El pasado lunes, día 30 de septiembre, comenzaron unas emocionantes vacaciones de seis días en Croacia, lugar donde quería ir desde el año 2013.
Antes de comenzar a narrar todo he de decir que era la primera vez que iba a montar en avión. A pesar de que en un principio creía que iba a estar nervioso cuando despegara, lejos de la realidad estuve muy tranquilo a la hora de que comenzara a coger altura. La experiencia fue gratificante. Desde las alturas veía todo cuanto pasaba y mi sensación era que nos movíamos muy lento, pero en el avión de ida a Zúrich (hicimos escala allí) los pasajeros teníamos un GPS a la altura del aire acondicionado donde nos indicaba por dónde íbamos y la velocidad a la que iba el aparato. Me quedó muy claro que sí nos movíamos a gran velocidad cuando en media hora estábamos cruzando Los Pirineos y marcaba los 860 km/h.
Dicho esto, llegamos a Split sobre las 17:30 y enseguida nos encaminamos hacia Carwiz, la empresa de alquiler del coche que habíamos contratado. Nos entregaron un Opel Astra con apenas 5.600 kilómetros y no hemos podido estar más contentos con él. Ha cumplido sobradamente con nuestras espectativas.
Después de un gran recibimiento en el Hotel Bel Residence (totalmente recomendable por la simpatía del personal, limpieza, confort y desayunos en una terraza) y de una buena ducha decidimos ir caminando hacia el casco histórico, a unos 20 minutos andando, ubicado en las cercanías del puerto marítimo.
Nuestra primera acción en Croacia, cómo no, fue tomarnos una pivo (cerveza en croata) en un local llamado St-Riva. La razón por la que elegimos este bar es porque nos llamó la atención la música, pues es una auténtica gozada tomarte una cerveza con vistas al mar y escuchando canciones míticas como Sultans of swing (Dire Straits), We will rock you (Queen), Stairway to the heaven (Led Zepellin) o Another brick in the wall (Pink Floyd).
Después de esto fuimos a cenar al Hotel Restaurante Adriana, no muy lejano del anterior. En mi caso pedí una sopa de ternera para aliviar mi garganta, pues estaba constipado y me vino fenomenal. De segundo plato elegí una ensalada césar. Todo estaba muy rico.

Como el lugar y la calidad de la comida nos gustó, repetimos cena el último día de nuestra estancia en Croacia. Os subiré también una foto del salmón y el calamar que cenamos para que veáis la buena pinta que tenían.

Antes de volvernos al hotel para dormir nos dimos una vuelta por los alrededores del Palacio de Diocleciano, uno de los lugares más famosos de Split. Nos llamó la atención la cantidad de gente que estaba sentada escuchando cómo un hombre tocaba una guitarra, algunos incluso se atrevían a salir a bailar.
No nos entretuvimos mucho, pues al día siguiente teníamos que levantarnos temprano para visitar la Isla de Brac y seguir conociendo Split. Debido a que no nos dio tiempo a coger el ferry de las nueve para llevarnos hasta la isla, retrasando su partida hasta las 11, nos dimos una vuelta rápida por las calles del casco histórico; siendo conscientes de que nos hemos quedado muchas cosas sin ver, pero no puede ser todo en tan poco tiempo y en tan pocos días.



























Otra cosa que también nos llamó la atención fue el mercado diario que hay cercano al puerto, con multitud de puestos de recuerdos, souvenirs e incluso venta de mucha comida de uso diario como pueden ser cebollas, tomates, pimientos, ajos, etc.
Hasta aquí nuestra aventura por Split. A mediodía pudimos acceder finalmente a la Isla de Brac y visitar un par de pueblos. Ya os contaré la experiencia en otra ocasión.