Ayer por la tarde, tras terminar de trabajar, tenía la duda de si ir a nadar un rato a la piscina climatizada o acercarme hasta el Parque Natural de Cornalvo y así visitar El Berrocal del Rugidero. Finalmente, me decidí por lo segundo.
Hace un mes, cuando hicimos la ruta por el embalse de Cornalvo, estuvimos a las puertas de este entorno, sin embargo, no nos adentramos en él. Por entonces me dije a mí mismo que tenía que visitarlo antes de que el agua empezara a escasear, pues El Rugidero toma ese nombre debido al ruido que hace el agua al pasar entre las rocas y oquedades.
En las cercanías existe un aparcamiento en el que poder dejar el coche, aunque es bastante pequeño y los fines de semana apenas se puede aparcar. Existe un merendero un poco más retirado donde ahí no hay problemas para dejar el vehículo, solo que hay que andar un tramo por la carretera y luego ir hacia el paraje del berrocal. No obstante, andando se tardará unos cinco minutos.
Tuve la suerte de que, al ser jueves, pude aparcar en el aparcamiento del Rugidero. Subí la pequeña cuesta hasta la entrada del berrocal. Por delante, me quedaba un kilómetro y medio aproximadamente hasta llegar al final de la ruta.

Lo primero que me encontré es el arroyo del Muelas, que ahora lleva bastante agua al estar el embalse con el mismo nombre con bastante capacidad. Me entretuve haciendo algunas fotos.





La ruta no tiene pérdida. Está señalizada en todo momento con postes de madera y una marca amarilla. No obstante, aunque no hubiera postes de madera, si sigues el camino trazado entre las retamas te lleva hasta el final.
El campo está ahora precioso con la llegada de la primavera. Al tener un otoño e invierno bastante lluvioso ahora luce verde y las retamas tienen sus típicas flores amarillas.






De no haber sido porque me entretuve mucho haciendo fotos habría llegado al final de la ruta en apenas quince minutos. Hay que tener mucho cuidado a la hora de acceder, pues un pequeño resbalón puede ser causa de caer al agua (con mucha suerte) o caer por las rocas y despedirte.

Os dejo con un vídeo que grabé. Seguramente, hace un par de meses el sonido era más fuerte.
Justo por debajo de las rocas se ve el agua. Se puede acceder fácilmente bordeándolas.


Ahora solo queda iniciar el camino de vuelta. Mery y Pepe quieren su habitual protagonismo en cada salida que hacen.

Aunque no tardan mucho en volver a esconderse en la mochila al ver a una especie animal que les da mucho miedo.


Después de intercambiar opiniones con dos matrimonios, que pasaban la tarde en las cercanías del aparcamiento, acerca de qué tipo de culebra es (lo desconozco), decidí acercarme hasta el embalse del Muelas, pues en coche se tarda unos cinco minutos.
Nada más llegar, una preciosa tarabilla me esperaba subida en unas ramas.

Desde el mirador se ve el agua cubierto de ranúnculos. Y, al fondo, un grupo de ocho espátulas. Pronto, espero poder fotografiarlas desde más cerca.

Inspeccionando la zona pude captar alguna garceta en vuelo, aunque reconozco que la foto es malísima, pues estaba muy lejos.

También cogí en vuelo a una espátula (ya te engancharé mejor je, je)

Cómo no, también a cigüeñas blancas.

Y, por último, a las aves estrella de ayer: una pareja de moritos comunes que merodeaban la zona. Esta especie hace parada en Cornalvo desde hace relativamente poco tiempo. A ver si hay suerte y más adelante puedo tomar fotos desde más cerca.


Y esta fue mi aprovechada tarde del día 25/03/2021. Hace exactamente un año habría sido imposible esta salida, pues el mundo entero estaba desconcertado ante el covid19 y los confinamientos estrictos. Ahora, a pesar de las restricciones de movilidad y medidas impuestas, al menos podemos salir al campo a despejarnos y disfrutar de la naturaleza en estado puro durante la primavera.
Sin más, espero que os haya gustado la entrada.
Hasta otra aventura, turistas.
