Hace dos años cuando me volví de las Islas Cíes de Vigo lo hice diciendo que estaba completamente convencido en que había estado en el paraíso. Hoy he vuelto a él pero con un paisaje totalmente distinto. He cambiado la playa por la montaña.
La Reserva Integral de Muniellos es la principal razón por la que estoy de vacaciones en Asturias e hice la reserva el día 2 de enero. Al tratarse de una Reserva Mundial de la Biosfera tan solo se permite la entrada a 20 personas por día y una vez al año, es decir, una misma persona no puede entrar dos veces en el mismo año natural.
Desde entonces contaba los días para venir a Asturias, para ver su otoño, para entrar en Muniellos. La espera se me ha hecho larga pero ha merecido la pena ya que es un sitio que enamora a cualquier persona que le guste la naturaleza.
Mis pies se han puesto en marcha sobre las 09:15 tras haberme dado indicaciones la chica del centro. Mi objetivo era hacer la ruta corta, la que va a la orilla del río y que sube a las lagunas. La ruta larga, en esta estación, no se puede acometer debido a dos razones:
1-Es una ruta de 18 kilómetros, con bastante desnivel, y por lo tanto se tardan muchas horas. Teniendo en cuenta que el centro cierra a las 17:00 entonces no da tiempo a hacerla en el día.
2-La parte alta de la ruta discurre entre bastantes piedras, que ahora están muy mojadas y hay peligro de resbalo. Si además le unes que en estos momentos se encuentra nevada, el riesgo es mayor aún.
La ruta comienza en un sendero que está acondicionado para minusválidos y la vegetación te abraza mientras vas andando.





A pesar que aún está todo muy verde y que no se ve el color otoñal, de vez en cuando se ve algún haya con las hojas amarillas.



El agua fluye por todos sitios y es una gozada escucharlo. En toda la reserva tan solo se escucha el sonido del río y de algún pájaro.

Volvemos al camino que en todo momento está arropado por una alfombra roja.

Llego a una zona dónde hay un puente de madera y por donde no se puede pasar. Está prohibido el paso y la razón está clara: el puente no es muy estable que digamos. Pero hay alguien que desafía a la suerte y decide traspasarlo.


Después de estar andando 4 kilómetros en llano llega la ascensión. Son 2 kilómetros más hasta llegar al cruce de los tres caminos y el cual uno de ellos sube a la laguna. El paisaje sigue siendo digno de observar y hasta me encuentro setas.


Después de dos horas andando y una de ellas ascendiendo, en la que he tenido que hacer múltiples paradas para recuperar el oxígeno, decido que me doy la vuelta. La falta de entrenamiento durante meses y meses me ha pasado factura y no me veo ni física ni mentalmente preparado para subir otros dos kilómetros más hacia las lagunas. Es una decisión difícil porque mi ilusión era verlas pero no me queda más remedio. En estos momentos echo de menos a mi habitual compañero de aventuras por Extremadura porque si hubiera estado conmigo me habría animado a su manera. Diciéndome que soy un blando, que no valgo ya para nada y que estoy viejo. Ello hubiera supuesto que echara a andar de nuevo y con mucho esfuerzo habría llegado a mi objetivo final.
Como no ha sido el caso y como ya no estaba disfrutando con la ruta he tirado una foto a Mery y Pepe y he vuelto sobre mis pasos.



Más calmado y descansado he vuelto a disfrutar de la ruta. Tengo la teoría que si no disfrutas con algo lo mejor es deshacerte de ello. Y en mi caso la solución era rendirse y dejarlo para otra ocasión. Y por si no tenía ya suficientes motivos para volver en este momento le añado uno más.


Enseguida he vuelto a disfrutar de la ruta, de la fotografía y al encontrarme de nuevo con setas que he ignorado a la subida, he sacado el objetivo MACRO para fotografiarlas.



Y también vuelvo a disfrutar con las cascadas del Río Muniellos.


Los troncos rotos de los árboles y las hojas caídas también son objeto de mi cámara.





¿Os habéis dado cuenta que en ningún momento hay ni un solo tramo sin vegetación? Es abundante durante toda la ruta.



Y por fin llegué de nuevo al tramo que más me ha gustado. Aquí es dónde he podido disfrutar del colorido otoñal.



¿Os pensasteis antes que he sido yo quién desafió a la suerte cruzando el puente? Siempre tengo que estar con cuatro ojos observándoles porque se me pierden jeje.


Y más otoño…


El fin de la ruta está cerca y aprovecho para tirar las últimas fotos a Muniellos. El mágico día por esta reserva va llegando a su fin.







Al llegar de nuevo al centro de recepción sale a mi encuentro un amigo que se sienta delante de mí para que le dé algo de comer de mi bocadillo. Como amante de los animales y de los perros le guardo un último trozo ante el que el animalito se pone la mar de contento.

Entro al centro para avisar que ya he vuelto de mi ruta y allí dejo mi firma. Mi día se resume en lo siguiente:

Una última foto al centro antes de abandonar definitivamente Muniellos. Un placer y hasta pronto…

Analizo mi día en Muniellos y me quedo sin palabras con la belleza de sus paisajes. No quiero quedarme con la espina clavada de no haber logrado mi objetivo inicial de subir a las lagunas. Ello ha supuesto que a la vuelta haya disfrutado muchísimo con todo lo visto, lo sentido, lo olido, lo tocado, lo fotografiado y prefiero quedarme con eso. Como ya he dicho más arriba, tarde o temprano volveré a Muniellos y seguro que la próxima logro subir.
Por mi parte ya está todo dicho de Muniellos. Ahora os toca a vosotros analizar las fotografías y sus paisajes y opinar. Pero como siempre os digo no es lo mismo verlo en foto que en vivo y directo. Por lo tanto, sin ninguna duda, os recomiendo su visita.
Hasta mañana 😉 😉 😉
