Al fin, este día llegó. Un día que tenía marcado en la agenda desde hace casi un año. El momento de preparar la maleta con ropa para muchos días e irme de vacaciones.
Desde el mes de octubre de 2019, cuando hice el viaje a Croacia, no había vuelto a salir de vacaciones fuera de Extremadura. El problema es de sobra conocido: la pandemia.
Mi primera parada fue en el Hotel Gran Sol, ubicado en Solsona (provincia de Lleida). El día 24 de octubre me levanté a la misma hora que un día laboral, las 07:00 a.m., para bajar a desayunar antes de que me recogieran en la puerta del hotel. El objetivo de la mañana era entrar a un hide fotográfico para captar imágenes de los quebrantahuesos.
A las 08:00 a.m. el guía y yo partíamos desde el hotel. Poco a poco íbamos ascendiendo hasta la sierra y lo primero que me llamó la atención fue que allí amanece media hora antes que en Cáceres. Al igual que me di cuenta el día anterior por la tarde que también anochece media hora antes.
La llegada al hide fue sobre las 08:40. La verdad es que es muy confortable. Posee sillas de oficina para las largas esperas y una mesa bastante amplia con tres tornillos para poner directamente la rótula gimbal sin necesidad de utilizar el trípode, lo cual se agradece ya que ocupa demasiado espacio. Os dejo una foto, aunque está un poco oscura.

Dicho esto, los nervios estaban a flor de piel esperando la bajada de algún ejemplar de quebrantahuesos, aunque sabía que primero bajarían los buitres leonados. Es más, estaban esperando en los árboles a que se fuera el guía para lanzarse a comer la carne. Aún no se había montado en el coche y algunos ya disfrutaban del festín.
El más astuto de la clase fue un zorro que merodeaba por la zona. Cogió su porción de comida y se marchó lejos para que nadie se la robara.

Mientras tanto, cada vez se unían más y más buitres. Aproveché para captarlos en vuelo, pues tengo muchas fotos de poses de los buitres leonados tiradas en el Parque Nacional de Monfragüe.



En el suelo también me dieron poses bonitas. Incluso varios se tumbaron a reposar la comida después del atracón.






No solo los buitres me proporcionaron buenas tomas. Los cuervos que rondaban alrededor también fueron objeto de mi cámara. Hasta ese día tan solo tenía fotos de cuervos a cierta distancia. Esa mañana, incluso, se me posó uno a escaso metro y medio, consiguiendo un primer plano brutal.





Sobre las 11:00 a.m. aproximadamente se marcharon todos los buitres y cuervos. Muy a lo lejos vi el vuelo del quebrantahuesos, aunque la captura realizada fue malísima.

Durante unos 20 minutos estuvo merodeando la zona, pero sin llegar a bajar. Luego, desapareció. Mi intuición me dijo que volvería más tarde, por lo que me entretuve fotografiando a pequeños paseriformes que saltaban por allí. Una pareja de lavanderas blancas pasaron a ser las protagonistas.



Y también una hembra de colirrojo tizón que, según me dijo el guía, esta especie estaba empezando la migración.

El día lo terminé muy desanimado, pues eran las 16:00 y no había rastro de los quebrantahuesos. Al final, cuando estás a expensas de fotografiar aves en la naturaleza sabes que hay un riesgo de que no logres tu objetivo, tal y como me pasó a mí. No obstante, al día siguiente probaría suerte de nuevo y volvería a entrar al hide. Por cierto, en el Prepirineo catalán ya se notaban los colores del otoño. ¿Sería esto un buen augurio de lo que me esperaba en los próximos días?

Esa noche cené en la hamburguesería Gran Sol, que forma parte del hotel. Aunque no os alojéis allí podéis cenar sin ningún problema. En caso de que alguien se anime a hacerlo, os recomiendo probar la hamburguesa con setas de la zona. Está riquísima. Os dejo con una foto para que veáis la pinta que tenía.

*Segundo intento
El lunes 25 de octubre volví al hide para intentar captar por segunda vez a los quebrantahuesos. La hora acordada fue la misma que la del día anterior, por lo que a las 08:30 más o menos ya estaba metido en el hide preparado para disparar con la cámara a todo bicho que se pusiera delante.
Muy a mi pesar, tampoco fue el día y me quedé sin ocasiones para intentarlo otra vez, pues el martes partiría hacia otro destino vacacional que está a dos horas y media de Solsona. Tenía mucha ilusión por captar a esta bella ave, pero, como dije el día de antes, nunca puedes asegurar al 100% el comportamiento de los animales y son bastante impredecibles. En el futuro, si vuelvo a esta zona, lo intentaré de nuevo. Ya sabéis el dicho: a la tercera va la vencida.
A pesar del desánimo por no lograr al ave fijada, no puedo quejarme en absoluto con lo que conseguí con el resto de necrófagas que sí bajaron al hide estos dos días. El lunes me centré únicamente en poses de buitres y en componer alguna toma bonita. Por la tarde, incluso, pasó por allí el zorro de nuevo y conseguí también fotografías que me gustaron mucho. Os dejo con las instantáneas conseguidas.


















Esa noche cambiaría el lugar donde cenar. Me acerqué hasta el Hotel Restaurante Crisami, a escasos metros del Hotel Gran Sol (se puede ir andando). Tenían comida tradicional y fue lo que me animó a ir. Probé una sopa muy rica y unos mejillones al vapor. Como una imagen vale más que mil palabras, ahí van las mías.


En los próximos días seguiré colgando fotografías de una temática totalmente distinta. ¿Queréis un par de pistas? Ahí van: Ordesa, otoño.