro de Visitantes de Escuaín parte una sencilla ruta circular por los miradores de Escuaín. Indica que se tarda unos 45 minutos, sin embargo, yo, con fotos incluidas, tardé unos 35 minutos en completarla. También hay que decir que iba a paso rápido porque me iba a quedar sin luz en poco rato.
La ruta no tiene desnivel alguno y se trata de un paseo. Hay varios miradores desde los cuales se ve el enorme abismo hacia la Garganta de Escuaín. No hay que temer, pues salvo que hagas el cabra no hay peligro de caída.








Y este fue mi primer día por el Pirineo Aragonés. A pesar de la pérdida en el Valle de Pineta por la mañana, me volví a Aínsa satisfecho con todo lo visto.
Al día siguiente tocaría abandonar esta preciosa villa medieval para poner rumbo a Torla, pueblo de entrada al Valle de Ordesa. Pero, antes de llegar a mi destino, haría una parada en el tercero de los valles que forma el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: el Cañón de Añisclo.