El tercer día de nuestra visita a Croacia nos levantamos muy temprano dispuestos a desayunar pronto y así poner rumbo al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. Mientras lo hacíamos, escuchamos por primera vez el idioma español en tierras croatas, pues a nuestro lado desayunaba también otra pareja de españoles. Estuvimos intercambiando impresiones. Ellos habían visitado el día anterior los lagos y nosotros las cataratas.
Con todo el equipaje en el coche, tras haber pasado solo una noche en las inmediaciones del Parque Nacional de Krka, nos montábamos con la ilusión de ver, al fin, el Patrimonio de la Humanidad. Pronto, los planes se joderían. Primeramente, encontramos un gran atasco a la hora de coger el peaje. El GPS nos indicó una retención de 5 minutos, los cuales se convirtieron finalmente en 45 minutos. No obstante, una vez cogida la autovía aún estábamos a tiempo de llegar a los lagos en buena hora y así disfrutar de sus paisajes. Pero nos encontramos con otro contratiempo peor. Apenas 5 minutos después de coger la autovía, justo cuando el GPS nos indicó que debíamos entrar en un ramal vimos que estaba cortado y era imposible. Por la tarde nos enteramos que debido a la gran tormenta de la noche anterior había desprendimientos en la carretera, de ahí que la cortaran.
Quizá solo era un pequeño tramo y más adelante podíamos volver a la autovía, pero como desconocíamos la carretera preferimos dar toda la vuelta por la costa. En conclusión, llegamos a las inmediaciones de los lagos sobre las 14:00.
En nuestros planes iniciales estaban visitar el jueves los Lagos de Plitvice, hacer noche en las cercanías y al día siguiente visitar un pequeño pueblo ubicado a unos 30 kilómetros de Plitvice. Ese pueblo es Slunj-Rastoke y las fotografías vistas por internet antes de nuestra visita pintaban muy bien, pues lo llaman El pequeño Plitvice.
Debido a las horas que eran lo primero que hicimos fue comer en un restaurante a pie de carretera. Se trata del Restaurante Feniks, se come bien y a buen precio. Tan solo digo que el aparcamiento estaba lleno de camiones, así que la comida no puede ser de mala calidad.
En la información vista por la red leímos comentarios de gente que decía que en una hora has visto el pueblo. Al igual que os dije en la entrada de las cataratas de Krka, os digo que ese es el tiempo que tardas si no te paras a observar el paisaje, a hacer fotos, a tomarte algo tranquilamente en el bar a pie del río. Nuestra visita duró unas tres horas y el tiempo se nos pasó volando.
Sin enrollarme más, os voy poniendo algunas fotos del lugar. Indicaros que la entrada es libre y tan solo hay que pagar el parquing de las inmediaciones (es de lo poco que no me ha gustado de Croacia. Que para cualquier visita que hagas hay poco aparcamiento y no te queda otra que pagar zona azul o parquing privado), pero no os preocupéis que no es caro.
Nada más bajar del coche te quedas con la boca abierta por el lindo paisaje que tienes enfrente. Desde un mirador ves la cascada principal repleta de agua, cómo esta se mete por debajo de las casas, el verde de los árboles e incluso algunos con la hoja ya amarilla, señal de que estamos ya en otoño.








Por supuesto, Mery y Pepe quieren también su foto. Se ponen a meditar ante tal paisaje de cuento.

Para entrar en el pueblo hay que cruzar el puente de la carretera y bajar por otros accesos. Enseguida, nos ponemos en marcha. A pesar del paisaje ya visto, aún no habíamos experimentado la sensación de pasear entre las casas, el encanto que tienen, el olor a comida a la brasa, los paisajes igualmente de cuento encontrados. ¿No me creéis? Acompañadme en las siguientes fotos.







Seguimos caminando hasta el final del pueblo hasta que se terminan las casas. Los saltos de agua se suceden una y otra vez, alegrándonos la vista. Nuestro asombro sigue en aumento.





Decidimos darnos la vuelta y parar en un bar con unas vistas impresionantes. Creo que nunca me he tomado un refresco viviendo ese momento de paz, escuchando el ruido constante de la naturaleza, oliendo la comida cocinada en el bar. Sencillamente, es un momento para el recuerdo.













En contra de nuestra voluntad, tenemos que irnos. Empieza a oscurecer, pues a las 18:30 se va el sol por completo. Ese día sería incluso antes debido a que estuvo nublado toda la tarde (ya lo habréis visto en las fotos). Aún haría una última foto por los alrededores del pueblo. Según vi el encuadre me dije que podría valer perfectamente para un cuadro en el salón de tu casa.

Después de volver a cruzar el puente en busca del coche hacemos las últimas fotografías a la gran cascada. Bien merece la pena llevarse un buen recuerdo de este lugar.









El cambio de planes inesperado no fue tan traumático como parecía. Disfrutamos de Slunj-Rastoke tanto como con las visitas en días anteriores. Es más, os voy a confesar una cosa. De todos los lugares visitados en Croacia, sin duda, el que más me fascinó fue Slunj-Rastoke, por encima de las cataratas de Krka o los Lagos de Plitvice. No desprecio ni mucho menos a estos, pero creo que la razón por la que me fascinó más Slunj-Rastoke es porque por internet hay muchísima información de los dos parques nacionales, sabiendo en todo momento lo que te vas a encontrar, sin embargo, es poca la gente que sabe que a unos 20 minutos de los Lagos de Plitvice existe este encantador pueblo. Y cuando llegas y lo descubres te deja maravillado.
Aquella noche la pasaríamos en Villa Prica, una preciosa casa ubicada en los alrededores de Plitvice. El camino hasta ella fue toda una odisea, entre carreteras estrechas, llenas de curvas, cerradas en ocasiones por los árboles y totalmente oscuro. Vamos, que si se nos aparece la chica de la curva no nos hubiera extrañado. Es más, no fue una chica, pero a mitad de camino nos encontramos andando por la carretera a un chaval en pantalón corto, con chanclas y hablando por teléfono. La verdad es que para haber estado tan pocos días en Croacia tenemos anécdotas para aburrir. Algunas se pueden contar. Otras no. Pero todas tienen algo en común: nos provocaron muchas risas.