El martes 26 de octubre comenzaba mi estancia por el Pirineo Aragonés. La primera parada fue la villa medieval de Aínsa, uno de los pueblos más bonitos de España.
El día no pudo comenzar mejor en Solsona mientras desayunaba, pues de fondo se oía en la radio la voz de The Boss, de Bruce Springsteen, con su canción Born to run. Y cuando un día empieza con ese tema, no puede ir mal.
Sobre las 09:30 partía desde Solsona en dirección a Aínsa. Esta vez, en mi coche, tocaba cambiar de música, de artista musical y poner un CD de un grupo que hacía mucho tiempo que no ponía en el coche. Y es que cuando uno ponía rumbo a tierras aragonesas estaba medio obligado a escuchar al que quizá sea el mejor grupo de rock español: Héroes del Silencio. Con la guitarra del maño Juan Valdivia y la voz de su compatriota Enrique Bunbury me esperaban dos horas y media de viaje. Y, la verdad, no se me hizo nada largo.
La llegada fue sobre las 12:15 aproximadamente y fui directo al parquing municipal que está en los aledaños del casco histórico. Pagué 2,5 euros por tres horas de estancia y comencé a caminar hasta esta preciosa villa.
Lo primero que te encuentras es el castillo con su muralla.








Enseguida, me metí en la Plaza Mayor y comencé a inspeccionar el casco histórico. El día estaba muy soleado y a estas horas el contraste entre luces y sombras era brutal, por lo que tuve que ingeniármelas para intentar componer medio en condiciones. Y aún así, los resultados no me convencieron nada de nada. Suerte que posteriormente en el procesado de las fotos pude «arreglar» algunas.







Al sumergirme entre las estrechas calles empedradas de Aínsa no pude evitar compararlas con las del casco histórico de Cáceres. Aínsa es villa medieval y tiene el título de «uno de los pueblos más bonitos de España»; Cáceres tiene el casco histórico medieval mejor conservado de España.











Sin darte cuenta llegas hasta un mirador que da hacia la parte nueva del pueblo. Desde él se puede ver el río Cinca, que tristemente lleva poquísima agua.


Uno no se cansa de pasear por las maravillosas calles del casco histórico. Está poco concurrido y me gusta la tranquilidad que se respira.

















A la hora de comer elegí un restaurante de la plaza: Las Bodegas de Aínsa. Me convenció el menú que había y decidí entrar. Si paráis por aquí y está en la carta, os recomiendo comer el guiso de cordero al chilindrón. Estaba divino.

Por la noche volví a acercarme hasta el casco histórico para hacer algunas fotos nocturnas. Aunque los resultados tampoco me convencieron mucho (tengo que practicar más la fotografía nocturna), os dejo aquí las capturas que hice.















Hasta aquí mis aventuras por Aínsa el día que llegué a Los Pirineos. Al día siguiente tocaría comenzar la primera de las rutas senderistas programadas en el viaje: la ruta hacia los Llanos de La Larri y a la Cascada del Cinca.