A principios de semana me dijeron que los habitantes de Mérida podíamos ir al embalse de Proserpina, que al estar dentro del término municipal de la capital de Extremadura nos podíamos mover libremente. Ante la duda, llamé a la Guardia Civil del puesto de Mérida para que me lo confirmaran y la respuesta fue afirmativa, diciéndome que el cierre perimetral afecta a los términos municipales, no limitándose al perímetro de la ciudad o población.
Dicho esto, esta mañana, con la cámara en la mano, me disponía a presentarme en las inmediaciones del embalse para pasar el rato. Al contrario de otras veces, donde siempre he dejado el coche tirado en el aparcamiento que está al lado del muro de la presa, esta vez he ido en dirección a los chalets de los alrededores. He dejado el vehículo aparcado en una de las calles y nada más bajar he visto a lo lejos, en la orilla del embalse, un grupo numeroso de patos. Ese era mi objetivo cuando he partido desde casa, sabiendo por una amiga que están acostumbrados a la presencia de la gente, puesto que los dan de comer y apenas se asustan.
Según me iba acercando a la orilla, los animalitos han echado a nadar, huyendo de mi presencia y dejándome con cara de bobo al pensar que quizás me habían engañado acerca de lo mansos que eran. La solución estaba bien clara. Volver a subir hacia el camino y fotografiarlos desde allí, que al estar algo retirado no se iban a asustar. Esta vez sí ha surtido efecto y los ánades reales se han portado muy bien.





Pero los ánades no son los únicos habitantes que podemos encontrar en Proserpina. Los gorriones comunes se están preparando ya para anidar; he visto algunos con paja en el pico, aunque no he podido captarlos con la cámara.


De nuevo los patos se han vuelto a la otra orilla, al sitio donde inicialmente he intentado fotografiarlos, por lo que he decidido ir detrás de ellos, pero esta vez poniéndome a una distancia prudente para no molestarlos. Estando allí se me ha posado a bastante distancia una abubilla durante cinco segundos aproximadamente. Lo suficiente para traerme a casa mi primera foto de esta especie (espero que lleguen muchas más).

Estaba revisando algunas fotos tiradas durante el rato que llevaba allí cuando ha llegado un hombre con una bolsa de pan. Enseguida, todos los ánades y tres patos reales de cabeza roja se han presentado para comer, sin miedo alguno. Ese era el truco: llevar comida. Aquí es cuando más he disfrutado de las fotos, pues me he acercado a la orilla y, ahora sí, los tenía a escasos tres o cuatro metros.






Los patos reales también están comenzando la época de celo. Así lo indica la siguiente fotografía, en la que han buscado un poquito de intimidad para acometer el acto sexual.

Dejémoslos tranquilos y volvamos con los ánades, que siguen por allí buscando el pan.






Y las lavanderas blancas también han bajado para comer restos de pan. También es la primera vez que fotografío a un ave de esta especie.


El reloj aún marcaba las 11:15 cuando he decidido ir con el coche hasta el muro de la presa. Ha sido imposible encontrar aparcamiento, pues, como yo, una gran mayoría de gente ha decidido pasar el domingo en el embalse de Proserpina. Al menos he encontrado un hueco en las cercanías.
Aquí los protagonistas han sido un grupo de gatitos que merodean la zona. Tienen un porte y un pelaje envidiable por muchos gatos callejeros. Paseando por allí he visto que los dan de comer pienso compuesto, de ahí su buena figura. Algunos se han portado fenomenal y han posado para la foto.











Hasta aquí mi mañana por el embalse de Proserpina. Visto que el tema del cierre perimetral en todos los municipios de Extremadura va para largo (y que no pongan medidas más duras), es bastante probable que decida volver cualquier otro día y así desconectar de la rutina.
Sin más que añadir, un saludo y hasta otra aventura, turistas.
